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martes, 15 de febrero de 2011

LA PERSISTENCIA DE LA VISIÓN (1978) - John Varley

[NOTA: esta es la segunda de las cuatro reseñas perdidas.]

La gana de space opera sofisticado (inercia de venir de leer a Zelazny) y las dos afirmaciones de Delany que rondaban la memoria (que todo lo que hay por saber sobre implantes hay que leerlo en el Waldo de Heinlein y en Varley, y que para entender el cyberpunk es indispensable leer a Varley, a pesar de ser su completo opuesto) me trajeron hasta aquí. Observación general: la edición de Orbis excluye tres cuentos del original en inglés (“Verano retrógrado”, “Incursión aérea” y “El paso del agujero negro”), ve tú a saber las razones.

La primera afirmación de Delany se detiene en suspensivos, por lo menos mientras llega la lectura del Waldo, o de momento sólo digamos que no es tan omnipresente como se esperaba. De todos modos, sólo es una colección, y además incompleta. Sobre la segunda, tal vez quedan más dudas que conclusiones, demostración de que mi definición de cyberpunk y la de Delany difieren.

En realidad, terminé viendo más parecidos que diferencias en ese aspecto y al final fue inevitable relacionar los relatos de Varley sobre los Ocho Mundos con el ciclo Shaper/Mechanist de Sterling, haciendo la aclaración de que la obra de éste es la versión especializada en política y economía del universo de Varley. Por ejemplo, la escena en “El fantasma de Kansas” donde la protagonista explica los recovecos legales de la sucesión entre clones tiene su eco sofisticado en el cuento “Twenty Evocations” de Sterling. Por otro lado, el bajo mundo (sobre todo en “En el cuenco”, con sus ciudades venusinas) se prolongará en las obras de Gibson como un espacio de irrealidades y quebrantamiento de los límites. Cae vencido Varley con respecto a su prosa, poco ambiciosa (¿acaso será la traducción?), y esa es una brecha gigantesca en relación con el cyberpunk; pero el sense of wonder y la complejidad de mundo son deliciosos.

Uno de los mayores placeres de leer los cuatro cuentos de los Ocho Mundos incluidos en esta edición era intentar reconstruir el fondo de todo el tramado, armar una panorámica a partir de detalles secundarios en cada relato. También el encuentro de una de las concepciones de corporeidad más extrañas que haya leído, antecesora de muchas otras posthumanidades (aunque creo que todavía ninguna a ese nivel) y emparentada con la que se encuentra en “El día un millón” de Frederik Pohl: según ella el cuerpo es un punto de confluencia de formas y es múltiple, porque puede alterarse, cambiarse, rejuvenecer o resucitar, clonarse, perder los ojos, los tímpanos y las piernas y remplazarlos con facilidad. Tal vez era a esto a lo que se refería Delany.

En “En el cuenco” la descripción de la atmósfera venusina y las adaptaciones humanas a ella, además de las ciudades disfrazadas con holos, salpicadas aquí y allá por el planeta, y la relación del protagonista con Ascua, la niña, son más interesantes que el argumento aparente, lo cual no es necesariamente una mala cosa. Al final no importa mucho si las piedras que el protagonista busca están vivas o no. Hay un eco de “Collector’s Fever” de Zelazny.

Con “Cantad, bailad”, casi se puede decir que ídem. Es inevitable querer saber más de los simbiontes y la vida en los Anillos (de Saturno), y de la máquina de hacer música de Timbales que del desabrido Jano y sus agentes.

“Perdido en el banco de memoria” y “El fantasma de Kansas”, los dos ambientados en Luna, integran mucho mejor la acción y el espacio. Del primero, aunque haya mucho para celebrar, subrayo el recurso de la visita estudiantil para exponer la información sobre la operación a la que será sometido el protagonista. Del segundo, la relación climática (en más de un sentido) entre la protagonista y uno de sus parientes clones es simplemente antológica.

