Bernardo Fernández, BEF, no toma café y pide una Pony Malta. Saca cinco libros y los deja sobre la mesa: tres ejemplares de La calavera de cristal, novela gráfica que ilustró a partir de un guión de Juan Villoro, y dos de Espiral, su “cómic recursivo”. Aprovecho que uno de estos no tiene plástico y lo ojeo. “Pensé que era una autoedición”, le confieso. Hasta el momento sólo lo había visto por fuera y aparte de su nombre, el título del libro y las encomilladas celebraciones de la contraportada no hay más datos externos. “No, es de Alfaguara, sólo que el tonto del diseñador no pudo poner el logo aquí atrás. Yo quería que se supiera que era de Alfaguara, claro”. Pero antes de eso agrega (mi sic): “A esta edad uno ya no puede autoeditarse. Hace años era punk y sacaba mis fanzines”.
Nosotros traemos nuestros ejemplares de Espiral. Guarda los suyos mientras nos pregunta dónde y cómo los conseguimos, y a medida que le describimos la vuelta, incluyendo el temor de que no llegaran antes de que él se fuera del país, y que todavía estamos esperando unas copias de Gel azul, y que no fue posible encontrar Hielo negro a un precio decente, medio agranda sus ojos pequeñitos. “Pues me hubieran dicho y yo los traía”, trata de resolver, pero ni modos; para esas analepsis, la (ciencia) ficción.
Firma los libros con un Sharpie negro y la cabeza un poco ladeada, como si viera con un solo ojo o estuviera copiando de algún lugar el dibujo con que acompaña cada autógrafo. Hace robots y una especie de mostro ojón de boca pequeña. Un BEM dibujado por BEF. Le encargamos un robot para la dedicatoria del libro que nos vamos a quedar y le hablamos de nuestra colección en la librería. Él nos cuenta que también los colecciona y que tiene muchos (“más de 70 robots de juguete”, condenada biografiita). Los que han visto los nuestros pueden reírse. Pero entonces se niega a dedicarnos uno de nuestros cuatro libros y en cambio vuelve a sacar uno de los suyos: “Por lo menos déjenme regalárselo”, dice. “¿Cuánto te tomó terminar Espiral?”, le pregunta Sonia Naranjo, que está tomándose un tinto. Sonia hizo el contacto de inmediato cuando se lo dijimos la misma tarde del martes, el último día de BEF en Bogotá. “Un año”, dice él, pausadito, como en todo momento, concentrado en el dibujo. “Sólo me tomó veinte años, pero lo logré: una novela gráfica”, se lee en el epílogo del libro. No ha tocado su Pony ni siquiera para quitarle la tapa. Sonia le pregunta si quiere descansar un momento de firmar. “No, yo feliz”, responde él frunciendo un poco los hombros.
“Con Pepe Rojo estamos preparando una antología”, dice luego, cuando ya ha terminado y estamos hablando de ciencia ficción. “Se llama 25 minutos en el futuro y reúne cuentos de autores norteamericanos que no han sido traducidos al español”. Los cuentos, no los autores. Me llama la atención que diga norteamericanos. Imagino que incluso hay mexicanos, pero cuando da algunos de los nombres entiendo a qué se refiere: gringos ellos y un par de canadianos (mi sic). Está bien. A México siempre lo preferiremos de este lado de la América. Entre los nombres están Margaret Atwood, Terry Bisson, Eileen Gunn y Bruce Sterling. “Qué bien”, me emociono. Justo hace un par de semanas terminé de leer una novela de Sterling y pude recordar lo mucho que me gusta. Debe notarse: “¿Te gusta Bruce?”, dice. “Bruce es amigo mío”. Y para confirmarlo, subrayarlo, saca su smartphone y nos muestra unas fotos. “Esto fue en una cena en mi casa”. Hay un grupo de personas en una sala de paredes rojas de las que cuelga un par de diagramas de Astroboy. Sterling está en el centro, su esposa Jasmina es la única sentada, y a los lados están BEF y algunos amigos mexicanos de los que va dando nombres y una pequeña acotación: “escritor de ciencia ficción, escritora de fantasía”. Le cuento que esperaba conocer a Sterling hace cuatro años, cuando estuvo invitado al Encuentro Fractal 09, pero no pudo venir y en cambio mandó un video. Lo mismo que a Lucius Shepard, que entonces tuvo problemas de salud y por estos días justamente se está recuperando en el hospital de una apoplejía. “Lucius también es amigo mío”, sonríe. Diría que lo está disfrutando. “Es un gordo como de 1,90. Cuando estuvo en México lo llevé a conocer el mercado de Sonora y estaba fascinado con las calaveras. Pero daba dos pasos y se quedaba sin aire”.
“La ciencia ficción en Estados Unidos no está pasando por un buen momento”. Al principio creo que se refiere a la calidad o a su propia versión de la muerte del género, pero antes de que alcance a llevar la conversación por ese lado agrega: “Si le dices a un autor que vas a traducir uno de sus cuentos, te lo agradece”. Mientras habla juguetea con su perilla canosa y rectangular. “Para la antología hicimos las traducciones nosotros mismos. Traducciones al mexa. Sólo uno de los cuentos estaba en español, el de Bisson, ‘Los osos descubren el fuego’, pero en una traducción españoleta. Si no son traducciones españolas, son argentinas, y no queríamos eso”. Terminamos hablando de ciencia ficción colombiana. Le contamos de las peripecias para conseguir los títulos y la sensación consecuente de estar buscando fragmentos de algo sin nombre en un paisaje todavía sin forma. Bueno, no fue tan elaborada la cosa durante la conversación, aunque esa es la sensación. “Pero la mejor novela de ciencia ficción latinoamericana que he leído es colombiana: Iménez, de Luis Noriega”, celebra, y luego: “Deberían rescatar a Rebetez”. Le pregunto si en México es posible conseguir números de Crononauta, la revista que Rebetez editó. Dice que no. Obviamente, dice su cara. Pero luego nos cuenta que un amigo suyo está en la tarea de digitalizarla.
Nos despedimos en la puerta del Oma. “También soy amigo de Rudy Rucker”, dice sonriente, por alguna razón distraída, mientras salimos. Shepard y Rucker están incluidos en la antología. Su vuelo sale temprano en la mañana del miércoles. Esa tarde Angélica me llama mientras peleo contra casi trescientas líneas sobre formas alternativas de generar energía en el Chocó. “Llegaron los Gel azul”, me dice.
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miércoles, 9 de octubre de 2013
domingo, 15 de julio de 2012
Las 101 mejores novelas de ciencia ficción, 1985-2010
Veintisiete años después de que David Pringle publicara Las 100 mejores novelas de ciencia ficción, Paul di Filippo y Damien Broderick adoptan la idea y para darle continuidad presentan Science Fiction: The Best 101 Novels 1985-2010.
Tristemente no tengo el libro en mis manos, así que la siguiente es apenas una comparación superficial de dos listas, con algunas observaciones, caprichosas en su intención pero más bien objetivas en su simpleza. La lista de Pringle se puede ver aquí, y la lista de Di Filippo y Broderick es esta (incluyo los títulos en español hasta donde me fue posible confirmar que existían traducciones; es posible que no haya encontrado algunos, así que agradezco cualquier dato al respecto; el asterisco indica que hay traducción pero el título en los dos idiomas es el mismo) (son libres de echar a rodar memes; ya saben: poseídos, leídos, etc.):
1. El cuento de la criada [The Handmaid’s Tale] (1985), Margaret Atwood
2. El juego de Ender [Ender’s Game] (1985), Orson Scott Card
3. Radio Libre Albemut [Radio Free Albemuth] (1985), Philip K. Dick
4. El eterno regreso a casa [Always Coming Home] (1985), Ursula K. Le Guin
5. This Is the Way the World Ends (1985), James Morrow
6. Galápagos* (1985), Kurt Vonnegut
7. La mujer que caía [The Falling Woman] (1986), Pat Murphy
8. The Shore of Women (1986), Pamela Sargent
9. A Door into Ocean (1986), Joan Slonczewski
10. Soldiers of Paradise (1987), Paul Park
11. Life During Wartime (1987), Lucius Shepard
12. Las torres del olvido [The Sea and Summer] (1987), George Turner
13. Cyteen* (1988), C. J. Cherryh
14. Neverness* (1988), David Zindell
15. The Steerswoman (1989), Rosemary Kirstein
16. Hierba [Grass] (1989), Sheri S. Tepper
17. El uso de las armas [Use of Weapons] (1990), Iain M. Banks
18. Reina de los ángeles [Queen of Angels] (1990), Greg Bear
19. Barrayar* (1991), Lois McMaster Bujold
20. Synners (1991), Pat Cadigan
21. Sarah Canary (1991), Karen Joy Fowler
22. White Queen (1991), Gwyneth Jones
23. Eternal Light (1991), Paul McAuley
24. Estaciones de la marea [Stations of the Tide] (1991), Michael Swanwick
25. Timelike Infinity (1992), Stephen Baxter
26. Chicas muertas [Dead Girls] (1992), Richard Calder
27. Jumper* (1992), Steven Gould
28. China Mountain Zhang* (1992), Maureen McHugh
29. Marte rojo [Red Mars] (1992), Kim Stanley Robinson
30. Un fuego sobre el abismo [A Fire Upon the Deep] (1992), Vernor Vinge
31. Aristoi (1992), Walter Jon Williams
32. El libro del día del juicio final [Doomsday Book] (1992), Connie Willis
33. Parable of the Sower (1993), Octavia E. Butler
34. Ammonite (1993), Nicola Griffith
35. Chimera (1993), Mary Rosenblum
36. Nocturno del sol largo [Nightside the Long Sun] (1993), Gene Wolfe
37. Jugadas decisivas [Brittle Innings] (1994), Michael Bishop
38. Ciudad Permutación [Permutation City] (1994), Greg Egan
39. Blood (1994), Michael Moorcock
40. Mother of Storms (1995), John Barnes
41. Navegante de la luminosa eternidad [Sailing Bright Eternity] (1995), Gregory Benford
42. Galatea 2.2* (1995), Richard Powers
43. La era del diamante [The Diamond Age] (1995), Neal Stephenson
44. The Transmigration of Souls (1996), William Barton
45. The Fortunate Fall (1996), Raphael Carter
46. Rakhat [The Sparrow]/Children of God (1996/1998), Mary Doria Russell
47. Fuego sagrado [Holy Fire] (1996), Bruce Sterling
48. Lámpara de noche [Night Lamp] (1996), Jack Vance
49. La Compañía del Tiempo [In the Garden of Iden] (1997), Kage Baker
