Mostrando entradas con la etiqueta mundos paralelos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mundos paralelos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de octubre de 2013

Por qué odio a Bernardo Fernández

Bernardo Fernández, BEF, no toma café y pide una Pony Malta. Saca cinco libros y los deja sobre la mesa: tres ejemplares de La calavera de cristal, novela gráfica que ilustró a partir de un guión de Juan Villoro, y dos de Espiral, su “cómic recursivo”. Aprovecho que uno de estos no tiene plástico y lo ojeo. “Pensé que era una autoedición”, le confieso. Hasta el momento sólo lo había visto por fuera y aparte de su nombre, el título del libro y las encomilladas celebraciones de la contraportada no hay más datos externos. “No, es de Alfaguara, sólo que el tonto del diseñador no pudo poner el logo aquí atrás. Yo quería que se supiera que era de Alfaguara, claro”. Pero antes de eso agrega (mi sic): “A esta edad uno ya no puede autoeditarse. Hace años era punk y sacaba mis fanzines”.

Nosotros traemos nuestros ejemplares de Espiral. Guarda los suyos mientras nos pregunta dónde y cómo los conseguimos, y a medida que le describimos la vuelta, incluyendo el temor de que no llegaran antes de que él se fuera del país, y que todavía estamos esperando unas copias de Gel azul, y que no fue posible encontrar Hielo negro a un precio decente, medio agranda sus ojos pequeñitos. “Pues me hubieran dicho y yo los traía”, trata de resolver, pero ni modos; para esas analepsis, la (ciencia) ficción.

Firma los libros con un Sharpie negro y la cabeza un poco ladeada, como si viera con un solo ojo o estuviera copiando de algún lugar el dibujo con que acompaña cada autógrafo. Hace robots y una especie de mostro ojón de boca pequeña. Un BEM dibujado por BEF. Le encargamos un robot para la dedicatoria del libro que nos vamos a quedar y le hablamos de nuestra colección en la librería. Él nos cuenta que también los colecciona y que tiene muchos (“más de 70 robots de juguete”, condenada biografiita). Los que han visto los nuestros pueden reírse. Pero entonces se niega a dedicarnos uno de nuestros cuatro libros y en cambio vuelve a sacar uno de los suyos: “Por lo menos déjenme regalárselo”, dice. “¿Cuánto te tomó terminar Espiral?”, le pregunta Sonia Naranjo, que está tomándose un tinto. Sonia hizo el contacto de inmediato cuando se lo dijimos la misma tarde del martes, el último día de BEF en Bogotá. “Un año”, dice él, pausadito, como en todo momento, concentrado en el dibujo. “Sólo me tomó veinte años, pero lo logré: una novela gráfica”, se lee en el epílogo del libro. No ha tocado su Pony ni siquiera para quitarle la tapa. Sonia le pregunta si quiere descansar un momento de firmar. “No, yo feliz”, responde él frunciendo un poco los hombros.

“Con Pepe Rojo estamos preparando una antología”, dice luego, cuando ya ha terminado y estamos hablando de ciencia ficción. “Se llama 25 minutos en el futuro y reúne cuentos de autores norteamericanos que no han sido traducidos al español”. Los cuentos, no los autores. Me llama la atención que diga norteamericanos. Imagino que incluso hay mexicanos, pero cuando da algunos de los nombres entiendo a qué se refiere: gringos ellos y un par de canadianos (mi sic). Está bien. A México siempre lo preferiremos de este lado de la América. Entre los nombres están Margaret Atwood, Terry Bisson, Eileen Gunn y Bruce Sterling. “Qué bien”, me emociono. Justo hace un par de semanas terminé de leer una novela de Sterling y pude recordar lo mucho que me gusta. Debe notarse: “¿Te gusta Bruce?”, dice. “Bruce es amigo mío”. Y para confirmarlo, subrayarlo, saca su smartphone y nos muestra unas fotos. “Esto fue en una cena en mi casa”. Hay un grupo de personas en una sala de paredes rojas de las que cuelga un par de diagramas de Astroboy. Sterling está en el centro, su esposa Jasmina es la única sentada, y a los lados están BEF y algunos amigos mexicanos de los que va dando nombres y una pequeña acotación: “escritor de ciencia ficción, escritora de fantasía”. Le cuento que esperaba conocer a Sterling hace cuatro años, cuando estuvo invitado al Encuentro Fractal 09, pero no pudo venir y en cambio mandó un video. Lo mismo que a Lucius Shepard, que entonces tuvo problemas de salud y por estos días justamente se está recuperando en el hospital de una apoplejía. “Lucius también es amigo mío”, sonríe. Diría que lo está disfrutando. “Es un gordo como de 1,90. Cuando estuvo en México lo llevé a conocer el mercado de Sonora y estaba fascinado con las calaveras. Pero daba dos pasos y se quedaba sin aire”.

