lunes, 31 de marzo de 2008

¿Héroes?

Recién acabamos de ver la segunda temporada de Héroes, un triste bodrio de once capítulos que nos hace detestar la incurable torpeza de sus personajes. Cuando se quiere y espera (y por esperar semejante cosa empezamos a parecernos a ellos) que cambien y abran los ojos, salen con algo aún peor que lo que hicieron en el capítulo anterior, o en la escena anterior, o en el minuto anterior, sin el menor miedo a que se les note que no tienen carácter (lo cual es, de hecho, lo más heroico que hay en ellos).

Básicamente la temporada es un remake de la primera, o eso se puede pensar por el hecho de que se repiten los mismos temas (los hijos no deben pagar por los pecados de los padres) y los mismos parlamentos ("Los hijos no deben pagar por los pecados de los padres"). Muchos de los personajes nuevos (que no son tantos) saben tanto como nosotros por qué están allí, y muchos de los personajes viejos (más bien todos) parecieran no haber aprendido nada de lo que hicieron en el pasado. Como si el haitiano les hubiera borrado la memoria en masa. Podría incluso decirse que una gran falla de esta historia desde el principio, y con eso me refiero a la primera temporada, es que los mismos personajes no dejan de sorprenderse (o atormentarse, o confundirse, o etc.) ingenuamente de sus propias habilidades. Al final estamos deseando que Sylar se coma el cerebro de toditos.

El suspenso tampoco existe; de hecho, hay algunas revelaciones tan mal narradas que, a pesar de haberlas resuelto un capítulo o dos antes, todavía las presentan como si fuéramos a saltar de la silla.

La buena noticia es que los realizadores, habiendo abierto los ojos más o menos a tiempo (la verdad, a mitad de camino) se avergonzaron de lo que hacían y prefirieron que la temporada fuera más corta de lo normal, manipulando las cosas con la suficiente habilidad como para que la historia quedara exactamente en el mismo punto (o equivalente) al que estaba al final de la primera, como dándonos la oportunidad de obviar la nueva y decir: "Bueno, a lo mejor no pasó, sólo fue un mal rato. Así al menos le sigo dando un uso al VHS".

*

¡Cambio de silla!, dijo el Sombrerero.

Antes de Shrek (la película) estaba el Mundodisco. Ahora, después de Shrek (las películas), está El color de la magia (la película), una adaptación para televisión de las dos primeras novelas de la serie creada por Terry Pratchett (El color de la magia y La luz fantástica), que ya de tan larga merecería que se inventaran una palabra sólo para hablar de ella.

La película se estrenó el 23 de marzo en algún remoto canal de Inglaterra, que de no ser por las maravillas de la tecnología moderna pensaríamos que sólo es un chiste o una imaginación. Entre sus maravillas incluye al mismísimo Sam Gamyi como Dosflores, un Rincewind más viejo de lo que lo recuerdo (claro que leí los libros hace mucho, o sea que es natural), interpretado por la voz de Danger Mouse y el Conde Pátula (bueno, no la voz, la persona que tiene esa voz, quien al fin y al cabo puede ser cualquiera porque Danger Mouse y el Conde Pátula, como todos oímos, no hablaban inglés), el Equipaje con sus correspondientes pixeles y, por supuestísimo, Christopher Lee, que ha hecho más películas fantásticas de las que se pueden ver, como la voz de (a ver quién adivina) la Muerte, o mejor, LA MUERTE.

Ya hablaremos del asunto con más detalle, cuando tan maravillosa tecnología haga posible verla.