50. Paz interminable [Forever Peace] (1997), Joe Haldeman
51. Glimmering (1997), Elizabeth Hand
52. Cuando Alice se subió a la mesa [As She Climbed Across the Table] (1997), Jonathan Lethem
53. The Cassini Division (1998), Ken MacLeod
54. Bloom (1998), Wil McCarthy
55. Vast (1998), Linda Nagata
56. El globo de oro [The Golden Globe] (1998), John Varley
57. Headlong (1999), Simon Ings
58. Cave of Stars (1999), George Zebrowski
59. Génesis [Genesis] (2000), Poul Anderson
60. Super-Cannes* (2000), J. G. Ballard
61. Bajo la piel [Under the Skin] (2000), Michel Faber
62. La estación de la calle Perdido [Perdido Street Station] (2000), China Miéville
63. Distance Haze (2000), Jamil Nasir
64. Trilogía de Espacio revelación (Espacio revelación, El arca de la redención, El desfiladero de la absolución) [Revelation Space, Redemption Ark, Absolution Gap] (2000-2002), Alastair Reynolds
65. Salt (2000), Adam Roberts
66. Ventus (2001), Karl Schroeder
67. The Cassandra Complex (2001), Brian Stableford
68. Luz [Light] (2002), M. John Harrison
69. Carbono alterado [Altered Carbon] (2002), Richard Morgan
70. El último día de la guerra [The Separation] (2002), Christopher Priest
71. La Edad de Oro [The Golden Age] (2002), John C. Wright
72. La mujer del viajero del tiempo [The Time Traveler’s Wife] (2003), Audrey Niffenegger
73. Historia natural [Natural History] (2003), Justina Robson
74. La clave del laberinto/Las lanzas de Dios [The Labyrinth Key/Spears of God] (2003), Howard V. Hendrix
75. El río de los dioses [River of Gods] (2004), Ian McDonald
76. La conjura contra América [The Plot Against America] (2004), Philip Roth
77. Nunca me abandones [Never Let Me Go] (2005), Kazuo Ishiguro
78. The House of Storms (2005), Ian R. MacLeod
79. Counting Heads (2005), David Marusek
80. Aire [Air] (2005), Geoff Ryman
81. Accelerando* (2005), Charles Stross
82. Spin* (2005), Robert Charles Wilson
83. My Dirty Little Book of Stolen Time (2006), Liz Jensen
84. La carretera [The Road] (2006), Cormac McCarthy
85. El dragón de Su Majestad [Temeraire/His Majesty’s Dragon] (2006), Naomi Novik
86. Visión ciega [Blindsight] (2006), Peter Watts
87. HARM (2007), Brian W. Aldiss
88. El sindicato de policía yiddish [The Yiddish Policemen’s Union] (2007), Michael Chabon
89. The Secret City (2007), Carol Emshwiller
90. En tiempos de guerra [In War Times] (2007), Kathleen Ann Goonan
91. Postsingular (2007), Rudy Rucker
92. Shadow of the Scorpion (2008), Neal L. Asher
93. Trilogía de Los juegos del hambre (Los juegos del hambre, En llamas, Sinsajo) [The Hunger Games, Catching Fire, Mockingjay] (2008-2010), Suzanne Collins
94. Pequeño hermano [Little Brother] (2008), Cory Doctorow
95. The Alchemy of Stone (2008), Ekaterina Sedia
96. La chica mecánica [The Windup Girl] (2009), Paolo Bacigalupi
97. Steal Across the Sky (2009), Nancy Kress
98. Boneshaker* (2009), Cherie Priest
99. Zoo City (2010), Lauren Beukes
100. Historia cero [Zero History] (2010), William Gibson
101. The Quantum Thief (2010), Hannu Rajaniemi
(Por alguna razón en la que mejor no me detengo, todos los vínculos llevan a reseñas escritas por Salvador.)
Así como Pringle presentó su lista como una posible definición de la ciencia ficción (tautología astuta), la enumeración hecha por Di Filippo y Broderick es un panorama bastante completo de las últimas tres décadas del género, por lo menos hasta donde puede verse. Por eso, alegra mucho encontrar a los grandes clásicos que Pringle no pudo incluir por cuestiones obvias de ignorancia del viaje en el tiempo, como Marte rojo o La era del diamante, por nombrar sólo un par, así como a autores que en 1985 apenas comenzaban a publicar o a llamar la atención de la crítica, como Lucius Shepard o Geoff Ryman.
Dato curioso: en 1985 Pringle abrió su lista con 1984 de George Orwell y la cerró con Neuromante de William Gibson (una novela de 1984). Además, en el prólogo lamentó no poder incluir Cismatrix de Bruce Sterling, por considerar que la cuenta estaba completa y cerrada. En esta ocasión, Di Filippo y Broderick también abren su lista con una distopía, El cuento de la criada, de Margaret Atwood, y como novela número 100 escogen una vez más una de William Gibson. La 101 es una ópera espacial posthumana (The Quantum Thief), justamente el género al que pertenece la de Sterling. Se podría pensar que la coincidencia es mera premeditación, sin embargo los autores esta vez hicieron más trampa y, si contamos bien, en realidad no enumeran 101 novelas, sino 107: un par de dípticos (Russell y Hendrix) y un par de trilogías (Reynolds y Collins) se cuentan como un solo volumen. En la selección de Pringle sólo había tres títulos de más disimulados: un díptico (Sladek) y una trilogía (Moorcock). (No cuento El libro del Sol Nuevo de Wolfe ni Cyteen de Cherryh, pues no se trata de series sino de novelas que fueron publicadas en varios volúmenes).
Con su selección, Pringle identificó a 1953 como uno de los grandes años para el género, cuando se publicaron ocho de las novelas de su lista (El hombre demolido, Fahrenheit 451, El fin de la infancia, Los hombres paradójicos, Lo que el tiempo se llevó, Mercaderes del espacio, Un anillo alrededor del Sol y Más que humano). Todas ellas clásicas, muchas definitivas. En Locus se discutió hace relativamente poco sobre otros años que pudieran competir por el título (vale la pena comparar todas las listas), y entre los más recientes, es decir, dentro del rango cubierto por Di Filippo y Broderick, se contaba 1992, que, en efecto, aparece también con ocho títulos en la nueva selección (Timelike Infinity, Chicas muertas, Jumper, China Mountain Zhang, Marte rojo, Un fuego sobre el abismo, Aristoi y El libro del día del juicio final). De 1992 es Snow Crash, considerada un clásico, pero fuera de la lista porque de Neal Stephenson los editores prefirieron incluir La era del diamante.
Ahora, mientras que Pringle no tuvo problema al incluir varios autores con más de un título (Dick, 6; Ballard, 4; Aldiss, Disch y Heinlein, 3 cada uno; Bester, Bradbury, Budrys, Disch, Clarke, Le Guin, Shaw, Simak, Sturgeon, Vonnegut, Watson, Wolfe (Gene) y Wyndham, 2 cada uno; Moorcock, 2 que son 4 (véase más arriba), y Pohl, uno y medio), con lo que 100 (103) novelas corresponden en realidad a 71 escritores, Di Filippo y Broderick se imponen que sólo haya un título por autor. Si en efecto las listas deben leerse como una panorámica del género en sus correspondientes periodos, la conclusión obvia es que entre 1949 y 1984 la representatividad estuvo en muchísimas menos manos. Pero, por supuesto, negar la intervención de los editores es capricho, por no decir que torpeza; aunque Pringle admitiera que ciertas inclusiones las hacía más bien de mala gana, como una forma de mantener el equilibrio (no sé si algo parecido ocurre con los otros dos), el resultado seguía siendo su idea de lo que es la ciencia ficción (en el prólogo sugiere un par de definiciones ajenas (Darko Suvin y Peter Nicholls), pero no se compromete abiertamente con ninguna). La diferencia, sin embargo, vuelve a ser significativa si se tiene en cuenta que el primer periodo es 10 años más largo que el segundo.
Cabe entonces llamar la atención sobre la superposición entre las listas. Aunque Di Filippo y Broderick no incluyen más de una obra por autor, se permiten incluir obras de autores que Pringle ya había escogido: Aldiss, Anderson, Ballard, Benford, Bishop, Butler, Dick, Gibson, Harrison (M. John), Le Guin, Moorcock, Priest, Stableford, Varley, Vonnegut y Wolfe (Gene), muchos de ellos con más de un título en la lista original, vuelven a aparecer, lo que casi equivale a una confirmación de su relevancia (y en efecto), pero también reduce el número total: 156 escritores para 210 novelas en 62 años.
En cambio, Jack Vance, una de las grandes omisiones de Pringle, sí tiene cabida en la nueva lista, mientras que entre las sorprendentes omisiones recientes basta mencionar Hyperion de Dan Simmons (no niego algo de satisfacción), como lamentar, de la misma manera que lo hizo Moorcock en el prólogo al libro de 1985, que por su naturaleza quedaran excluidos los maestros de los cuentos, como Ellison y Tiptree originalmente, y Kelly, Chiang o el mismo Di Filippo en la actualidad, desconociendo, como ya es tradición, la importancia definitiva de las formas cortas para la historia del género.
La participación de obras escritas por mujeres es mayor (32, contra ocho en Pringle), si bien no se cumple aún la esperanza de Moorcock: que la segunda vez que se hiciera el ejercicio ese porcentaje fuera la mitad. Paralelamente, no se cumple en lo absoluto la misma esperanza aplicada a obras escritas por personas negras o de una raza distinta a la blanca, aunque por lo menos esta vez el número de autores de países distintos a Estados Unidos o el Reino Unido aumenta, entre canadienses y australianos, con la presencia de una sudafricana (Beukes) y un finlandés (Rajaniemi).
Por último, en cuanto a temas o escenarios (en ciencia ficción muchas veces coinciden) aumenta la ópera espacial, aumentan el cyberpunk y sus postversiones, así como las posthumanidades que suelen estar en un punto de encuentro entre una y otro. Aumentan asimismo las inteligencias artificiales y las historias alternas (en una entrevista a propósito del nuevo libro, Di Filippo dice que “el tema dominante de gran parte de esta CF es ‘¿qué significa ser humano?’”). Además, hay varios títulos misteriosos de fantasía, aunque disfrazados de steampunk (¿y en qué momento el steampunk se volvió definitivamente ciencia ficción?) u otra forma de historia alterna: Beukes, Bishop, Kirstein, MacLeod (Ian), Miéville, Murphy, Novik, Priest (Cherie) y Sedia.
