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sábado, 4 de julio de 2009

En palabras de otros - Thomas M. Disch (3)

[Hoy se conmemora un año de la muerte de Thomas Disch.]
La ciencia ficción ha estado sometida a un mandato tácito según el cual sus autores deben crear una especie de futuro consensual, un mapa que conjugue aquello considerado como deseos comunes con aquello que se teme colectivamente. La visión de la generación Asimov-Heinlein era la de un universo risueño a la Buck Rogers, con sus viajes espaciales y una expansión económica infinita; un paisaje imaginario que reflejara los ideales socioeconómicos de los Estados Unidos entre 1948 y 1962.

El siguiente futuro consensual, el de la Nueva Ola, rayó con graffitis las edificaciones que había heredado. En El sueño de hierro, Norman Spinrad reimaginaba la obra de Heinlein a través de los ojos de Adolf Hitler. El temor a la bomba y el recelo hacia el Sistema estaban a la orden del día. Pero en cuanto a la tarea esencial de crear la visión o el estilo de un periodo —establecer imágenes como el cohete, el robot, la Ciudad Gótica de rascacielos art deco— la Nueva Ola tendría calificaciones cercanas a cero. La revista New Worlds, editada por Michael Moorcock, promovía una especie de arte pop compuesto por montajes de Carnaby Street con la afirmación de iconos pop ya existentes, como las señales de las autopistas y los empaques de productos. Pero el arte pop celebraba imágenes que ya eran retro en su propia época; en los sesentas, el "futuro" sólo existía entre comillas, como una forma de camp y una fe abandonada. Ese "futuro" de anticuario quedó tipificado por la portada de la Science Fiction Encyclopedia de 1979, donde un transatlántico era arrastrado por la corriente en dirección a un derruido Empire State Building, bajo un melón gigante que, bien visto, podía ser la luna. Para el escritor de la Nueva Ola de los sesentas, el paisaje característico del futuro estaba compuesto por las ruinas de lo que había sido soñado en los treintas y los cuarentas.

La siguiente generación es la de los Cyberpunks, cuya obra aún se produce y por lo tanto está fuera de las posibilidades de una retrospectiva apropiada. Sin embargo, algo que se puede decir desde ahora es que han creado un futuro consensual definido, con una apariencia propia, una apariencia adoptada conscientemente de los escenarios de Hollywood, en especial los de Blade Runner, y de las gráficas computarizadas. Es una apariencia original que puede ser vista como una afirmación del graffiti que los autores de la Nueva Ola trazaron por toda la ciudad del futuro que habían heredado, como si dijeran: "Pues sí, el futuro es una porquería, buena parte está en pésimo estado, y lo que queda es sobre todo una ilusión electrónica, pero también es posible disfrutarlo mientras dure".
—Thomas M. Disch, "Big Ideas and Dead-End Thrills: The Further Embarrassments of Science Fiction"

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Quién es el mejor autor de CF?: Una paranoia

Al parecer la CF murió hace mucho, mucho tiempo y en esta misma galaxia. Cualquier discusión sobre el género, sus obras clásicas o sus autores más importantes vuelve a caer en Asimov, Clarke, Heinlein, Bradbury y, con algo de suerte, Dick, Lem o Le Guin. Aunque de todos ellos dos todavía viven, la idea es más bien clara: la CF llegó hasta la década de los setenta, con gran esfuerzo y muchas uñas.

¿Qué hace que esos primeros cuatro autores sigan siendo considerados los mejores? Si es por el aspecto literario, que es el primero que se descarta, incluso Bradbury, considerado el más poético de ellos (tal vez el único), ha tenido discípulos que lo superan. Así que no, no nos fijemos en eso. ¿Por imaginación e inventiva? ¿Por la escala de las ideas y los escenarios? ¿Por complejidad y nivel de detalle? ¿Por alcance filosófico o discusión social? Para cada una de esas se me ocurren varios nombres mejores. Habría que decir, de hecho, que para la última pregunta la mejor respuesta son los otros tres autores mencionados. ¿Por relevancia para el género? Podría parecer que es así, pero me confunde el asunto de la relevancia cuando quienes responden son jóvenes de veinte o hasta menos años que los leen y declaran sin conflictos que son los mejores.

