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viernes 20 de junio de 2008

Para perezosos

Con la esperanza de cerrar de una vez por todas el tema de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal que atrae cosas y alarga títulos (bueno, la esperanza es honesta, pero no creo que el tema se cierre), vale la pena pegarle una leída a este guión resumido de la película [vía SF Signal].

Mirando algunos links de la misma página veo que también están los guiones de Transformers, Soy leyenda, Iron Man y otras. Me hicieron acordar de esta otra página, donde se pueden leer algunos clásicos de CF y fantasía resumidos (en el mismo sentido en que están "resumidas" las películas).

lunes 31 de marzo de 2008

¿Héroes?

Recién acabamos de ver la segunda temporada de Héroes, un triste bodrio de once capítulos que nos hace detestar la incurable torpeza de sus personajes. Cuando se quiere y espera (y por esperar semejante cosa empezamos a parecernos a ellos) que cambien y abran los ojos, salen con algo aún peor que lo que hicieron en el capítulo anterior, o en la escena anterior, o en el minuto anterior, sin el menor miedo a que se les note que no tienen carácter (lo cual es, de hecho, lo más heroico que hay en ellos).

Básicamente la temporada es un remake de la primera, o eso se puede pensar por el hecho de que se repiten los mismos temas (los hijos no deben pagar por los pecados de los padres) y los mismos parlamentos ("Los hijos no deben pagar por los pecados de los padres"). Muchos de los personajes nuevos (que no son tantos) saben tanto como nosotros por qué están allí, y muchos de los personajes viejos (más bien todos) parecieran no haber aprendido nada de lo que hicieron en el pasado. Como si el haitiano les hubiera borrado la memoria en masa. Podría incluso decirse que una gran falla de esta historia desde el principio, y con eso me refiero a la primera temporada, es que los mismos personajes no dejan de sorprenderse (o atormentarse, o confundirse, o etc.) ingenuamente de sus propias habilidades. Al final estamos deseando que Sylar se coma el cerebro de toditos.

El suspenso tampoco existe; de hecho, hay algunas revelaciones tan mal narradas que, a pesar de haberlas resuelto un capítulo o dos antes, todavía las presentan como si fuéramos a saltar de la silla.

La buena noticia es que los realizadores, habiendo abierto los ojos más o menos a tiempo (la verdad, a mitad de camino) se avergonzaron de lo que hacían y prefirieron que la temporada fuera más corta de lo normal, manipulando las cosas con la suficiente habilidad como para que la historia quedara exactamente en el mismo punto (o equivalente) al que estaba al final de la primera, como dándonos la oportunidad de obviar la nueva y decir: "Bueno, a lo mejor no pasó, sólo fue un mal rato. Así al menos le sigo dando un uso al VHS".

*

¡Cambio de silla!, dijo el Sombrerero.

Antes de Shrek (la película) estaba el Mundodisco. Ahora, después de Shrek (las películas), está El color de la magia (la película), una adaptación para televisión de las dos primeras novelas de la serie creada por Terry Pratchett (El color de la magia y La luz fantástica), que ya de tan larga merecería que se inventaran una palabra sólo para hablar de ella.

La película se estrenó el 23 de marzo en algún remoto canal de Inglaterra, que de no ser por las maravillas de la tecnología moderna pensaríamos que sólo es un chiste o una imaginación. Entre sus maravillas incluye al mismísimo Sam Gamyi como Dosflores, un Rincewind más viejo de lo que lo recuerdo (claro que leí los libros hace mucho, o sea que es natural), interpretado por la voz de Danger Mouse y el Conde Pátula (bueno, no la voz, la persona que tiene esa voz, quien al fin y al cabo puede ser cualquiera porque Danger Mouse y el Conde Pátula, como todos oímos, no hablaban inglés), el Equipaje con sus correspondientes pixeles y, por supuestísimo, Christopher Lee, que ha hecho más películas fantásticas de las que se pueden ver, como la voz de (a ver quién adivina) la Muerte, o mejor, LA MUERTE.

Ya hablaremos del asunto con más detalle, cuando tan maravillosa tecnología haga posible verla.

jueves 28 de febrero de 2008

El orfanato

Algunas películas parecen inmunes a las leyes de la física tal como se sufren en la superficie de este planeta. Lo primero que se percibe de ellas es el sonido (más bien ruido), un clamor que viene desde lejos, y luego nos llega la imagen; pero generalmente, cuando llega la imagen nos damos cuenta de que el ruido que la precedía era más bien el estruendo de una caída. Tal es el caso de Cloverfield, como ya vimos (nos hubiéramos comido un helado), y de El orfanato.

El hecho de que alguien se haya molestado en regalar la frase de "La película más aterradora del año" nos deja adivinando de cuál año habla y qué entiende esa persona por terror.

Laura (y digamos que Carlos, su esposo, como para no dañarles la sorpresa de que el personaje es prescindible (pero alguien tenía que manejar el carro)) llegan a una casa antigua, que hace muchos años fue el orfanato donde ella vivió hasta ser adoptada, con la intención de remodelarla y ponerla a funcionar como residencia para niños discapacitados. Con ellos viene su hijito Simón, un encantador McGuffin que recita sus líneas como si la noche anterior le hubieran puesto El sexto sentido para dormirlo y todavía corriera por ahí fascinado con la idea de ver gente muerta cuando grande. Por supuesto, comienza a coleccionar amigos imaginarios, o sea, a ver gente muerta, y después de una discusión con su mamá sobre las impertinencias del exceso de imaginación, desaparece.

A partir de allí Laura, convencida de que los amigos imaginarios de Simón tienen algo que ver con su desaparición, deshace la casa y alrededores (en sentido figurado y en sentido figurante), sin querer admitir que su hijo ya puede estar muerto, al tiempo que su relación con Carlos, que tenía que ser médico, se deteriora con la fatalidad que exige el encuentro entre la razón y lo irracional.

A lo largo de la película se acumulan terrores de toda especie: una enfermedad, un pasado oscuro, deformaciones, crueldad inocente y crueldad premeditada, persecuciones sin presa, merodeadores, malos extras, una médium aterrorizada y fantasmas acústicos. Por fortuna, la música nos anuncia compasivamente cuándo va a pasar algo terrible, lo cual además de terrible debe ser muy veloz porque a veces ni se alcanza a ver. Una Laura tan desesperada por la desaparición de su hijo que sale a quitarles las máscaras a todos (¡todos!) los niños de la fiesta que hay en su jardín, sin importar si son más grandes, pequeños, pelirrojos o niñas que Simón, y un grupo de policías que lo busca con linternas en los árboles y el suelo del mismo jardín con cualquier cara de estar esperando la voz de 'Corten' porque no hubo monedas entre el pasto, van acabando con la credulidad que uno estaba dispuesto a invertirle a la historia y olvidando todos esos terrores. Para cuando llega el final y se revelan las verdaderas intenciones de los fantasmas, la sorpresa que muy seguramente enorgullece a guionista y director porque allí está el giro que hace de su historia de casa embrujada con niño hipersensible y pasado tenebroso algo original, ya nos da igual enterarnos.

Calificación: Un esqueletico y medio.