En la misma entrevista, Broderick no puede resistirse a la polémica convencional y suelta una de esas afirmaciones que si no calentaran tanto los ánimos fanáticos darían lugar a conversaciones interesantes:
Tristemente no tengo el libro en mis manos, así que la siguiente es apenas una comparación superficial de dos listas, con algunas observaciones, caprichosas en su intención pero más bien objetivas en su simpleza. La lista de Pringle se puede ver aquí, y la lista de Di Filippo y Broderick es esta (incluyo los títulos en español hasta donde me fue posible confirmar que existían traducciones; es posible que no haya encontrado algunos, así que agradezco cualquier dato al respecto; el asterisco indica que hay traducción pero el título en los dos idiomas es el mismo) (son libres de echar a rodar memes; ya saben: poseídos, leídos, etc.):
1. El cuento de la criada [The Handmaid’s Tale] (1985), Margaret Atwood
2. El juego de Ender [Ender’s Game] (1985), Orson Scott Card
3. Radio Libre Albemut [Radio Free Albemuth] (1985), Philip K. Dick
4. El eterno regreso a casa [Always Coming Home] (1985), Ursula K. Le Guin
5. This Is the Way the World Ends (1985), James Morrow
6. Galápagos* (1985), Kurt Vonnegut
7. La mujer que caía [The Falling Woman] (1986), Pat Murphy
8. The Shore of Women (1986), Pamela Sargent
9. A Door into Ocean (1986), Joan Slonczewski
10. Soldiers of Paradise (1987), Paul Park
11. Life During Wartime (1987), Lucius Shepard
12. Las torres del olvido [The Sea and Summer] (1987), George Turner
13. Cyteen* (1988), C. J. Cherryh
14. Neverness* (1988), David Zindell
15. The Steerswoman (1989), Rosemary Kirstein
16. Hierba [Grass] (1989), Sheri S. Tepper
17. El uso de las armas [Use of Weapons] (1990), Iain M. Banks
18. Reina de los ángeles [Queen of Angels] (1990), Greg Bear
19. Barrayar* (1991), Lois McMaster Bujold
20. Synners (1991), Pat Cadigan
21. Sarah Canary (1991), Karen Joy Fowler
22. White Queen (1991), Gwyneth Jones
23. Eternal Light (1991), Paul McAuley
24. Estaciones de la marea [Stations of the Tide] (1991), Michael Swanwick
25. Timelike Infinity (1992), Stephen Baxter
26. Chicas muertas [Dead Girls] (1992), Richard Calder
27. Jumper* (1992), Steven Gould
28. China Mountain Zhang* (1992), Maureen McHugh
29. Marte rojo [Red Mars] (1992), Kim Stanley Robinson
30. Un fuego sobre el abismo [A Fire Upon the Deep] (1992), Vernor Vinge
31. Aristoi (1992), Walter Jon Williams
32. El libro del día del juicio final [Doomsday Book] (1992), Connie Willis
33. Parable of the Sower (1993), Octavia E. Butler
34. Ammonite (1993), Nicola Griffith
35. Chimera (1993), Mary Rosenblum
36. Nocturno del sol largo [Nightside the Long Sun] (1993), Gene Wolfe
37. Jugadas decisivas [Brittle Innings] (1994), Michael Bishop
38. Ciudad Permutación [Permutation City] (1994), Greg Egan
39. Blood (1994), Michael Moorcock
40. Mother of Storms (1995), John Barnes
41. Navegante de la luminosa eternidad [Sailing Bright Eternity] (1995), Gregory Benford
42. Galatea 2.2* (1995), Richard Powers
43. La era del diamante [The Diamond Age] (1995), Neal Stephenson
44. The Transmigration of Souls (1996), William Barton
45. The Fortunate Fall (1996), Raphael Carter
46. Rakhat [The Sparrow]/Children of God (1996/1998), Mary Doria Russell
47. Fuego sagrado [Holy Fire] (1996), Bruce Sterling
48. Lámpara de noche [Night Lamp] (1996), Jack Vance
49. La Compañía del Tiempo [In the Garden of Iden] (1997), Kage Baker
50. Paz interminable [Forever Peace] (1997), Joe Haldeman
51. Glimmering (1997), Elizabeth Hand
52. Cuando Alice se subió a la mesa [As She Climbed Across the Table] (1997), Jonathan Lethem
53. The Cassini Division (1998), Ken MacLeod
54. Bloom (1998), Wil McCarthy
55. Vast (1998), Linda Nagata
56. El globo de oro [The Golden Globe] (1998), John Varley
57. Headlong (1999), Simon Ings
58. Cave of Stars (1999), George Zebrowski
59. Génesis [Genesis] (2000), Poul Anderson
60. Super-Cannes* (2000), J. G. Ballard
61. Bajo la piel [Under the Skin] (2000), Michel Faber
62. La estación de la calle Perdido [Perdido Street Station] (2000), China Miéville
63. Distance Haze (2000), Jamil Nasir
64. Trilogía de Espacio revelación (Espacio revelación, El arca de la redención, El desfiladero de la absolución) [Revelation Space, Redemption Ark, Absolution Gap] (2000-2002), Alastair Reynolds
65. Salt (2000), Adam Roberts
66. Ventus (2001), Karl Schroeder
67. The Cassandra Complex (2001), Brian Stableford
68. Luz [Light] (2002), M. John Harrison
69. Carbono alterado [Altered Carbon] (2002), Richard Morgan
70. El último día de la guerra [The Separation] (2002), Christopher Priest
71. La Edad de Oro [The Golden Age] (2002), John C. Wright
72. La mujer del viajero del tiempo [The Time Traveler’s Wife] (2003), Audrey Niffenegger
73. Historia natural [Natural History] (2003), Justina Robson
74. La clave del laberinto/Las lanzas de Dios [The Labyrinth Key/Spears of God] (2003), Howard V. Hendrix
75. El río de los dioses [River of Gods] (2004), Ian McDonald
76. La conjura contra América [The Plot Against America] (2004), Philip Roth
77. Nunca me abandones [Never Let Me Go] (2005), Kazuo Ishiguro
78. The House of Storms (2005), Ian R. MacLeod
79. Counting Heads (2005), David Marusek
80. Aire [Air] (2005), Geoff Ryman
81. Accelerando* (2005), Charles Stross
82. Spin* (2005), Robert Charles Wilson
83. My Dirty Little Book of Stolen Time (2006), Liz Jensen
84. La carretera [The Road] (2006), Cormac McCarthy
85. El dragón de Su Majestad [Temeraire/His Majesty’s Dragon] (2006), Naomi Novik
86. Visión ciega [Blindsight] (2006), Peter Watts
87. HARM (2007), Brian W. Aldiss
88. El sindicato de policía yiddish [The Yiddish Policemen’s Union] (2007), Michael Chabon
89. The Secret City (2007), Carol Emshwiller
90. En tiempos de guerra [In War Times] (2007), Kathleen Ann Goonan
91. Postsingular (2007), Rudy Rucker
92. Shadow of the Scorpion (2008), Neal L. Asher
93. Trilogía de Los juegos del hambre (Los juegos del hambre, En llamas, Sinsajo) [The Hunger Games, Catching Fire, Mockingjay] (2008-2010), Suzanne Collins
94. Pequeño hermano [Little Brother] (2008), Cory Doctorow
95. The Alchemy of Stone (2008), Ekaterina Sedia
96. La chica mecánica [The Windup Girl] (2009), Paolo Bacigalupi
97. Steal Across the Sky (2009), Nancy Kress
98. Boneshaker* (2009), Cherie Priest
99. Zoo City (2010), Lauren Beukes
100. Historia cero [Zero History] (2010), William Gibson
101. The Quantum Thief (2010), Hannu Rajaniemi
(Por alguna razón en la que mejor no me detengo, todos los vínculos llevan a reseñas escritas por Salvador.)
Así como Pringle presentó su lista como una posible definición de la ciencia ficción (tautología astuta), la enumeración hecha por Di Filippo y Broderick es un panorama bastante completo de las últimas tres décadas del género, por lo menos hasta donde puede verse. Por eso, alegra mucho encontrar a los grandes clásicos que Pringle no pudo incluir por cuestiones obvias de ignorancia del viaje en el tiempo, como Marte rojo o La era del diamante, por nombrar sólo un par, así como a autores que en 1985 apenas comenzaban a publicar o a llamar la atención de la crítica, como Lucius Shepard o Geoff Ryman.
Dato curioso: en 1985 Pringle abrió su lista con 1984 de George Orwell y la cerró con Neuromante de William Gibson (una novela de 1984). Además, en el prólogo lamentó no poder incluir Cismatrix de Bruce Sterling, por considerar que la cuenta estaba completa y cerrada. En esta ocasión, Di Filippo y Broderick también abren su lista con una distopía, El cuento de la criada, de Margaret Atwood, y como novela número 100 escogen una vez más una de William Gibson. La 101 es una ópera espacial posthumana (The Quantum Thief), justamente el género al que pertenece la de Sterling. Se podría pensar que la coincidencia es mera premeditación, sin embargo los autores esta vez hicieron más trampa y, si contamos bien, en realidad no enumeran 101 novelas, sino 107: un par de dípticos (Russell y Hendrix) y un par de trilogías (Reynolds y Collins) se cuentan como un solo volumen. En la selección de Pringle sólo había tres títulos de más disimulados: un díptico (Sladek) y una trilogía (Moorcock). (No cuento El libro del Sol Nuevo de Wolfe ni Cyteen de Cherryh, pues no se trata de series sino de novelas que fueron publicadas en varios volúmenes).
Con su selección, Pringle identificó a 1953 como uno de los grandes años para el género, cuando se publicaron ocho de las novelas de su lista (El hombre demolido, Fahrenheit 451, El fin de la infancia, Los hombres paradójicos, Lo que el tiempo se llevó, Mercaderes del espacio, Un anillo alrededor del Sol y Más que humano). Todas ellas clásicas, muchas definitivas. En Locus se discutió hace relativamente poco sobre otros años que pudieran competir por el título (vale la pena comparar todas las listas), y entre los más recientes, es decir, dentro del rango cubierto por Di Filippo y Broderick, se contaba 1992, que, en efecto, aparece también con ocho títulos en la nueva selección (Timelike Infinity, Chicas muertas, Jumper, China Mountain Zhang, Marte rojo, Un fuego sobre el abismo, Aristoi y El libro del día del juicio final). De 1992 es Snow Crash, considerada un clásico, pero fuera de la lista porque de Neal Stephenson los editores prefirieron incluir La era del diamante.