Los otros dos cuentos (es decir, los que no pertenecen a los Ocho Mundos) tienen también mucho a favor. Como en el caso de Una rosa para el Eclesiastés de Zelazny, el cuento premiado, “La persistencia de la visión” fue el que menos me gustó, y aun así es una muy buena pieza, con algo de Le Guin en su paisaje y en su utopía aparente. Pero tal vez lo más interesante es que se trata de una utopía distópica, en el sentido de que es una isla pequeña e imposible en medio de un mundo que se viene abajo; el contraste es violentísimo y la ocultación de los detalles que componen el mundo exterior (en oposición a la proliferación de detalles sobre Keller, la comunidad de sordomudociegos) está muy bien manejada. Además, como la mejor CF, tiene muchas cosas interesantes que decir sobre el lenguaje y lo que hacemos con él creyendo que lo dominamos. Creo que lo que no lo favorece es estar, al igual que Keller, rodeado por un mundo hostil, aunque no directamente agresivo; en este caso, los otros cinco cuentos.

“En el salón de los reyes marcianos” es un cuento con dos elementos: una colonización forzosa de Marte y una investigación xenológica. Respecto a lo primero, hay que decir que se presiente ya el manejo de personalidades memorables en espacios cerrados que Kim Stanley Robinson llevará al tope con su serie: las relaciones entre sexos, entre especialidades, por el liderazgo, con el paisaje, todo está allí en estado germinal. Extraña mucho que Varley no figure más en las listas de grandes influencias de los escritores de la década siguiente, fueran cyberpunks o humanistas.


P.D. Los cuentos restantes pueden encontrarse, junto con el prólogo perdido de Algis Budrys, en el libro En el salón de los reyes marcianos de la colección Súper Ficción de Martínez Roca. No sobra recordar que las ediciones de Orbis eran reimpresiones de títulos anteriormente publicados por otras editoriales y La persistencia era, originalmente, parte de la misma colección Súper Ficción. Lo que no sabría decir es si la edición de Orbis corresponde exactamente con la de Martínez Roca; de ser así, hay una repetición de cuentos entre La persistencia y En el salón que no tendría justificación, sobre todo si se tiene en cuenta que los tres cuentos que faltan en la primera son tal vez los más cortos y podrían haber estado, junto con los demás, en un mismo volumen. La omisión hace que el lector se pierda una pequeña joya como “Verano retrógrado” que, en pocas palabras, es el punto donde se encuentran la space opera y las soap operas, es decir, los novelones.

martes, 8 de febrero de 2011

Tres respuestas al cyberpunk 3: Aire (2004) de Geoff Ryman

Finalmente me senté a escribir la tercera entrega de las respuestas al cyberpunk. Esta vez con una maravillosa novela, que para mi es no solo la mejor de las tres reseñadas aquí, sino que es una de las mejores novelas de CF que he leído, se trata de Aire de Geoff Ryman (bio/biblio), novela con la que fue nominado al Nebula, y que se llevo el British SF, y el James Triptree.

No más al comenzar descubrimos que estamos ante una novela diferente: la primera pagina de la novela tiene un mapa, el mapa de un villorrio de no más de una docena de casas. En ese pueblito vive Mae, una consultora de belleza, en alguna apartada región de Asia central donde conviven chinos, musulmanes y eloí. Pronto el pueblo se unira a Aire, una forma más poderosa de internet que ha revolucionado el mundo entero.

Dado el setting y los personajes de esta novela, es una cosa única en la CF, en vez de avezados ingenieros, o tecnócratas/negociantes muy bien educados, o aventureros sin par, Geoff nos trae un poco de campesinos ignorantes, muchos de ellos no saben leer, y como tienen que labrar el campo todo el día, apenas si queda espacio para la aventura. Sin embargo, estamos ante CF de la mejor calidad, Geoff muestra una muy vivida situación de una sociedad que de pronto se enfrenta a un cambió tecnológico, con mucha gente que prefiere huir al cambió, y se niega a aceptarlo, a pesar de que no hay vuelta atrás.