“La ciencia ficción en Estados Unidos no está pasando por un buen momento”. Al principio creo que se refiere a la calidad o a su propia versión de la muerte del género, pero antes de que alcance a llevar la conversación por ese lado agrega: “Si le dices a un autor que vas a traducir uno de sus cuentos, te lo agradece”. Mientras habla juguetea con su perilla canosa y rectangular. “Para la antología hicimos las traducciones nosotros mismos. Traducciones al mexa. Sólo uno de los cuentos estaba en español, el de Bisson, ‘Los osos descubren el fuego’, pero en una traducción españoleta. Si no son traducciones españolas, son argentinas, y no queríamos eso”. Terminamos hablando de ciencia ficción colombiana. Le contamos de las peripecias para conseguir los títulos y la sensación consecuente de estar buscando fragmentos de algo sin nombre en un paisaje todavía sin forma. Bueno, no fue tan elaborada la cosa durante la conversación, aunque esa es la sensación. “Pero la mejor novela de ciencia ficción latinoamericana que he leído es colombiana: Iménez, de Luis Noriega”, celebra, y luego: “Deberían rescatar a Rebetez”. Le pregunto si en México es posible conseguir números de Crononauta, la revista que Rebetez editó. Dice que no. Obviamente, dice su cara. Pero luego nos cuenta que un amigo suyo está en la tarea de digitalizarla.

Nos despedimos en la puerta del Oma. “También soy amigo de Rudy Rucker”, dice sonriente, por alguna razón distraída, mientras salimos. Shepard y Rucker están incluidos en la antología. Su vuelo sale temprano en la mañana del miércoles. Esa tarde Angélica me llama mientras peleo contra casi trescientas líneas sobre formas alternativas de generar energía en el Chocó. “Llegaron los Gel azul”, me dice.

miércoles, 4 de abril de 2012

Veinte años de ciencia ficción en tres portadas

Artista: Les Edwards
Bantam UK, 1989

Artista: Paul Youll
Earthlight, 2001

 Artista: Stephan Martiniere
Pyr, 2009

sábado, 4 de junio de 2011

CORALINE (2002) - Neil Gaiman

[NOTA: última de las cuatro reseñas perdidas. Los lectores de este blog (si semejante criatura existe y no es cosa de ciencia ficción) recordarán un despotrique similar de hace un par de años.]

La prueba de que la expectativa puede ser perjudicial. No se trata de una decepción en el sentido más fuerte de la palabra, porque de todos modos es un buen libro, con una bonita historia, sino de la decepción ante la novela tan grande y positivamente comentada, ganadora de casi todos los premios (cosa que no pasaba hace muchos años y que entonces representó buenos títulos) (seguramente voy a recordar luego alguna excepción tremenda, pero mientras eso pasa, salga y valga la generalización), de un autor admirado con ciertas reservas pero con un dominio respetable de lo fantástico.

Con tristeza, el estilo resultó más bien plano y la secuencia narrativa molestamente predecible. Casi se podían adivinar desde el principio del capítulo las palabras que los personajes usarían. Y entristece más aun pensar que una posible razón sea que el público esperado (y aspirado) así lo exige: es decir, el viejo y torpe prejuicio (de doble filo, además) de que los niños necesitan un lenguaje poco elaborado junto con una historia vieja como el mundo, apenas actualizada en detalles de escenario, en este caso unos papás que trabajan en computadores o una Coraline semiindependiente que calienta su porción de pizza congelada en el microondas.