Ahora, mientras que Pringle no tuvo problema al incluir varios autores con más de un título (Dick, 6; Ballard, 4; Aldiss, Disch y Heinlein, 3 cada uno; Bester, Bradbury, Budrys, Disch, Clarke, Le Guin, Shaw, Simak, Sturgeon, Vonnegut, Watson, Wolfe (Gene) y Wyndham, 2 cada uno; Moorcock, 2 que son 4 (véase más arriba), y Pohl, uno y medio), con lo que 100 (103) novelas corresponden en realidad a 71 escritores, Di Filippo y Broderick se imponen que sólo haya un título por autor. Si en efecto las listas deben leerse como una panorámica del género en sus correspondientes periodos, la conclusión obvia es que entre 1949 y 1984 la representatividad estuvo en muchísimas menos manos. Pero, por supuesto, negar la intervención de los editores es capricho, por no decir que torpeza; aunque Pringle admitiera que ciertas inclusiones las hacía más bien de mala gana, como una forma de mantener el equilibrio (no sé si algo parecido ocurre con los otros dos), el resultado seguía siendo su idea de lo que es la ciencia ficción (en el prólogo sugiere un par de definiciones ajenas (Darko Suvin y Peter Nicholls), pero no se compromete abiertamente con ninguna). La diferencia, sin embargo, vuelve a ser significativa si se tiene en cuenta que el primer periodo es 10 años más largo que el segundo.
Cabe entonces llamar la atención sobre la superposición entre las listas. Aunque Di Filippo y Broderick no incluyen más de una obra por autor, se permiten incluir obras de autores que Pringle ya había escogido: Aldiss, Anderson, Ballard, Benford, Bishop, Butler, Dick, Gibson, Harrison (M. John), Le Guin, Moorcock, Priest, Stableford, Varley, Vonnegut y Wolfe (Gene), muchos de ellos con más de un título en la lista original, vuelven a aparecer, lo que casi equivale a una confirmación de su relevancia (y en efecto), pero también reduce el número total: 156 escritores para 210 novelas en 62 años.
En cambio, Jack Vance, una de las grandes omisiones de Pringle, sí tiene cabida en la nueva lista, mientras que entre las sorprendentes omisiones recientes basta mencionar Hyperion de Dan Simmons (no niego algo de satisfacción), como lamentar, de la misma manera que lo hizo Moorcock en el prólogo al libro de 1985, que por su naturaleza quedaran excluidos los maestros de los cuentos, como Ellison y Tiptree originalmente, y Kelly, Chiang o el mismo Di Filippo en la actualidad, desconociendo, como ya es tradición, la importancia definitiva de las formas cortas para la historia del género.
La participación de obras escritas por mujeres es mayor (32, contra ocho en Pringle), si bien no se cumple aún la esperanza de Moorcock: que la segunda vez que se hiciera el ejercicio ese porcentaje fuera la mitad. Paralelamente, no se cumple en lo absoluto la misma esperanza aplicada a obras escritas por personas negras o de una raza distinta a la blanca, aunque por lo menos esta vez el número de autores de países distintos a Estados Unidos o el Reino Unido aumenta, entre canadienses y australianos, con la presencia de una sudafricana (Beukes) y un finlandés (Rajaniemi).
Por último, en cuanto a temas o escenarios (en ciencia ficción muchas veces coinciden) aumenta la ópera espacial, aumentan el cyberpunk y sus postversiones, así como las posthumanidades que suelen estar en un punto de encuentro entre una y otro. Aumentan asimismo las inteligencias artificiales y las historias alternas (en una entrevista a propósito del nuevo libro, Di Filippo dice que “el tema dominante de gran parte de esta CF es ‘¿qué significa ser humano?’”). Además, hay varios títulos misteriosos de fantasía, aunque disfrazados de steampunk (¿y en qué momento el steampunk se volvió definitivamente ciencia ficción?) u otra forma de historia alterna: Beukes, Bishop, Kirstein, MacLeod (Ian), Miéville, Murphy, Novik, Priest (Cherie) y Sedia.
En la misma entrevista, Broderick no puede resistirse a la polémica convencional y suelta una de esas afirmaciones que si no calentaran tanto los ánimos fanáticos darían lugar a conversaciones interesantes:
Podría decirse que en esos 26 años se publicó más ciencia ficción madura que en el resto del siglo XX. No una tan definitivamente innovadora como la de los cuarenta y los cincuenta, cuando la mayor parte de la iconografía del género como creación imaginativa tomó forma, pero con una técnica y una profundidad tan enriquecidas que casi todos los escritores noveles empiezan hoy con un dominio más alto que el logrado por la mayoría de los escritores clásicos de la Edad de Oro. A pesar de que las regordetas trilogías fantásticas y los vampiros resplandecientes y los zombis tambaleantes anegan el mercado, el último cuarto de siglo ha sido la verdadera Edad de Oro de la ciencia ficción.
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jueves, 7 de junio de 2012
Ray Bradbury (1920-2012)
El último sobreviviente del ABC de la ciencia ficción se ha ido. El mejor escritor del ABC de la ciencia ficción. Es como si de pronto hubiera colapsado un enorme pilar que sostenía al género y entonces nos diéramos cuenta de que abajo ya no hay nada, que todo está en el aire, flotando sin sustento, o que se está desplomando en silencio, muy despacio.
Hay algo en la figura de Bradbury, y ahora su ausencia, que no descifro. Nunca fue uno de mis favoritos —demasiado nostálgico, demasiado neófobo, demasiado dulce—, y aunque disfruté y recuerdo con mucho cariño Crónicas marcianas, no hay un texto suyo que pueda considerar fundamental en mi vida.Y sin embargo...
Es exageración, claro, y honestamente no se puede decir que con su muerte queda un gran vacío para la ciencia ficción, pues lo que tenía que hacer en el género y para el género lo hizo, y con grandes letras. Pero no puedo negar que en un momento como este es más fácil, muchísimo, creer que en efecto la ciencia ficción ha muerto, que es un regalo y un recuerdo de otra época, una máquina del tiempo que no nos pertenece y no entendemos en realidad, mucho menos ahora, sin uno de sus principales inventores.
Hay algo en la figura de Bradbury, y ahora su ausencia, que no descifro. Nunca fue uno de mis favoritos —demasiado nostálgico, demasiado neófobo, demasiado dulce—, y aunque disfruté y recuerdo con mucho cariño Crónicas marcianas, no hay un texto suyo que pueda considerar fundamental en mi vida.Y sin embargo...
Es exageración, claro, y honestamente no se puede decir que con su muerte queda un gran vacío para la ciencia ficción, pues lo que tenía que hacer en el género y para el género lo hizo, y con grandes letras. Pero no puedo negar que en un momento como este es más fácil, muchísimo, creer que en efecto la ciencia ficción ha muerto, que es un regalo y un recuerdo de otra época, una máquina del tiempo que no nos pertenece y no entendemos en realidad, mucho menos ahora, sin uno de sus principales inventores.
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jueves, 14 de julio de 2011
En palabras de otros - Michael Moorcock
El Hombre y un par de amigos fueron los primeros en llegar.
—Supuse que podía considerarme invitado —dijo El Hombre mientras se quitaba el pesado impermeable. Llevaba una chaqueta de pana verde de cuello alto y calzones apretados. Parecía un gibón.
El aluvión había comenzado ya, y los invitados suspicaces estudiaban la atmósfera del sitio antes de aflojarse. Había lesbianas turcas y persas, de enormes ojos de hurí, como gatas tristes, castradas; sastres franceses; músicos alemanes; mártires judíos; un tragafuegos oriundo de Suffolk; un improvisado cuarteto de voces masculinas de la última base norteamericana en Inglaterra, el Columbia Club, de Lancaster Gate; dos obesas mojigatas; Hans Smith de Hamstead, el Último de los Intelectuales de Izquierda, la Mente Microfilm; Shades; catorce traficantes de la misma mercancía y todos de Portobello Road, las caras hundidas bajo el peso de las decepciones; un pulidor polaco a la francesa y sin empleo, traído por uno de los traficantes; un grupo pop llamado The Deep Fix; un grupo pop llamado Les Coques Sucres; un negro muy alto; un veterinario jorobado de nombre Marcus; la muchacha sueca y un adolescente suculento; tres periodistas que acababan de dispensar unos áureos apretones de mano; la Pequeña Señorita Dazzle, a quien uno de ellos había descubierto en El Vino buscando al señor Crookshank; un irlandés llamado Podles; el director literario del Oxford Mail y su hermana; veintisiete miembros de la Brigada Especial; un heterosexual; dos niños pequeños; el difunto gran Charlie Parker, recientemente llegado de México bajo el alias de Alan Bird (había estado curándose durante varios años); un psiquiatra hosco de Regent Park llamado Harper; muchísimos físicos, astrólogos, geógrafos, matemáticos, astrónomos, químicos, biólogos, músicos, monjes de monasterios disueltos, brujos, putas retiradas, estudiantes, griegos, procuradores; un albino autocompasivo; un arquitecto; casi todos los alumnos de la escuela integral local, que habían acudido al oir el alboroto; casi todos sus maestros; el jardinero de un mercado; menos de un neozelandés; doscientos húngaros que habían Elegido la Libertad y la oportunidad de ganar dinero fácil; un viajante de máquinas de coser; las madres de doce de los niños de la escuela integral; el padre de uno de los niños de la escuela integral, aunque él no lo sabía; un carnicero; otro Hombre; una Persona Desplazada; un pequeño pintor; y varios centenares de otros individuos no inmediatamente identificables.
viernes, 29 de abril de 2011
Joanna Russ (1937-2011)
Me acabo de enterar de la muerte de Joanna Russ (biblio/bio), una de las escritoras clave de la ciencia ficción feminista.
He leí muy poco de Joanna, solo su singular y espectacular novela “El hombre hembra” y algunos cuentos aquí y allá. Sus escritos reflejan muchas de las mejores criticas a la discriminación sexual, y aunque uno no necesariamente tiene que estar de acuerdo con muchas de ellas (yo estoy de acuerdo con la gran mayoría!), estas tienen un enorme poder de reflexión y siempre apuntan al lugar correcto.
Si bien hacía mucho tiempo que había abandonado su actividad como escritora de CF (creo que se dedicaba más a la política y crítica desde los 80s), su influencia en el género, en particular en las personas como yo, con un gran interés en el valor literario de la CF, y que además no se trate a la CF como un género escapista.
Este obra de Salvador Arias está bajo una licencia Creative Commons Atribución-CompartirDerivadasIgual 3.0 Unported.
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martes, 22 de febrero de 2011
En palabras de otros - James Tiptree, Jr. (2)
...Flota, visiblemente saturado, azul y verde en medio de la negrura. Él lo mira con atención: aumenta de tamaño mientras late con un ritmo aterrador y apagado, y expulsa lentamente una masa fantasmal de gran tamaño que se extiende, se solidifica... es un planeta testículo que empuja un pene monstruoso en dirección a las estrellas. El pulso de su sangre resuena a través de las sollozantes inmensidades; frío, frío. El falo tiene parsecs de longitud y vibra, busca a ciegas llevado por una presión intolerable en su interior; su punta es un enorme glande nebuloso iluminado por un destello: la Centauro. Crece, se extiende penosamente, en busca de alivio... las estrellas tañen en un crescendo insoportable...