Además de eso, todo en esta novela esta muy bien construido, la narrativa, y los personajes se integran de forma completa a la historia. Geoff nos muestra una vez más que la CF no es los personajes vs. la historia vs. el setting. En realidad, el mejor producto no es el que elabora uno de esos elementos, sino el que elabora los tres. Y por eso Aire es especial y sencillamente fantástica.

Ahora bien, esta es una respuesta muy particular al cyberpunk (o quizá mejor, una respuesta a toda la CF). Como había mencionado antes el post-cyberpunk trata de darle un respiro a la clase media generando un futuro más “amigable” de cierta manera, ignoran el reto de William Gibson cuando dijo que Neuromante no era una distopia. Geoff va a ese punto de manera directa, como se vería nuestro mundo en ese futuro ultra tecnológico si fuéramos campesinos? Después de todo, la población que describe Geoff es mucho, pero mucho mayor que la del mundo urbano del cyberpunk. Además, de manera similar a Ian MacDonald (ambos son británicos que han viajado mucho), se fija más en el tercer mundo.

Así, en este mundo de Ryman no tenemos super corporaciones, sino nuevamente gobiernos nacionales (aunque no necesariamente con mucho control), y el escenario ya no es la ciudad, sino una villa de campo. Geoff menciona aquí y allí algunos detalles de las modas y la vida “de la gran ciudad” pero eso es casi como un chisme. De cierta manera lo que le pasa “al mundo”, apenas si afecta al pequeño pueblo de Mae o por el contrario puede tener un efecto catastrófico.

Además, Geoff mueve las cosas a algo más tangible, al punto concreto que es para mi el más importante, y más “realista” en el cyberpunk (y que pues de una manera u otra, es dejado un poco de lado en las otros dos libros que examiné, más no así en los trabajos de Gibson) es el poder de las comunicaciones, y como el negocio alrededor de la conectividad, es el verdadero canal de “futuro.”

Una hermosa novela, y además una muy diferente.


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martes, 1 de febrero de 2011

Tres respuestas al cyberpunk 2: Al final del arco iris (2006) de Vernon Vinge

La segunda respuesta al cyberpunk que voy a mirar viene de una novela de Vernor Vinge(bio/biblio), “Al final del arco iris” que el 2007 gano el premio Hugo a mejor novela, y que también es, en mi opinión, una de las mejores novelas de la década.

Un agente de inteligencia descubre que misteriosamente un día mucha gente que vio un partido en tv, fue a comprar una marca de un lácteo particular, lo que genera una enorme investigación coordinada de los mayores equipos de inteligencia de la tierra, para descubrir que sucede. Entre tanto Robert Gu es revivido, varios años después de que le congelaron ahora que se a encontrado la cura a su alzhaimer. Robert, un eminente poeta (y muy mala persona) encuentra que su nueva vida ya no tiene el talento de antes.

La novela es muy, muy entretenida, tiene continuos cambios de situación, y aunque la trama se desenvuelve muy lentamente, Vernor nos mantiene siempre pendientes con sus personajes, y sobre todo, con el detallado mundo que a creado alrededor. Un mundo donde la “realidad aumentada” esta en su máxima expresión, y todo el mundo utiliza lentes de contacto y “trajes” que te permiten interactuar con el mundo de internet y el mundo real. Más allá del paradigma gibsoniano, la red de Vernor forma un todo y único con el mundo real, y es por eso que es tan poderosa.

Sin embargo, pues Vernor no puede escapar de ser estadounidense. La historia, a pesar de estar ambientada en un mundo globalizado, es muy provinciana y limitada a los lugares comunes dentro US, incluyendo a los típicos soldados de un ejercito donde el bienestar de la nación esta por encima de todo y es parangón de la eficiencia. Otro detalle gringo, todo son genes: el gen de comer tostadas, el gen que hace que me guste el color rojo o el azul, etc. Es curioso, porque el libro a la vez podría verse como un comentario acerca de que somos nosotros quienes nos construimos a nosotros mismos, pero a la vez la trama gira en torno a que somos totalmente manipulables mediante los genes.