En su contra también, y contribuyendo a tanta tristeza tan mentada, está su escala. Culpo de ello a quienes se pusieron en el ocio de halarle los cabellos a la mención de Narnia o el País de las Maravillas, pues el mundo al que llega Coraline, aunque tan vasto como su mundo original, es mínimo. Las dimensiones hacen parte del juego: Narnia cabe en un armario y el País de las Maravillas en una madriguera; coherentemente, la otra casa de Coraline cabe en un muro de ladrillos… Ya que se ha llegado al terreno de las comparaciones, recordemos, con la sonrisa que merece, El viaje de Chihiro.

Pero reconozco que en esa diferencia de escala podría (incluso debería) encontrarse el mérito de Coraline, o uno de ellos: no se requiere un macrouniverso para que el propio esté en juego. Por otra parte, y por la misma, los personajes son encantadores, uno de ellos hasta memorable («—Podríamos ser amigos, ¿verdad?— dijo Coraline./ —Podríamos ser alguna especie de cría exótica de elefante africano bailarín— dijo el gato. —Pero no lo somos…»), y la valentía de la protagonista es bastante creíble y felizmente exenta de proselitismo (es decir, no es del tipo “niños: es bueno y necesario ser valientes”). Queda suficiente misterio irresuelto al final como para conservar la sensación de extrañeza, y hay algunos momentos que rozan el miedo: un teatro abandonado y a medio deshacer o una persecución en un sótano.

Hay que decir, también, que algunas de sus imágenes más efectivas y hermosas no están precisamente relacionadas con el argumento central; por ejemplo, el teatro lleno de perros o el coro de ratas tienen un poder momentáneo y feliz, pero insuficiente. Sin embargo, esto último es algo más bien común en Gaiman, quien tiene la capacidad de iluminar con una sola frase toda una página que de otra manera sería (muy) corriente. Me queda la sospecha de si su mérito como autor se encuentra sobre todo en fragmentos casuales, más para subrayar, con sorpresa las primeras veces, con cansado déjà vu las siguientes, como los que salpican casi toda la serie de Sandman.

Y una gran duda: ¿cuál es el límite para el pretexto de las historias y los temas universales, sobre todo en lo que a predictibilidad respecta? ¿Y en cuanto a su necesidad? El miedo, así como el valor que lo enfrenta, seguirán presentes, pero ¿debe el orden de los factores no afectar el producto indefinidamente? Sobre todo vaya la pregunta para el caso específico de los libros infantiles. Tal vez si se demuestra o comenzamos a creer todos al tiempo en la reencarnación, dejaremos de sobredimensionar la inexperiencia de los niños y de sus ojos sorprendidos de cualquier cosa.

lunes, 8 de marzo de 2010

JOANNA RUSS (1975) - El hombre hembra

Cuando se menciona la CF “feminista”, hay dos títulos que siempre aparecen en primer lugar, La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin, y El hombre hembra de Joanna Russ (bio/biblio). Yo hace ya un rato había leído la primera, y pues finalmente pude leer la novela de Joanna.

Tres mujeres, que bien podrían ser la misma mujer, viven de distintos universos paralelos. Janet, de un mundo llamado Whileaway donde solo hay mujeres y practica un tipo de socialismo, Jeannine de una tierra como la nuestra, pero donde el único objetivo de las mujeres es ser esposas (algo así como un mundo sin “liberación femenina”), y Joanna (la protagonista) de nuestra tierra. Por algún motivo, son puestas a viajar entre dimensiones y reunidas.

Es uno de los libros más extraños que he leído. Pasa de sátira social, a historia de amor, y luego a “sociología extraterrestre” (i.e. CF), después es proselitismo político... en cada momento el libro cambia de rumbo. Pero esos cambios son muy inteligentes, con cada movimientos Joanna (la autora) nos muestra alguna particularidad de nuestra sociedad occidental de clase media (y en su mayor parte “caucásicos”). Su critica es directa y demoledora.