—James Tiptree, Jr., "A Momentary Taste of Being"
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sábado, 27 de noviembre de 2010
En palabras de otros - Connie Willis
—"Entre los tesoros de la tumba de Tutankamón se encontraba una barca dorada, para que el alma viajara hacia el mundo de los muertos" —dice Zoe.
Me inclino sobre la baranda y miro el agua. No es turbia, como imaginé que sería, sino de un azul transparente y quieto, y en lo profundo el sol brilla con intensidad.
—"En la barca se habían grabado fragmentos de El libro de los muertos" —lee Zoe—, "para proteger al difunto de los monstruos y los semidioses que intentarían destruirlo antes de que lograra llegar a la Sala de los Juicios".
Hay algo en el agua. No se ha formado ni una onda, no hay el más mínimo movimiento que estremezca la imagen del sol, pero sé que hay algo allí.
—"También se encontraron conjuros escritos en papiros que habían sido sepultados con el cuerpo" —dice Zoe.
Es algo largo y oscuro, como un cocodrilo. Me inclino un poco más, aferrándome a la baranda, para tratar de ver en el agua transparente y alcanzo a percibir un destello de escamas. Viene nadando directamente hacia el barco.
—"Tales conjuros adoptaban la forma de órdenes" —lee Zoe—. "¡Retrocede, maligno! ¡Aléjate! Te lo ordeno en el nombre de Anubis y Osiris".
El agua emite destellos, vacilante.
—"No me ataques" —dice Zoe—. "Mis conjuros me protegen. Conozco el camino".
La cosa en el agua se da la vuelta y se aleja. El barco la sigue, abriéndose camino lentamente en dirección a la orilla.
—Connie Willis, "Death on the Nile"
domingo, 22 de agosto de 2010
En palabras de otros - Zoran Živković
¿Acaso existe una señal más evidente del propio envejecimiento que cuando uno no se percata de que se le ha acercado en un banco del parque una mujer así?
—Zoran Živković, Cámara oculta
(trad. Gloria Blažanović)
(trad. Gloria Blažanović)
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viernes, 18 de junio de 2010
José Saramago (1922-2010)
Murió el escritor portugués José Saramago, famoso en primer lugar por haber ganado el Nobel en 1998, en segundo lugar por algunas opiniones más o menos afortunadas y en tercer lugar porque, a raíz de lo anterior, tal vez alguien lo leyó. Hace muchos años tuve un profesor bastante mediocre, de cuyo nombre me acuerdo a veces, que leía sólo a los ganadores del Nobel y que declaró que Saramago sería, con el paso del tiempo, "un coloso". No me atrevo a decir que es así (de pronto no todavía), pero sí pareciera que en algunos aspectos, no siempre literarios, su figura llegó a ser imprescindible.
Cada año en octubre, cuando se anuncia el nuevo ganador del Nobel de Literatura, algunos miembros de la comunidad de la CF con memorias cortas o una grandísima capacidad de asombro vuelven a preguntarse por qué ningún escritor del género ha ganado el premio y cuáles serían, de entre quienes al menos respiran así mucho ya no escriban, los mejores candidatos que tenemos para ofrecer. Una reacción igual de común con que suelen encontrarse es la que recuerda que algunos de quienes han ganado el premio han cometido de cuando en cuando fantasía o ciencia ficción, de lo que Saramago tal vez podría ser el mejor ejemplo.
El último cuento de su libro Casi un objeto (1978), titulado "Cosas", es una distopía con un inevitable aire huxley-orwelliano, aunque tiene algo de fábula que la distancia de esos clásicos y le da cierta atemporalidad. En 1982 publicó Memorial del convento, que es una bellísima fantasía histórica y mi novela favorita de entre las que he leído de él. De 1986 es La balsa de piedra, otra fantasía, y de 1989 Historia del cerco de Lisboa, que tiene elementos de ucronía. Ensayo sobre la ceguera, de 1995, es una catástrofe que, en palabras de un conocido de tiempo atrás, es una versión sofisticada de El día de los trífidos de Wyndham. Es su novela más conocida por ser la que estaba más a la mano cuando le correspondió el Nobel, aunque el año del premio publicara Todos los nombres, una fantasía burocrática a la Kafka. Después vendrían La caverna (2000), una fábula sobre el terror de los centros comerciales, que se adelantaría en seis años al Kingdon Come de Ballard (quien, sin embargo, seguiría siendo el autor más apropiado para el tema), y El hombre duplicado (2002) y Las intermitencias de la muerte (2005), a medio camino entre la fantasía y la CF. Podríamos incluir también el Evangelio según Jesucristo (1991) y la última, Caín (2009), como fantasías o ucronías bíblicas, o, si queremos, riffs metaficcionales.
Creo que era Robert Silverberg, al hablar de Harlan Ellison, quien decía que había ciertos autores cuyos textos tenían una voz narradora tan característica que resultaba inevitable hacer de cuenta que eran ellos mismos quienes nos hablaban siempre, porque su presencia detrás del relato era tan fuerte que saltaba a un primer lugar. Ocurre así con Saramago, y aunque hay veces en que su voz y sus reflexiones tienen algo regañón, sermoneador, como narraciones sus obras también son notables y sus historias pueden ser razón suficiente para seguir adelante. Otra de sus famas es su estilo de frases largas con poca puntuación. Saramago utilizaba sólo comas y puntos, más las primeras que los segundos, y en alguna ocasión pensé que así serían los libros de la biblioteca de Babel, escritos todos con los mismos veinticinco caracteres. Su estilo de narración podría definirse como uno donde el narrador omnisciente anula a todos los demás personajes posibles, un libro donde no hay más que la voz del narrador, o que es puro narrador.
Pero, en rigor, habría que decir que sus novelas son parábolas antes que nada. Todas ellas están llenas de reflexiones y son una dicha para las personas a las que les gusta leer los libros en busca de frases citables, tal vez porque piensan que la narración es más un medio que un fin en sí misma. Pertenece a la misma estirpe de Kafka y Calvino, quienes habían recurrido a formas como la alegoría y la exégesis, que no excluyen lo didáctico, con el fin de atrapar (o, al menos, intentar atrapar) esa niebla que se llamó vida moderna y que fue fijación insuperable del siglo XX.
Cada año en octubre, cuando se anuncia el nuevo ganador del Nobel de Literatura, algunos miembros de la comunidad de la CF con memorias cortas o una grandísima capacidad de asombro vuelven a preguntarse por qué ningún escritor del género ha ganado el premio y cuáles serían, de entre quienes al menos respiran así mucho ya no escriban, los mejores candidatos que tenemos para ofrecer. Una reacción igual de común con que suelen encontrarse es la que recuerda que algunos de quienes han ganado el premio han cometido de cuando en cuando fantasía o ciencia ficción, de lo que Saramago tal vez podría ser el mejor ejemplo.
El último cuento de su libro Casi un objeto (1978), titulado "Cosas", es una distopía con un inevitable aire huxley-orwelliano, aunque tiene algo de fábula que la distancia de esos clásicos y le da cierta atemporalidad. En 1982 publicó Memorial del convento, que es una bellísima fantasía histórica y mi novela favorita de entre las que he leído de él. De 1986 es La balsa de piedra, otra fantasía, y de 1989 Historia del cerco de Lisboa, que tiene elementos de ucronía. Ensayo sobre la ceguera, de 1995, es una catástrofe que, en palabras de un conocido de tiempo atrás, es una versión sofisticada de El día de los trífidos de Wyndham. Es su novela más conocida por ser la que estaba más a la mano cuando le correspondió el Nobel, aunque el año del premio publicara Todos los nombres, una fantasía burocrática a la Kafka. Después vendrían La caverna (2000), una fábula sobre el terror de los centros comerciales, que se adelantaría en seis años al Kingdon Come de Ballard (quien, sin embargo, seguiría siendo el autor más apropiado para el tema), y El hombre duplicado (2002) y Las intermitencias de la muerte (2005), a medio camino entre la fantasía y la CF. Podríamos incluir también el Evangelio según Jesucristo (1991) y la última, Caín (2009), como fantasías o ucronías bíblicas, o, si queremos, riffs metaficcionales.
Creo que era Robert Silverberg, al hablar de Harlan Ellison, quien decía que había ciertos autores cuyos textos tenían una voz narradora tan característica que resultaba inevitable hacer de cuenta que eran ellos mismos quienes nos hablaban siempre, porque su presencia detrás del relato era tan fuerte que saltaba a un primer lugar. Ocurre así con Saramago, y aunque hay veces en que su voz y sus reflexiones tienen algo regañón, sermoneador, como narraciones sus obras también son notables y sus historias pueden ser razón suficiente para seguir adelante. Otra de sus famas es su estilo de frases largas con poca puntuación. Saramago utilizaba sólo comas y puntos, más las primeras que los segundos, y en alguna ocasión pensé que así serían los libros de la biblioteca de Babel, escritos todos con los mismos veinticinco caracteres. Su estilo de narración podría definirse como uno donde el narrador omnisciente anula a todos los demás personajes posibles, un libro donde no hay más que la voz del narrador, o que es puro narrador.
Pero, en rigor, habría que decir que sus novelas son parábolas antes que nada. Todas ellas están llenas de reflexiones y son una dicha para las personas a las que les gusta leer los libros en busca de frases citables, tal vez porque piensan que la narración es más un medio que un fin en sí misma. Pertenece a la misma estirpe de Kafka y Calvino, quienes habían recurrido a formas como la alegoría y la exégesis, que no excluyen lo didáctico, con el fin de atrapar (o, al menos, intentar atrapar) esa niebla que se llamó vida moderna y que fue fijación insuperable del siglo XX.
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sábado, 12 de junio de 2010
En palabras de otros - Neal Stephenson
Frente a la casa del condestable Moore una gran cabalina, que por su tamaño y masa parecía algo entre un percherón y un pequeño elefante, permanecía estólidamente de pie. Era el objeto más sucio que Nell había visto en su vida: sólo la suciedad incrustada debía de pesar cientos de kilos y evocaba el aroma de la tierra en la noche y del agua estancada. Un fragmento de una rama de moral, todavía con hojas y un par de moras, se había quedado atrapado en una articulación entre dos trozos de metal, y una larga cuerda de milenrama colgaba de uno de los tobillos.