Pero aún a pesar de esos detalles, esta tan bien hecha, que no dejan de ser detalles secundarios. Gran novela, y justa ganadora del premio Hugo.

Una cosa que me llamo la atención, es que al igual que en la vieja ciencia ficción, hay un amor por las soluciones absurdas. Parte de la trama gira en torno a la digitalización de los libros (es sin duda una respuesta directa a google books), pero la digitalización se hace destruyendo los libros y luego volviéndolos mediante algoritmos... No se, la sola idea me parece tan impráctica e implausible como los andenes rodantes de Robert Heinlein.

Ahora bien, cual es la respuesta de Vernor al cyberpunk? Alguna vez leí que cuando a William Gibson le preguntaron de la distopia de Neuromante, el dijo que Neruomante no era una distopía, a menos que uno fuera de la clase media norteamericana... Es a esa parte de la población (que es además el mercado de la CF en US) para quienes el cyberpunk era aterrador, y eso genero su respuesta más famosa: el post-cyberpunk, el resultado reaccionario de la clase media. Así, en el post-cyberpunk (como es el caso de Al final...) todo el ambiente tecnológico esta allí, pero en vez de una sociedad derrumbada, es este apoyo tecnológico lo que ha producido una nueva generación más feliz, más prospera, más cerca del “sueño americano.”

La pobreza, en cualquier expresión brilla por su ausencia en Al final..., el mundo es utópico e idílico. Es verdad, no todos tienen mucho dinero, pero todos hacen su trabajo, y viven más o menos bien, hay posibilidades para todos. Aquí, los intereses económicos de las grandes corporaciones brilla por su ausencia, el verdadero problema son las instituciones gubernamentales (en especial, las de países extranjeros).

El post-cyberpunk tiene la ventaja (como también la tenía Ian McDonald en El río de los dioses) de ver el “futuro” un poco más de cerca. A su vez, produce resultados que son más satisfactorios para mucha gente, porque no pone en duda el statu quo de nuestra sociedad ni presente, ni futura. El post-cyberpunk niega de plano al punk, es un producto más para los yuppies. Es por eso que como “movimiento” carece del poder que tenía el cyberpunk, pero sin duda, vende y gusta mucho más.

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viernes, 28 de enero de 2011

Tres respuestas al cyberpunk 1: El río de los dioses (2004) de Ian MacDonald

La primera de las respuesta al cyberpunk que quiero comentar es El río de los dioses, ganadora del British SF 2005, y nominada al Hugo, del escritor británico Ian McDonald (bio/biblio).

La novela cuenta varias historias simultaneas. Por un lado, Nandha un policía encargado de eliminar Inteligencias Artificiales fuera de control, entra a buscar una misteriosa entidad. Aj una extraña joven contacta a Thomas Lull para que le ayude a buscar a sus padres, mientras Lisa Durnau intenta localizar a Thomas, su antiguo socio/amante en la investigación de “vida artificial”, en una misión patrocinada por el gobierno de US. Todo esto ocurre en medio de una larga sequía que azota a la antigua India, fragmentada en varias naciones al borde de la guerra.

El río de los dioses es una gran novela, para mi, esta entre las mejores de la década. Ian logra dar una visión de la India y el futuro que es tremendamente realista, y los personajes son muy bien manejados, y la trama tiene muchas piezas sueltas que ajustan perfectamente en un complejo rompecabezas. Lo curioso, es que a pesar de su complejidad, la historia es muy fácil de seguir, y creo, es porque Ian se enfoca mucho en los personajes, y en que estos hagan cosas de forma convincente, sin recurrir a artificios. Es difícil encontrar una novela así, una donde a pesar de que pareciera que hay una conspiración detrás, los personajes son totalmente autónomos y donde la “conspiración” es más el curso de los acontecimientos.