Para mantener su constante cambio de enfoques, Joanna (la autora) usa en su mayor parte un tono muy coloquial, y se sale del marco, así que uno se siente casi que conversando con ella. Que el enfoque político del libro sea explicito (feminismo y socialismo), no hace que sea propaganda con maquillaje CF. Su sociología es excelente, la estructura de Whileaway, así como la de otros mundos es muy bien elaborada.

Por cierto, en su sección "En palabras de otros" Felipe una vez publicó una a reflexión de Joanna a un cuento, que parece una visita a Whileaway. Dada la época del cuento, pues parece que Joanna estaba (literariamente) inmersa en esos mundos por esos días. Es interesante que Joanna hace una sutil, pero poderosa critica a Ursula y La mano izquierda... La verdad, después de leer El hombre hembra, es difícil imaginarse otro libro feminista que sea tan directo, punzante y a la vez una novela de ficción.

Tristemente, la novela aún hoy, sigue siendo muy actual, prácticamente toda su visión critica de la social de los años 70, es idéntica a la de nuestra sociedad, 30 años después. Los remito de nuevo a la cita que público Felipe.

Una excelente novela, de esas que provocan hondas reflexiones, y que muestran que existen muchas formas de hacer CF.


Licencia Creative Commons

miércoles, 24 de febrero de 2010

Amor y odio en la ciencia ficción

Este es uno de esos posts absolutamente personales que tal vez tendrían mejor cabida en otra clase de blog, pero como este es el de CF entonces le figura.

Hace unas semanas, SF Signal publicó el enlace a una entrada de blog donde alguien listaba los autores de CF que menos le gustaban (sus menos favoritos, sería una forma de decirlo), y ahora, con motivo del Mind Meld de los miércoles, John DeNardo de SF Signal pregunta a un grupo de personas cuáles son los libros de ciencia ficción, fantasía u horror que más les gustan y que los demás odian, y cuáles son los que más odian y que a los demás les gustan. No creo que la preocupación de los dos posts sea coincidencia, y en vista de que la pregunta contraria no sólo está gastada sino que además desgasta (es decir, cuáles son tus autores y libros favoritos de CF (léase con vocecita nasal burlona)) y su respuesta suele ser la misma las más de las veces, me parece que vale la pena preguntárselo como ejercicio.

De las respuestas del Mind Meld llaman mi atención, claro, las que por inesperadas sorprenden: ¿de verdad hay gente en este mundo a la que pueden no gustarle Las estrellas mi destino, Babel 17, Pequeño, grande o Marte rojo? Menos mal. Eso sí, uno no quisiera aceptar que, además, haya gente a la que le guste Eragon o Ender, el xenocida o una novela de Forgotten Realms (¡alerta geek!). Pero lo que finalmente deja en claro una lista como esta es lo más obvio de todo, que de tan obvio no se quiere aceptar: que ante el argumento del gusto los cánones no tienen sentido (la versión del canon es la contraria (a saber, que el gusto no es criterio de valoración válido), pero yo al canon no le creo por reflejo). Lo triste es que, desde la pregunta misma, se da por entendido que la respuestas sólo pueden presentarse en términos de disculpa o de desafío; como quien dice, el canon sigue siendo el canon y nosotros la anomalía. En fin.

Pero hay que leer el post de todos modos, aunque sea por los comentarios que se hacen de algunos libros. La valoración que da Jonathan McCalmont de El juego de Ender, por ejemplo, me parece muy acertada.

Ahora, mis respuestas: una ya se la saben quienes me conocen: no acabo de entender el gran mérito de Dan Simmons, especialmente el de Hyperion, como no entiendo el de las novelas de Elric que no sean Portadora de tormentas o, más bien, las novelas de Moorcock que no sean ésa y El programa final. Me gusta el Neil Gaiman de The Sandman (hace poco lo confirmé) y otros cómics (especialmente Violent Cases y Mr. Punch) pero me aburre terriblemente el Gaiman de cuentos y novelas; no he podido despachar completo Smoke and Mirrors, y Coraline (esa fiesta para el resto del mundo) fue una decepción total. Cuando conocí a Heinlein con Tropas del espacio me gustó mucho (soy un poco indiferente a las posturas políticas de los autores como rasero para leer un libro), pero casi no puedo con Forastero en tierra extraña (sexo, discurso, discurso, sexo, discurso, etc.: algo así como The Matrix Reloaded, pero con sexo en lugar de artes marciales). No me gustan Cita con Rama ni Mundo anillo ni Música en la sangre. No soporté Hacedor de estrellas de Stapledon y lo terminé sólo porque soporto menos dejar un libro empezado. No entiendo, tampoco, qué tiene (o se supone que debo ver que tiene) la obra de Michael Swanwick.