El condestable estaba sentado en medio del bosquecillo de bambúes, envuelto en una armadura de hoplita, igualmente sucia y marcada, que era dos veces más grande que él y que hacía que su cabeza descubierta pareciese absurdamente pequeña. Se había arrancado el yelmo y lo había arrojado al estanque, donde flotaba como el casco abierto de un acorazado. Tenía aspecto demacrado y miraba ausente, sin parpadear, a la kudzú que conquistaba lenta pero inexorablemente a la glicina. Tan pronto como Nell vio su cara le preparó algo de té y se lo llevó. El condestable cogió la pequeña taza de alabastro con sus manos de armadura que podían haber roto piedras como si de rebanadas de pan se tratase. Los gruesos cañones de las armas montadas sobre los brazos del traje estaban quemados en el interior. Cogió la taza de las manos de Nell con la precisión de un robot quirúrgico, pero no se la llevó a los labios, quizá temiendo que podría, por el cansancio, calcular mal la distancia e inadvertidamente destrozar la porcelana contra su mandíbula o, incluso, decapitarse. Tan sólo sostener la taza, observando cómo subía el vapor, parecía calmarlo. Los agujeros de su nariz se dilataron una vez, luego otra.
—Neal Stephenson, La era del diamante
(Trad. Pedro Jorge Romero)
(Trad. Pedro Jorge Romero)
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sábado, 3 de abril de 2010
En palabras de otros - James Tiptree, Jr.
Tú sabes, tan bien como yo, que todos vamos por ahí disfrazados. Con la aureola metida en el bolsillo, la pezuña hendida incómoda dentro del zapato, el ojo de rayos X parpadeando detrás de unos lentes gruesos; dos enanos disfrazados como un hombre alto, un gigante encorvado dentro de su traje de rayas, una pirata vestida de ama de casa; con las alas apretadas entre las mangas; los latidos salvajes y presurosos, errantes, violentos, ardientes, amorosos de la realidad disfrazados por decoro como una habitación llena de Seres Humanos. Yo sé muy bien qué hay allá afuera, debajo de todas esas máscaras. Belleza y Poder y Terror y Amor.
—James Tiptree, Jr., citado por Michael Swanwick en la introducción a Her Smoke Rose Up Forever
sábado, 20 de febrero de 2010
KATSUHIRO OTOMO
Uno de mis mangaka y animador favoritos es Katsuhiro Otomo. Buena parte de la obra de Katsuhiro es de SF&F, y en mi opinión es uno de los mejores artistas SF que ha dado el mundo del comic (junto a Hayao Miyazaki, y, aunque no le he leído nunca sus guiones de Sandman esta también Neil Gaiman). Este post no es una reseña de la obra completa de Katsuhiro, sino de las cosas de el que he podido ver/leer, como siempre, me quedan más ganas de conocer más de su obra.
Domu, el sueño de un niño (manga). Esta historia gano el premio Seiun de manga, y recibió también el Japan SF Grand Prix, premio concedido por la sociedad de escritores de SF japones, siendo el único comic en recibir ese premio. La historia es de una misteriosa serie de muertes alrededor de un nuevo conjunto residencial, la investigación de la policía es desesperada, pues ninguna clase de evidencia parece cuadrar, entonces uno de los investigadores policiales muere al tiempo que se encuentran con un sospechoso potencial. Es una historia de poderes mentales y con muchos niños. La verdad para mi es lo mejor de Katsuhiro! La historia es increíble, el manejo de las viñetas es muy cinematográfico, la atmósfera de desespero y el suspenso es tremendo, y como no las escenas de acción y los ambientes urbanos con la marca particular de Katsuhiro. Es una lastima que nunca vio la pantalla grande porque es una obra que podría tener una adaptación fabulosa (tanto en anime, como en live action), el chisme es que Vinicio del Toro ha tratado varias veces de conseguir los derechos. Es el mejor comic que he leído que viene en un solo volumen (son 240 páginas).
Akira (Manga, Anime). Esta debe ser la historia más conocida de Katsuhiro y uno de los anime que ayudo a abrir de forma definitiva al manga y al anime al publico de occidente. Es, como Domu, una historia de poderes mentales y niños (esta vez, ya más crecidos). Tetsuo miembro de una pandilla de motociclistas, es enrolado en un programa del ejercito para desarrollar poderes mentales, una continuación de la investigación que produjo la III guerra mundial y la destrucción de Tokyo, gracias al potencial de un niño llamado Akira. Kaneda, unido por el azar a Kei, busca de rescatar a Tetsuo, pero ese se volvió loco así que trata de detenerlo, mientras Tetsuo intenta revivir a Akira. La crisis degenera en un golpe de estado y como no, con el despertar de Akira y la destrucción de nuevo de Tokyo. En el manga, Akira (que es como catatónico) y Testuo (como regente) forman un 'imperio' sobre las ruinas de Tokyo, enfrentados a Miyako, un monje que junto a unos extraños niños formo parte del programa original de Akira. Tras muchas aventuras la historia del anime y el manga convergen de nuevo con la confortación final entre Tetsuo, Kaneda y Kei, y la perdida de control de si mismo de Tetsuo.
El manga, son más de 1000 páginas con un arte tremendo, lo que permite que la historia sea mucho más rica y desarrollada, tanto que después de leerlo uno siente la historia de la pelí de una forma más vacía (creo que es mejor ver primero el anime y luego leer el manga) aún así, la pelí es impresionante, con una animación excelente, y pues no me canso de repetirla una y otra vez ;) Para mí la pelí (y el manga) es cyberpunk por excelencia (aunque no es muy 'cyber' el ambiente si que lo es!). Los ambientes urbanos y decadentes, la conspiración política, primero a nivel local y luego de alcance global, y la continua tensión, y un arte super-detallado hacen de esta obra una de las grandes del manga de SF. Aquí pueden ver mi (muy) antigua pag. dedicada a la pelí xD.
Batman, La tercera mascara (comic). Es un 'clip' de 6 paginitas ke originalmente leí en un volumen en honor a Batman y que me presto Pacho hace mucho tiempo. Es rara, muy de Katsuhiro también y da en el punto: la doble vida es esquizofrenia.
Roujin Z (anime). Una historia muy interesante de inteligencias artificiales y el cuidado de los ancianos en la sociedad actual o del futuro cercano, la vi hace mucho tiempo, y en mi vieja pag de anime hable de ella ;)
Memories (anime). Se trata de tres historias independientes cada una dirigida por alguien diferente y basadas en historias cortas de Katsuhiro. Rosa magnética es el equivalente anime de 2001 Odisea espacial. Unos recolectores de basura, reciben un llamado de auxilio en el 'sargazo' del espacio, un lugar donde hay miles de naves abandonadas. Un lugar misterioso y lleno de peligros, donde los astronautas viajan dentro de sus propios miedos perdiendo el limite de la realidad. Es excelente, simplemente es algo fantástico, para mi, es la mejor pieza animada de SF que he visto. Es interesante compararla con Planetes, que muestra una historia y ambiente más 'mundano' en un tema muy similar. Bomba apestosa, es una historia para delirar de la risa ;) pues debido a un experimento fallido un hombre se transforma, en el objetivo de todas las posibles formas de exterminio. Es demasiado graciosa xD. Carne de cañón, es la más extraña, es dirigida por Katsuhiro y recuerda a esos comics/animaciones del ayer (no se si alguien recuerda las secuencias animadas de La carga de la patrulla ligera, y la secuencia de apertura de Laputa) y con un ambiente muy steampunk. Una ciudad alejada el objetivo es ganar la guerra y el sueño de un niño es convertirse en quien dispara el cañón. Por cierto que nadie sabe ni quien es el enemigo o como saber que la guerra a terminado. Es muy rara y lo más remarcable es la animación, explícitamente de lineas gruesas y que da ese ambiente de antigüedad a todo. En resumen, las tres piezas son bien interesantes, y de muchas formas provocativas y misteriosas.
Steamboy (anime). Según me entere, se trata del anime para cine más costoso producido hasta el momento. Es la historia de un niño, James que vive en el Manchester de la era industrial victoriana --como no, es una historia de steampunk ;)--su padre murió y el le pidió que guardara una misteriosa bombona y que muchos desean. Finalmente James es atrapado y encuentra que su padre aún vive, y trabaja para crear un tremendo castillo de vapor, que sera probado en la exposición mundial de Londres y va a cambiar el mundo. Es una pelí entretenida y muy bien animada, con mucha acción. El diseño de las maquinarias, como es de esperar en todo lo de Katsuhiro, es tremendo. De cierta forma, el desarrollo y las aventuras son muy, muy similares a los de Laputa de Miyazaki, y pues mi voto se va por la pelí de Miyazaki que creo es más original y más profunda que la de Katsuhiro, de hecho, por concepto y desarrollo me esta es más simple que Akira, Memories o Roujin Z. Eso si el ambiente victoriano y de las factorías de vapor es tremendo, así como la particular flema inglesa xD. Me hubiera gustado que cuando están en el Crystal Palace, hubiera habido un paneo a los dinos de Owen ;).
Me gusta mucho el trabajo de Katsuhiro, incluso Steamboy a pesar de todo, es muy divertida y vale la pena verla ;). Una de las cosas más tristes, es que Katsuhiro abandonara el manga, aun así su trabajo en el campo de la animación sigue siendo fenomenal, y lo que dejo en el lado del manga, pues son obras maestras :).
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sábado, 30 de enero de 2010
GENE WOLFE (1980-1983) - El libro del sol nuevo (la tetralogía original)
Una vez, en un ensayo de John Clute, leí que quizá el mejor autor de los 80s, así no fuera el más influyente, era Gene Wolfe (bio/biblio). Desde ese día, me puse a buscar el chance de leer El libro del sol nuevo, un libro "único" dividido una serie de 4 novelas. Dado que hace poco se la menciono en el blog, creo que es un buen momento para esta reseña ;).
La sombra del torturador (1980). Severian es un aprendiz de torturador, en un mundo decadente, donde el sol esta a punto de extinguirse, donde se espera la llegada, tanto real como metafísica, del sol nuevo que le de un segundo aire a la humanidad. Cuando finalmente Severian consigue su grado de torturador, comete una falta, lo que lo obliga al exilio, y es enviado como verdugo (carnificario), el libro narra de las aventuras de Severian tratando de abandonar la gigantesca ciudad de Nessus, y como conoce a varios de los personajes que lo redaran en sus aventuras.
La garra del conciliador (1981). Al salir de Nessus, Severian y sus compañeros quedan separados. Pronto Severian descubre que tiene una joya muy poderosa, la garra del conciliador, con extrañas propiedades curativas. Severian vuelve a reencontrarse con sus compañeros en la casa absoluta, lugar donde reside el Autarca y la nobleza. Entonces Severian se encamina hacia Thrax, su punto de destino.
La espada del lictor (1982). Severian es el lictor (verdugo) de Thrax, hasta que un día vuelve a fallarle a su gremio y huye de la ciudad. Al no tener a donde ir, decide ir a la guerra. La historia comienza a resolverse cuando Severian logra enfrentar a sus enemigos, y descubre varias cosas sobre la garra, los autarcas y el sol nuevo.