En ese caso, argumentaríamos, el problema es la edad del público lector: de veinte o menos, lo más seguro es que hayan leído poco, de cualquier cosa, y sean bastante influenciables, al punto de sentirse más bien obligados a decir, a recitar, que los autores más importantes son tal y tal y tal, como una forma de lograr la aceptación dentro del círculo de iniciados. Pero, ¿en otros grupos, en otras edades? Entre personas mayores, me consta, la razón es que son los autores que leyeron y quisieron cuando jóvenes y suele ser la nostalgia la que responde por ellos. ¿Qué pasa entonces con el resto? No sé. Puede que también entren a participar cuestiones editoriales. Por ejemplo, ¿cuántas ediciones de Fundación o Fahrenheit 451 pueden encontrarse, sólo en español, en comparación con obras de los últimos veinte o diez años? Sin embargo, Heinlein, en comparación con el ABC (Asimov, Bradbury y Clarke), no es un autor muy divulgado, en el sentido de que no se encuentra con la misma facilidad en editoriales no especializadas.

Ahora sí entiendo al cyberpunk. Entiendo a Omniaveritas, Denim y los otros cuando se declaraban en contra de la sacralización de las mismas vacas. Incluso entiendo que todavía haya hoy fanáticos asombrados del cyberpunk y muyahidín de William Gibson defendiendo el futuro de su profeta como el único… interesante. Pero, ¿y si en efecto la CF murió en los setenta y los últimos treinta, cuarenta años son sólo una agonía larga y penosa que algún inconsciente colectivo borrará más tarde de una sola manotada? ¿Si hay una gran memoria que escoge silenciosamente todo y ya ha escogido aquello que quedará registrado como la definición de CF y para ella lo demás es silencio? ¿Si, en unos años, el término ciencia ficción va a ser sinónimo de pasado o nostalgia y el futuro añorado por Los Supersónicos y caricaturizado por Futurama será el mejor reflejo del género, en el más puro estilo de "El continuo Gernsback"?

Por otra parte, hay que preguntarse también dónde se producen tales discusiones, quiénes preguntan por cuáles son los mejores autores de ciencia ficción y con qué interés, y si es que no se trata sólo del juego poco disimulado de acertarle al nombre que tiene en la cabeza la persona que pregunta. Al fin y al cabo, ¿por qué otra razón escribiría yo esto?

lunes, 31 de marzo de 2008

ISAAC ASIMOV – Fundación (La trilogía original)

Ya que el tema 'rondo' por esta página hace unos días, creo que vale la pena dar mi impresión ;).

La trilogía original de la fundación, de Isaac Asimov, esta siempre presente en los listados de lecturas de ciencia ficción, en las encuestas de favoritos entre los aficionados, muchos autores indican ke empezaron a leer SF gracias a ella, incluso algunos de mis comps de la UN empezaron a leer SF con esa trilogía. Yo apenas he leído cosas de Asimov, así ke en mi tarea conocer más el genero, me dia a la tarea de leer los tres libros, que en realidad son un compilado de varios cuentos y novelas cortas publicadas en los lejanos años 50. Después de terminar, me quedo la pregunta, porque es tan popular?

Fundación (1951). Es una compilación de varios cuentos en los que se va mostrando las diferentes facetas de la idea detrás de la fundación, así como de quienes la gobiernan. El lejano planeta de Terminus es dominado por un grupo de científicos dedicados a elaborar la enciclopedia galáctica (que no esta bajo creative commons, ni es una wiki), para luego ser relevados del poder por el alcalde Salvor Hardin, en mi concepto el mejor personaje de la trilogía. Luego de la muerte de Hardin, serán los comerciantes, destacándose Hover Mallow. Entre todo eso se va descubriendo la intención de la Fundación, que es una versión particular de Asimov del análisis histórico de Marx: guiado por la 'psicohistoria', una forma de predecir estadísticamente los hechos históricos, usando la gran cantidad de humanos como grupo (una suerte de teoría de los gases, pero con personas) un tal Hari Seldon predice la caída del imperio y 10 000 años de caos y barbarie, por eso levanta la Fundación en Terminus para que dicha transición solo 1 000 años, pero en Terminus poco saben de como funciona la psicohistoria, así que son ellos mismos quienes deben asumir su destino histórico (que dicho sea de paso, ya fue planeado por Seldon, y parece dirigirse inexorablemente a su destino).

Asimov adiciono un cuento como introducción, que en mi concepto daña bastante de lo que podrían conseguir los cuentos subsiguientes, que es ir descubriendo poco a poco el plan Seldon y el funcionamiento de la Fundación. Además, al intentar ser más abarcador, los últimos cuentecitos son muy confusos. Una cosa que queda después de terminar, es como funciona el plan, pues supuestamente el no puede predecir comportamientos individuales, y en realidad, son las decisiones de Hardin las que resuelven las primeras crisis, así Asimov luego se empeñe en decir que Hardin hacia un 1% de nada. Más sorprendente (y decepcionante) aún es la historia de como Mallow pudo resolver su juicio.