Por supuesto, la novela tiene algunas cosas que no me gustan. En general, yo pues quizá un poco por mi doble background tanto en sistemas y biología, soy un tanto escéptico a la importancia que muchas veces se le da a la “vida artificial” (autómatas de estado finito), que pues parece maravillar a muchos autores de CF :P ejejej. Pero creo que eso va más en mi forma de ver el mundo, y pues aunque creo que se podría haber desarrollado la novela sin ese elemento, no me disgusta para nada el resultado final ;)

Ahora bien, comparando esta novela con el clásico cyberpunk, pues esta novela puede caracterizarse como una visión cyberpunk, pero desde los ojos del siglo XXI. Muchos de los elementos del cyberpunk siguen presentes, pero la ambientación, ya no es ochentera, sino por el contrario, mucho más actual. Después de leerla, uno siente que esta frente a una versión actualizada de Neuramante de William Gibson, novela con la que tiene muchas deudas, pero aún así su desarrollo y tratamiento es muy original.

Este “cyberpunk” del siglo XXI tiene algunas diferencias con el que lo precedió en los 80s. Si bien las corporaciones continúan con el dominio económico, su corte es más bien similar a las multinacionales actuales, en vez de versiones superpoderosas de la mafia. El poder de los estados nacionales y el nacionalismo sigue vigente. Así mismo, hay un cambio en la selección de personajes, si bien El río... tiene varios personajes marginales, la mayoría de los personajes son o bien de una clase media muy bien educada (científicos, policías de élite), y con algunos personajes en las esferas máximas del poder. Son estos personajes quienes tienen las verdaderas riendas de la historia. Con este cambió, no es posible estar seguro si los son los barrios y los lugares urbanos decadentes son como los que nos regalaron los cyberpunks en sus novelas.

En este punto, no es que la realidad urbana de El río... haya desaparecido. Todo lo contrario, para alguien que ha vivido en el tercer mundo, las calles de la India como las describe Ian, suenan de forma muy familiar. Y eso es muy importante, puesto que en general las novelas más importantes del cyberpunk, ocurren en las grandes ciudades de Europa, US y Asia, pero el verdadero tercer mundo es dejado a un lado.

Así, en esta primera respuesta, El rio... es un update del cyberpunk, una novela que sigue con muchos de los lineamientos del movimiento, pero más cercanos a nuestra sociedad actual, y con un interesante giro al tercer mundo.


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jueves, 27 de enero de 2011

Tres respuestas al cyberpunk 0: Intro

Hace casi 15 25 años se William Gibson publico Neuromante, la novela icono del cyberpunk. Junto al new wave, el cyberpunk es uno de los movimientos más importantes y controvertidos que ha visto al SF. Independientemente que el movimiento le gustara o no a la gente, su impacto fue bien claro, y hoy es posible ver su influencia en la mayor parte de la ciencia ficción, no solo escrita, sino del cine y tv.

El cyberpunk, es un hijo directo de la situación de finales de los 70s y 80s. De cierta manera, es como el equivalente en la SF de lo que el punk fue al rock (aquí y aquí Rudy Rucker pone una historia bien vivida sobre el inicio del cyberpunk!). En todos estos años, las cosas han cambiado un montón, mucha de la tecnología del cyberpunk ya esta aquí, y otra nos parece más bien risible (la “matriz” de Neuromante, parece más el ambiente de Tron (la original) que lo que hoy tenemos como internet... por cierto, hablando de Tron, ahora con la "secuela" me imagino a Gibson re-escribiendo uno de sus cuentos clásicos xD); también la situación social a cambiado, y así como el punk era para los hijos de los obreros desempleados en los 80s, con bandas fuertemente independientes, sus formas actuales (el neo-punk, o el emo) son formas totalmente comerciales dirigidas a una población joven llena de ipods, celulares e internet.