La ciudadela del autarca (1983). Severian llega al frente de guerra, y se alista en una tropa irregular. Severian es herido en batalla y finalmente descubre su identidad (aunque de eso ya se sabia desde el inicio de la historia). Entonces, regresa a la ciudadela de Nessus, donde esta el gremio de los torturadores.
El resumen de las historias es deliberadamente escueto, pues la historia tiene muchisimas ramas que se conectan entre si, y por lo tanto, es fácil arruinar la sorpresa de muchas partes de la historia.
Eso es, El sol nuevo es una super-novela de montones de detalles y sutilezas. Al terminar, no me quedo la duda que hay que releerla ahora que buena parte de las cosas son claras. Eso si, leyendo algunas referencias de la historia, me sorprendió ver como varias cosas, no las capte--aunque si agarre otro pocotón :)--.
Pero más allá de los detalles, se trata de una serie grandiosa. El desarrollo es excelente, los escenarios y situaciones desconcertantes y sorprendentes. Aunque prácticamente el único personaje bien desarrollado es Severian (esta narrado en primera persona), este esta muy bien caracterizado. Al mismo tiempo, Severian se ufana a todo momento de su memoria infalible que recuerda todo lo que sucede a su alrededor, y nunca olvida nada (en ese aspecto yo soy idéntico a Severian xD), pero o en algunos pasajes trata de confundir al lector, o bien miente, o su memoria tiene algunos huecos, este detalle, que genera "desconfianza" en los hechos, es un gran elemento de la novela :).
En un comentario, en este post Halsivon dijo
Severian, no está narrando nada; está entablando una discusión con el lector acerca de quién tiene mejor: 1. Memoria y 2. Versión de los hechos.
Esa visualización da una idea muy precisa de la historia ;). A mi, en mucho momentos, me hizo recordar aquel momento de la Historia interminable de Michael Ende donde Atreyu pide que le narren la historia y se forma un loop infinito. De hecho, creo que muchos pasajes del libro tratan de reforzar esa idea.
No estoy muy seguro de leer La Urth del sol nuevo, una especie de libro "adicional" a la serie, pues la verdad creo que el mismo Severian deja por terminada la historia, y pues al menos para mi así esta bien... Eso si, los otros mega-libros "paralélos" a la historía (El sol largo y El sol corto) si les tengo mucha curiosidad!
Es genial y fantástica, una obra brutal, de esas a las que uno va a volver, y a volver sin cansarse.
Pd. Que buena que fue la CF de los 80s! Con CJ Cherry al inicio y al final, la presencia de El sol nuevo, luego Neuromante, y los dos primeros de Ender, en la mitad de la década y rematar con Hyperion!
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martes, 1 de diciembre de 2009
ROBERT HOLDSTOCK (1984) - Bosque mitago
Hace un par de días falleció Robert Holstock, victima de una intoxicación por E. coli (!!). Estaba dispuesto a colocar este obituario/reseña cuando vi que Felipe se me adelanto por cuestión de minutos :P. Afortunadamente, el me comprometió con la reseña ;).
Stephen regresa de la segunda guerra a su casa de campo, junto al bosque Ryhope. Allá vive Christian, su hermano, que tiene una extraña obsesión con el bosque, tal como su padre. Christian se adentra en el bosque para buscar a la mujer de la que se enamoro, una presencia del bosque (un “mitago”) llamada Gwyneth. Pero Stephen también se enamora de Gwyneth, y todo se comienza a poner bien complicado.
Que puedo decir? Es impresionante! Es una de las mejores novelas de fantasía que he leído. Todo esta perfecto en la novela. El setting, es una Inglaterra mítica que se aferra a sobrevivir a pesar del mundo moderno. Esa interacción fantasiosa del mundo actual y el viejo bosque esta muy bien lograda. Y el bosque Ryhope es todo lo que un bosque debe ser, un lugar de aventuras, y a la vez, un mundo misterioso, tenebroso, siniestro y mágico. A diferencia de otras fantasías donde hay bosques malditos o de buena suerte, Ryhope simplemente es.
Robert logra además generar un buen desarrollo de la historia, de darle giros complejos que logran que el lector, al igual que los personajes, desenmarañen los misterios de manera simultanea, mientras adquieren aprenden nuevos enigmas. Eso con un excelente desarrollo de los personajes, lo que hace mucho más vivida la historia.
Yo tenía señalada la novela por el premio mundial de fantasía (muy merecido), pero creo que fue Felipe el que me impulso más a leerla. Dado que la reseña de Felipe hace pensar que el suceso de la recomendación fue en un pasado lejano, así que espero no haber sido el culpable de apagar (un poco) su amor por la novela xD.
A pesar de que la novela es bien popular, y que ahora con la muerte de Robert, esta de nuevo en boca de todos (incluyendo.me :P--quería además incluir la cita que Jo Walton atribuye a "muchos"), me sorprende, que de una u otra forma, la popularidad de la novela, aún con su premio mundial de fantasía se tan pobre. Es decir, pocas veces la vemos en listados de "las mejores novelas de fantasía"--se destaca la selección de David Pringle, que si la tiene ;)--hasta hace un año, no había pag. de Wikipedia sobre la novela, o sobre el mismo Holdstock no había más que una corta lista de novelas (lo que dice mucho de su popularidad). Eso es una pena, y la verdad, espero que con el tiempo, se reconozca más esta poderosa novela.
Muy, pero muy recomendada! Como Felipe, no puedo decir si es de mis escritores favoritos, solo he leído esta novela, aunque para mi, esa es suficiente para que se gane un sitio entre los grandes de la fantasía moderna.
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lunes, 30 de noviembre de 2009
Robert Holdstock (1948-2009) y Bosque mitago
Ayer murió el escritor inglés Robert Holdstock. No podría decir mucho de él porque, desafortunadamente, sólo leí una novela y un cuento. El cuento ya lo olvidé pero la novela, Bosque mitago, es uno de los libros de fantasía que me abrieron los ojos, y el camino, para dejar la fantasía épica que tanto me obsesionaba en esa época. Le insistí a mi profesora de Español y literatura para que me dejara usarlo en un trabajo final, pero ella, convencida y, menos mal, poco convincente de que tenía que leer a Milan Kundera y menos fantasía, terminó aceptando, un poco de mala gana, que leyera a Borges. Yo sé que esto no tiene que ver con Holdstock pero no es mucho lo que tengo para contar al respecto.
Bosque mitago me enamoró, un poco sí, un poco no, desde el comienzo. Se abre con una carta escrita por uno de los protagonistas a un amigo en la que le revela que por fin descubrió la manera de ingresar al bosque. Apenas son tres páginas, pero la cantidad de información y pistas que hay allí es tal que quedé abrumado. El tono del libro cambia al voltear la página y comenzar la historia desde cero, pero por mucho tiempo releí la carta-prólogo para revivir la sensación de "entrar al bosque" por primera vez. La segunda novela que alguna vez planeé escribir era, inevitablemente, una novela epistolar, y todo por culpa de ese prólogo (la primera era una fantasía épica, por supuesto que claro).
El resto de la novela lo sufrí un poco porque tenía la impresión, en todo momento, de que no avanzaba nada. Sin embargo la edición de Martínez Roca me parecía bellísima, con un papel suave y cremoso al que se le podía ver una textura como de tela si uno era ocioso y miope, y una portada que me encantaba mirar (hubiese querido que la imagen se extendiera para ver así más del bosque). Pero cuando finalmente la terminé fue como cruzar otra puerta. El final me pareció dolorosa y terriblemente hermoso, uno de esos finales que le dan un sentido nuevo a todo lo que se acaba de leer y que le alegran a uno la conclusión. También fue la primera vez que vi la palabra "coda", en mi vida y en el final de un libro. El otro lugar famoso donde se encuentra, recordarán, es el epílogo de Neuromante, a la que, en palabras de Jo Walton, Bosque se compara:
Holdstock continuó la serie con una colección de cuentos y otras cinco novelas, la última de las cuales, Avilion, se publicó hace apenas unos meses. En español se conseguía también el segundo volumen, Lavondyss, pero no la leí porque la contracarátula sólo la hacía parecer un remake alargado de la anterior (alguien se pierde en el bosque, alguien entra a buscarlo, etc.) y, cuando por fin me interesé, ya no fue posible conseguirla. La editorial Gigamesh reeditó Bosque pero por alguna razón no reeditó Lavondyss y mucho menos publicó más títulos de la serie.
Tengo entendido que Salvador la leyó hace poco, así que aquí lo comprometo para que publique su reseña (si quiere, claro, no se vaya a sentir presionado).
Bosque mitago me enamoró, un poco sí, un poco no, desde el comienzo. Se abre con una carta escrita por uno de los protagonistas a un amigo en la que le revela que por fin descubrió la manera de ingresar al bosque. Apenas son tres páginas, pero la cantidad de información y pistas que hay allí es tal que quedé abrumado. El tono del libro cambia al voltear la página y comenzar la historia desde cero, pero por mucho tiempo releí la carta-prólogo para revivir la sensación de "entrar al bosque" por primera vez. La segunda novela que alguna vez planeé escribir era, inevitablemente, una novela epistolar, y todo por culpa de ese prólogo (la primera era una fantasía épica, por supuesto que claro).
Muchos en Gran Bretaña sintieron que Bosque mitago cumplía un papel tan revolucionario e innovador para la fantasía como lo había hecho Neuromante en la ciencia ficción ese mismo año.Me volví entonces promotor de la novela hasta que alguien la leyó y se volvió tan aficionado a ella que mi amor se apagó un poco, me pareció sucio. Soy más bien celoso.
Holdstock continuó la serie con una colección de cuentos y otras cinco novelas, la última de las cuales, Avilion, se publicó hace apenas unos meses. En español se conseguía también el segundo volumen, Lavondyss, pero no la leí porque la contracarátula sólo la hacía parecer un remake alargado de la anterior (alguien se pierde en el bosque, alguien entra a buscarlo, etc.) y, cuando por fin me interesé, ya no fue posible conseguirla. La editorial Gigamesh reeditó Bosque pero por alguna razón no reeditó Lavondyss y mucho menos publicó más títulos de la serie.
Tengo entendido que Salvador la leyó hace poco, así que aquí lo comprometo para que publique su reseña (si quiere, claro, no se vaya a sentir presionado).
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lunes, 23 de noviembre de 2009
En palabras de otros - Kurt Vonnegut y Douglas Adams
La ficción es inofensiva.