Fundación e imperio (1952). Esta es una colección de dos novelas cortas. En la primera de ellas, El general, Asimov parece consciente de que el desarrollo de los primeros cuentos no era muy acorde con la idea tras la psicohisotoria y decide presentar una guerra donde nadie puede hacer nada para decidir su destino. Aunque al final la explicación es demasiado simplista y queda en el aire la pregunta de porque se necesitan los 'complejos cálculos matemáticos' en los que Asimov insiste cada tercer párrafo, para llegar a ese tipo de conclusiones.

La segunda novela, es El mulo, que gano el (retro) Hugo de 1945. Para mi fue la mejor pieza de toda la trilogía. De cierta forma es una especie de aventura de misterio, donde la fundación y el plan Seldon son destruidos por un mutante que puede controlar los sentimientos de las personas, el mulo. Así los últimos bastiones de la Fundación (tres personas) corren a buscar una segunda Fundación cuya ubicación y propósito es desconocida. El desarrollo es interesante, y aunque uno es capaz de darse cuenta del nudo de la historia, la resolución es un poco sorpresiva, y bien lograda.

Segunda fundación (1953). Es también una colección de dos novelas cortas. Ambas parecen moldeadas con la misma formula de El mulo, pues son búsquedas a lo largo de varios planetas, pero cuyas investigaciones ocurren en bibliotecas, monumentos o charlas.

La primera es La búsqueda del Mulo, donde El mulo, decide que la segunda Fundación es su principal enemigo y comisiona una búsqueda de ella por toda la galaxia. La búsqueda termina en un planeta invernal, donde el Mulo espera poder acabar con la segunda Fundación de manera definitiva. Es una historia demasiado larga para lo poco que cuenta, por lo que su desarrollo en muy lento, y el final, aunque para este entonces ya estaba acostumbrado, es decepcionarte y simplón.

La segunda novela es La búsqueda de la fundación, que fue nominada al (retro) Hugo de 1951. El mulo a muerto, y la Fundación se re-construye, pero algunos miembros dentro de esta desconfían de la presencia de la segunda fundación, y deciden partir en su búsqueda. Entre tanto los miembros de la segunda fundación, están tratando de recuperar el plan Seldon, que fue herido de muerte por la aparición inesperada del Mulo, manipulando la situación política aquí y allí para que regrese al curso adecuado. En esta aventura, se destaca Arkadi, una chamina que consigue ser el mejor de los personajes femeninos de la saga, más por su rebeldía que por cualquier otra cosa. La historia es horriblemente confusa, tanto así que Asimov debe recurrir a un largo discurso final para dar al lector la idea de lo ke paso.

Así pues, que nos deja la trilogía? En verdad fue deprimente el estilo de Asimov que es muy simple, pero el desarrollo de sus historias no lo es. Todo, absolutamente todo son diálogos entre los personajes, si algo se hizo, nos enteramos porque los personajes conversan las consecuencias de ello, pero la narración directa es escasa. Y en general, los finales de cada historia son poco convincentes.

Defrauda mucho, que tratándose de una historia donde el rol de la psicohistoria es el principal, las historias de Asimov poco o nada muestran de la situación política y económica de cada 'crisis', y en realidad todo es completamente diferente a lo que plantea la lógica del plan: el desarrollo es el producto de decisiones individuales o de grupos muy pequeños de personas--como ocurre en la política--y no las multitudes planetarias--como es el caso de la economía--a las que cada rato se refiere Asimov.

Lo otro que queda en el aíre es la intencionalidad posible del plan Seldon. Parece que Seldon es como los comunistas, que soñaba un futuro mejor, para sus descendientes, no para el mismo, pues su plan requiere nada más que 1 000 años. Además, como queda claro en el último cuento, el plan no es más que una cofradía encargada de hacer cumplir la predicción, una suerte de MacBeth, en donde se le pega una ayudita al curso de los hechos, para que al final la profecía pueda cumplirse!

Cabe decir que yo había leído antes el final de la saga, Fundación y tierra, de 1986 (30 años después!) pero esa novela no tiene absolutamente nada que ver con la trilogía original.

En resumen, yo no la recomendaría para empezar a leer ciencia ficción, ni la colocaría entre la lista de mis preferidos, la verdad, yo siento que es algo que uno solo debe leer como por ver como era la SF en los 50s, un interés que es más bien 'académico'.

Adendum

Luego de escribir este ensayo, me encontre con este árticulo de C. Elkins publicado en Science Fiction Studies, tiene algunas impresiones muy similares a las que yo escribí, profundizando mucho entre el análisis del Marxismo y la Psicohistoria... por si quieren leerlo xD.


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