Esos cambios, como no, se ven reflejados en la literatura actual, para muchos, la principal respuesta al cyberpunk ha sido el “post-cyberpunk.” Yo alguna vez escribí que J.G. Ballard era un post-cyberpunk anterior al cyberpunk mismo, aunque seguro esta más cerca de los cyberpunks de que los posts. Pero hay otras maneras de responder al cyberpunk. En esta “serie” de reseñas, escogí 3 novelas de la última década, no se si son las mejores representantes de lo que quiero mostrar, pero son las que he leído más recientemente, y además son, en mi opinión 3 de las mejores novelas de la década, cada una se puede mirar como una respuesta particular al cyberpunk, respuestas muy distintas entre si, y creo que por eso vale la pena darles una ojeada en torno a un tema en particular!

Quizá convendría dar una especie de definición, más bien temática de lo que es el cyberpunk, para contextualizar las respuestas. Esto no quiere decir que todos los trabajos del cyberpunk cumplan con todas estas características, pero pues creo que sirven de guía.
  1. El mundo esta dominado por corporaciones o compañias que aglomeran varios sectores económicos diversos, y cuyos intereses van más allá de los estados nacionales. El interior de dichas corporaciones suele ser misterioso y muy sectario, con toda clase de intrigas, facciones y diferentes niveles de corrupción en su interior.
  2. Los estados nacionales, no tienen prácticamente ningún poder político o social. Excepto quizá el mantenimiento del aparato militar de las grandes potencias.
  3. La sociedad esta dividida en dos grandes grupos, quienes pertenecen a las corporaciones, con contratos prácticamente vitalicios, que viven aislados del resto del mundo; el segundo grupo, es en general gente que se gana la vida con trabajos más bien informales, no ligados directamente a las corporaciones o como contratistas de estas, muchos de esos trabajos son ilegales, y fuertemente ligados a todo tipo de mercados negros. La mayor parte de los personajes pertenecen al segundo grupo, la gente marginal.
  4. El sector de las comunicaciones esta dirigido a todo el público. Dominan entretenimientos como los realities, y la vida de las super-estrellas. Internet es más una especie de espacio de realidad virtual, que sigue de forma paralela al mundo real, con objetos y formas “tangibles” en esa realidad. A pesar de ser una tecnología ubicua, su dominio es bastante limitado, a geeks como los hackers (al parecer, para el resto de la gente, les es indiferente).
  5. Grandes avances en el desarrollo de tecnologías médicas, tanto hormonales como protéticas. Dicho acceso es restringido, lo que genera un enorme mercado negro.
  6. Muchas drogas y prostitución, en todos los niveles.
Estos son como los puntos comunes que yo más o menos he identificado, como dije antes, hay novelas o historias donde varios de estos puntos son ignorados o modificados, pero de una forma los voy a usar como el marco de referencia en el cual comparar las novelas cuyas reseñas publicare en los próximos días!

Update
Las tres respuestas:


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sábado, 20 de febrero de 2010

KATSUHIRO OTOMO

Uno de mis mangaka y animador favoritos es Katsuhiro Otomo. Buena parte de la obra de Katsuhiro es de SF&F, y en mi opinión es uno de los mejores artistas SF que ha dado el mundo del comic (junto a Hayao Miyazaki, y, aunque no le he leído nunca sus guiones de Sandman esta también Neil Gaiman). Este post no es una reseña de la obra completa de Katsuhiro, sino de las cosas de el que he podido ver/leer, como siempre, me quedan más ganas de conocer más de su obra.

Domu, el sueño de un niño (manga). Esta historia gano el premio Seiun de manga, y recibió también el Japan SF Grand Prix, premio concedido por la sociedad de escritores de SF japones, siendo el único comic en recibir ese premio. La historia es de una misteriosa serie de muertes alrededor de un nuevo conjunto residencial, la investigación de la policía es desesperada, pues ninguna clase de evidencia parece cuadrar, entonces uno de los investigadores policiales muere al tiempo que se encuentran con un sospechoso potencial. Es una historia de poderes mentales y con muchos niños. La verdad para mi es lo mejor de Katsuhiro! La historia es increíble, el manejo de las viñetas es muy cinematográfico, la atmósfera de desespero y el suspenso es tremendo, y como no las escenas de acción y los ambientes urbanos con la marca particular de Katsuhiro. Es una lastima que nunca vio la pantalla grande porque es una obra que podría tener una adaptación fabulosa (tanto en anime, como en live action), el chisme es que Vinicio del Toro ha tratado varias veces de conseguir los derechos. Es el mejor comic que he leído que viene en un solo volumen (son 240 páginas).