—Kurt Vonnegut, Wampeters, Foma & Granfalloons (1974)
—¡Cómo! ¡Inofensiva! ¿Eso es todo lo que tiene que decir? ¡Inofensiva! ¡Una palabra!
Ford se encogió de hombros.
—Bueno, hay cien mil millones de estrellas en la Galaxia, y los microprocesadores del libro sólo tienen una capacidad limitada de espacio, y, desde luego, nadie sabía mucho de la Tierra.
—¡Por amor de Dios! Espero que hayas podido rectificarlo un poco.
—Pues claro, he podido transmitir al editor un artículo nuevo. Tendrá que reducirlo un poco, pero de todos modos será una mejora.
—¿Y qué dirá entonces? —le preguntó Arthur.
—Fundamentalmente inofensiva —admitió Ford, tosiendo con cierto embarazo.
—Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico (1979)
(trad. Benito Gómez Ibáñez)
sábado, 31 de octubre de 2009
DAN SIMMONS - Tres novelas de terror
Para mi Dan Simmons (bio) es casi lo mismo que decir Hyperion. Aunque pues ciertamente es muy famoso en la CF, su mayor campo de acción es el terror, donde tiene asegurado el Locus para cada novela que publique ;), lo que demuestra que es enormemente popular en el género. Celebrando el 31 de octubre, aquí reseño algunas de sus novelas de terror (o "fantasía oscura").
La canción de Kali (1985). Esta fue la primera novela de Simmons, y le valió el World Fantasy. Bobby Luzcak va a Calcuta a buscar a un poeta, M. Das, que había desaparecido hacía 20 años, y del que dicen esta vivo y quiere volver a publicar. Una vez en Calcuta, Bobby queda impactado con la miseria de la ciudad, y con el supuesto destino de Das. La novela es fácil de leer, y aunque es corta, el tempo es lento. No se, pero me parece que su descripción de Calcuta es más una especie de cliche de la miseria del tercer mundo. No tengo idea de como sera Calcuta xD, pero la novela refleja más la Calcuta que deben ver los turistas (lo cual es adecuado, tratándose de que el protagonista es prácticamente eso), más que de la Calcuta llena de oscuras redes criminales a la sombra, que es lo que me parece pretende la novela. La más simple de las novelas de Simmons que he leído, es floja.
Los vampiros de la mente (1989). En ingles es Carrion confort (mmm, algo así como "La comodidad en la carroña"?). Fue nominada al World fantasy, y gano el Locus y el Stocker. Unos telépatas que controlan por completo a los humanos normales se enfrentan entre si, dejando una espectacular estela de cadáveres en Charleston, que incluyen al padre de Natalie. Uno de los telépatas es Willi que desea entrar a una especie de club que otros de esos telépatas forman, y que tiene gran influencia sobre la política, especialmente de US, y de los negocios, también de US. Saul, que alguna vez fue "usado" por Willi, quiere terminar con sus fechorías y se une a Natalie, y a Rob, un sheriff que investiga las muertes de Charleston.
La novela es larga, muy larga, hay incluso una super batalla en la mitad, que lo deja a uno como si se hubiera acabado el libro, pues después de eso, casi que todo vuelve y comienza. Y para los amantes de la sangre a montones, pues casi que hay mas sangre que palabras, hay toda clase de muertes grotescas, con toda la clase de muertes que uno quiera imaginar, golpes, colgados, cuchillos, desmembrados, balas, explosiones.
Lo más interesante, es que aunque es evidentemente una novela de horror, hay un elemento CF, en el sentido en que los poderes telepáticos, el principal elemento "fantástico" del libro, se lo enmarca dentro de un marco científico, he independientemente de la validez de dichos razonamientos, estos son coherentes y le dan un aspecto más mundano a la historia (aunque nunca queda claro como funciona la elevada vitalidad de los "vampiros"). Esta novela tiene muchísimas más páginas de las que necesitara (según parece es una hiper-expación de un relato que había escrito unos 5 o 6 años antes), pero tiene muchas cosas buenas e interesantes.
Los fuegos del edén (1994). Ganadora del Locus. Es una novela con dos historias paralelas, en diferentes épocas, en la isla de Hawaii, entre sendas erupciones del Mauna Loa y el Mauna Kea. La historia actual es en un hotel de millonarios que esta en venta, y que de pronto es escenario de desapariciones y asesinatos. La otra, mucho más interesante, es un diario donde Mark Twain y la protagonista se encuentran en una guerra sobrenatural entre los dioses hawainos. A diferencia de La canción ..., donde los elementos sobrenaturales son apenas insinuados, esta novela es 100% fantasía. De cierta forma, la parte actual de la novela no tiene la gracia de su contraparte del siglo XIX, que tristemente, solo quiere dar el marco de lo que sucede en la actualidad. Pero la parte actual, escrita más bien en ese estilo del best-seller gringo, pierde rápidamente fuerza, y los personajes se hacen estáticos, como esperando ver que sucede, entretanto, los personajes del "pasado" son más activos, se mueven en un mundo mágico, pero nunca están a la espera, y donde Simmons puede dar cabida a un estilo más coloquial y menos prefabricado. Aún así, pues no pasa de ser nada más que una novela entretenida.
En general, pues no se, no diría que me decepciono. Las tres novelas son entretenidas, pero carecen por mucho de la riqueza de imágenes, lo detallado y lo complejo de Hyperion. No es por la longitud: los vampiros ... es masiva, pero más bien lineal.
Por ahora voy a descansar por un rato de Simmons xD, y espero después leer su regreso a la CF. Ojala, recupere la forma que tenía en Hyperion :)!
Pd. Por cierto, me parece bien raro que las obras de Simmons no peguen en Hollywood...
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viernes, 2 de octubre de 2009
En palabras de otros - Walter M. Miller, Jr.
Los buitres se pavonearon, compusieron sus plumas y se pelearon sobre la cena; todavía no estaba lo suficientemente curada. Esperaron unos días la llegada de los lobos. Había para todos. Finalmente se comieron al poeta.
Como siempre, los rapaces negros del cielo, llegado el momento, depositaron sus huevos y alimentaron amorosamente a sus crías. Se mecieron en lo alto sobre los prados, montañas y llanuras, buscando el cumplimiento de esa parte del destino de la vida, que era el suyo, de acuerdo con los planes de la naturaleza. Sus filósofos demostraron razonablemente y sin ayuda de nadie que el supremo Cathartes aura regnans había creado el mundo especialmente para los buitres. Lo veneraron durante siglos con tremendo apetito.
—Walter M. Miller, Jr., Un cántico para Leibowitz
(Trad. I. Peypoch)
(Trad. I. Peypoch)
martes, 22 de septiembre de 2009
En palabras de otros - Jo Walton
En la utopía no hay nada que contar, sólo hay vidas que pasan el rato.
sábado, 29 de agosto de 2009
ROBERT SAWYER (2003) - El paralaje Neanderthal
Buscando en las listas de los premios Hugo recientes, vi en varias ocasiones el nombre de Robert Sawyer (bio), así que cuando me puse a leer cosas recientes, me decidí por una trilogía que le llevo a ganar el Hugo del 2003, el parelaje Neanderthal, formado por Humanos, Homindos e Híbridos.
En Humanos (ganadora del Hugo), la doctora Mary Vaughn, experta en ADN fósil, es violada. Entre tanto, en el laboratorio de Neutrinos de Sudbury, Canadá, aparece de la nada un misterioso hombre, Ponter un Neanderthal de un universo paralelo. En el mundo neanderthal, Adikor, el compañero de Ponter es acusado de asesinato, y carece de toda prueba para demostrar su inocencia. Mary encuentra en la investigación del misterioso Ponter, una válvula de escape para su violación y a su vez, para reconciliarse, de alguna forma, con el género masculino.
Con Hominidos (nominada al Hugo) la historia se hace más un techno-triller, donde se empiezan a barajar las posibilidades políticas-científicas-tecnológicas-artísticas de el intercambio entre los humanos de un lado y el otro. Por el lado de Ponter y Mary, su relación parece estabilizarse, y mientras tanto, en un fallado intento de imitar Pórtico de Fred Pohl, Ponter visita al equivalente de un psicólogo neanderthal. [Sawyer es un admirador ferviente de Pórtico].
Pero la relación entre Mary y Ponter no puede ser perfecta, pues los Neanderthales viven con parejas del mismo sexo todo el tiempo, excepto un fin de semana al mes. En Hibridos, Mary, Ponter y Adikor tratan de resolver su curioso triangulo amoroso, y además Mary trata de tener un hijo con su novio de una especie diferente.
A mi no me gusto ninguna de las novelas. El estilo de Sawyer es como el del Asimov de Fundación, más bien pedagógico, y poco profundo. Los personajes son superplanos, tienen una o dos características sobre las que Sawyer vuelve una y otra vez. Además son terriblemente anti-naturales.
Eso queda más patente en los diálogos que tienen los personajes, hay unos funestos, como todas las discusiones "teológicas" entre Mary y Ponter, y más todavía la discusión donde una física le explica a Mary sobre las ideas de Penrose de la nueva mente del emperador! Un libro que solo un físico, quizá más por respeto a Penrose, se tomaría en serio, y Mary simplemente acepta esas ideas así como vienen (bueno, es cierto, Mary es molecular, pero los moleculosos no son tan ignorantes).
En cuanto al mundo Neanderthal y todo eso, Sawyer quería que sus Neardenthales fueran muy humanos y a la vez no humanos, y coloca a los Neanderthales como gente que hace todo bien (incluyendo, claro esta, una forma de eugenesia que es una malinterpretación de las leyes de Hamilton y Mary no es capaz de demostrar que es simplemente falaz! Pero bueno, después de todo ella es molecular...), no hay crimen, protegen la naturaleza, y no tienen guerras ni religiones.
En su blog Sawyer dice que el extrapola las cosas que se saben de los Neandertahles, a su sociedad, pero no queda claro como una especie que es cazadora, y no utiliza herramientas para la cacería (según lo describe Sawyer, casan a mano limpia), ni tiene agricultura, ni tiene guerras, pudo desarrollar tecnología basada en herramientas. O como sin la religión, la ciencia teórica tiene un significado (nuestra ciencia teórica nace en occidente como un derivado directo de las organizaciones religiosas). Como se puede establecer una relación monogama, cuando hombres y mujeres solo se ven una vez al mes? (Parece que los Neanderthales son una excepción dentro de los primates, que son bastante promiscuos). Y como es que los Neanderthales, tienen exactamente las mismas diferencias entre ciencias “duras” y ciencias humanas (e incluso, el mismo despreció de los físicos por las ciencias humanas, en este caso la psicología).
No me gusto, y uno queda perplejo al ver que muchos criticos la consideran una obra importante de esta decada... sera que los lectores de CF quieren tener nuevos Asimovs?
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