Hay muchos autores de los que podría decir cosas parecidas pero, al revisar bien, lo que pasa es que sólo he leído el principio de algún libro que no me convence y que, tal vez en un segundo intento, resulte valer la pena. Y hay autores ultraconsagrados que me son más bien indiferentes, ni los amo ni los odio, ni hago un gran esfuerzo por releerlos: Asimov, Bradbury, Tolkien, Card (me gustó El juego de Ender, pero sus obsesiones me aburren). Dando un vistazo a los autores que se nombraron en el post de SF Signal, me doy cuenta de que mi gusto es (contrario a lo que quisiera creer) más bien canónico, lo que me hace preguntar si será mi gusto: retomando en parte algo que dijimos hace relativamente poco, ¿realmente son buenas La mano izquierda de la oscuridad, El libro del Sol Nuevo y Marte rojo, o queremos creer que lo son (y nos convencemos de ello) porque eso es, como diría Ted Chiang, "lo que se espera de nosotros"?

lunes, 23 de noviembre de 2009

En palabras de otros - Kurt Vonnegut y Douglas Adams

La ficción es inofensiva.
—Kurt Vonnegut, Wampeters, Foma & Granfalloons (1974)

—¡Cómo! ¡Inofensiva! ¿Eso es todo lo que tiene que decir? ¡Inofensiva! ¡Una palabra!
Ford se encogió de hombros.
—Bueno, hay cien mil millones de estrellas en la Galaxia, y los microprocesadores del libro sólo tienen una capacidad limitada de espacio, y, desde luego, nadie sabía mucho de la Tierra.
—¡Por amor de Dios! Espero que hayas podido rectificarlo un poco.
—Pues claro, he podido transmitir al editor un artículo nuevo. Tendrá que reducirlo un poco, pero de todos modos será una mejora.
—¿Y qué dirá entonces? —le preguntó Arthur.
Fundamentalmente inofensiva —admitió Ford, tosiendo con cierto embarazo.
—Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico (1979)
(trad. Benito Gómez Ibáñez)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Revista Cosmocápsula

El pasado 23 de agosto apareció el Número 0 de Cosmocápsula, Revista colombiana de ciencia ficción, no sé si la primera en su clase. Pueden descargar el archivo en pdf aquí o aquí.

Apenas he leído un par de cosas, así que más bien voy a decir que esa es la razón por la que no ofrezco una reseña y no mi incapacidad crónica para sonar amable. No estoy familiarizado con la cf colombiana, y los pocas veces que he tenido el placer han sido del tipo "No, gracias", por lo que no me he podido sentir interesado en darles continuidad, pero de cualquier manera me parece que es una intención que vale la pena atender. Entre las cosas que me impresionan está la rapidez con que David Pérez Marulanda, el principal responsable, pasó a concretar su idea.

Quienes estén interesados en saber algo más del Número 0 antes de decidir si se zambullen o no en él, pueden dar un vistazo a este post de Juan Diego Gómez, donde se detiene por un breve párrafo en cada uno de los contenidos de la revista.

Sólo queda por decir que, una vez publicado el primer ejemplar, los editores ya se están preparando para el siguiente, así que han abierto la convocatoria para que les envíen cuentos, poemas, ensayos, artículos, reseñas y cualquier etcétera que pueda adjetivarse con ciencia ficción. El material se recibe hasta el 31 de octubre. Pueden encontrar más detalles aquí.

sábado, 29 de agosto de 2009

ROBERT SAWYER (2003) - El paralaje Neanderthal

Buscando en las listas de los premios Hugo recientes, vi en varias ocasiones el nombre de Robert Sawyer (bio), así que cuando me puse a leer cosas recientes, me decidí por una trilogía que le llevo a ganar el Hugo del 2003, el parelaje Neanderthal, formado por Humanos, Homindos e Híbridos.

En Humanos (ganadora del Hugo), la doctora Mary Vaughn, experta en ADN fósil, es violada. Entre tanto, en el laboratorio de Neutrinos de Sudbury, Canadá, aparece de la nada un misterioso hombre, Ponter un Neanderthal de un universo paralelo. En el mundo neanderthal, Adikor, el compañero de Ponter es acusado de asesinato, y carece de toda prueba para demostrar su inocencia. Mary encuentra en la investigación del misterioso Ponter, una válvula de escape para su violación y a su vez, para reconciliarse, de alguna forma, con el género masculino.

Con Hominidos (nominada al Hugo) la historia se hace más un techno-triller, donde se empiezan a barajar las posibilidades políticas-científicas-tecnológicas-artísticas de el intercambio entre los humanos de un lado y el otro. Por el lado de Ponter y Mary, su relación parece estabilizarse, y mientras tanto, en un fallado intento de imitar Pórtico de Fred Pohl, Ponter visita al equivalente de un psicólogo neanderthal. [Sawyer es un admirador ferviente de Pórtico].

Pero la relación entre Mary y Ponter no puede ser perfecta, pues los Neanderthales viven con parejas del mismo sexo todo el tiempo, excepto un fin de semana al mes. En Hibridos, Mary, Ponter y Adikor tratan de resolver su curioso triangulo amoroso, y además Mary trata de tener un hijo con su novio de una especie diferente.

A mi no me gusto ninguna de las novelas. El estilo de Sawyer es como el del Asimov de Fundación, más bien pedagógico, y poco profundo. Los personajes son superplanos, tienen una o dos características sobre las que Sawyer vuelve una y otra vez. Además son terriblemente anti-naturales.

Eso queda más patente en los diálogos que tienen los personajes, hay unos funestos, como todas las discusiones "teológicas" entre Mary y Ponter, y más todavía la discusión donde una física le explica a Mary sobre las ideas de Penrose de la nueva mente del emperador! Un libro que solo un físico, quizá más por respeto a Penrose, se tomaría en serio, y Mary simplemente acepta esas ideas así como vienen (bueno, es cierto, Mary es molecular, pero los moleculosos no son tan ignorantes).

En cuanto al mundo Neanderthal y todo eso, Sawyer quería que sus Neardenthales fueran muy humanos y a la vez no humanos, y coloca a los Neanderthales como gente que hace todo bien (incluyendo, claro esta, una forma de eugenesia que es una malinterpretación de las leyes de Hamilton y Mary no es capaz de demostrar que es simplemente falaz! Pero bueno, después de todo ella es molecular...), no hay crimen, protegen la naturaleza, y no tienen guerras ni religiones.

En su blog Sawyer dice que el extrapola las cosas que se saben de los Neandertahles, a su sociedad, pero no queda claro como una especie que es cazadora, y no utiliza herramientas para la cacería (según lo describe Sawyer, casan a mano limpia), ni tiene agricultura, ni tiene guerras, pudo desarrollar tecnología basada en herramientas. O como sin la religión, la ciencia teórica tiene un significado (nuestra ciencia teórica nace en occidente como un derivado directo de las organizaciones religiosas). Como se puede establecer una relación monogama, cuando hombres y mujeres solo se ven una vez al mes? (Parece que los Neanderthales son una excepción dentro de los primates, que son bastante promiscuos). Y como es que los Neanderthales, tienen exactamente las mismas diferencias entre ciencias “duras” y ciencias humanas (e incluso, el mismo despreció de los físicos por las ciencias humanas, en este caso la psicología).

No me gusto, y uno queda perplejo al ver que muchos criticos la consideran una obra importante de esta decada... sera que los lectores de CF quieren tener nuevos Asimovs?


Licencia Creative Commons