Akira (Manga, Anime). Esta debe ser la historia más conocida de Katsuhiro y uno de los anime que ayudo a abrir de forma definitiva al manga y al anime al publico de occidente. Es, como Domu, una historia de poderes mentales y niños (esta vez, ya más crecidos). Tetsuo miembro de una pandilla de motociclistas, es enrolado en un programa del ejercito para desarrollar poderes mentales, una continuación de la investigación que produjo la III guerra mundial y la destrucción de Tokyo, gracias al potencial de un niño llamado Akira. Kaneda, unido por el azar a Kei, busca de rescatar a Tetsuo, pero ese se volvió loco así que trata de detenerlo, mientras Tetsuo intenta revivir a Akira. La crisis degenera en un golpe de estado y como no, con el despertar de Akira y la destrucción de nuevo de Tokyo. En el manga, Akira (que es como catatónico) y Testuo (como regente) forman un 'imperio' sobre las ruinas de Tokyo, enfrentados a Miyako, un monje que junto a unos extraños niños formo parte del programa original de Akira. Tras muchas aventuras la historia del anime y el manga convergen de nuevo con la confortación final entre Tetsuo, Kaneda y Kei, y la perdida de control de si mismo de Tetsuo.

El manga, son más de 1000 páginas con un arte tremendo, lo que permite que la historia sea mucho más rica y desarrollada, tanto que después de leerlo uno siente la historia de la pelí de una forma más vacía (creo que es mejor ver primero el anime y luego leer el manga) aún así, la pelí es impresionante, con una animación excelente, y pues no me canso de repetirla una y otra vez ;) Para mí la pelí (y el manga) es cyberpunk por excelencia (aunque no es muy 'cyber' el ambiente si que lo es!). Los ambientes urbanos y decadentes, la conspiración política, primero a nivel local y luego de alcance global, y la continua tensión, y un arte super-detallado hacen de esta obra una de las grandes del manga de SF. Aquí pueden ver mi (muy) antigua pag. dedicada a la pelí xD.

Batman, La tercera mascara (comic). Es un 'clip' de 6 paginitas ke originalmente leí en un volumen en honor a Batman y que me presto Pacho hace mucho tiempo. Es rara, muy de Katsuhiro también y da en el punto: la doble vida es esquizofrenia.

Roujin Z (anime). Una historia muy interesante de inteligencias artificiales y el cuidado de los ancianos en la sociedad actual o del futuro cercano, la vi hace mucho tiempo, y en mi vieja pag de anime hable de ella ;)

Memories (anime). Se trata de tres historias independientes cada una dirigida por alguien diferente y basadas en historias cortas de Katsuhiro. Rosa magnética es el equivalente anime de 2001 Odisea espacial. Unos recolectores de basura, reciben un llamado de auxilio en el 'sargazo' del espacio, un lugar donde hay miles de naves abandonadas. Un lugar misterioso y lleno de peligros, donde los astronautas viajan dentro de sus propios miedos perdiendo el limite de la realidad. Es excelente, simplemente es algo fantástico, para mi, es la mejor pieza animada de SF que he visto. Es interesante compararla con Planetes, que muestra una historia y ambiente más 'mundano' en un tema muy similar. Bomba apestosa, es una historia para delirar de la risa ;) pues debido a un experimento fallido un hombre se transforma, en el objetivo de todas las posibles formas de exterminio. Es demasiado graciosa xD. Carne de cañón, es la más extraña, es dirigida por Katsuhiro y recuerda a esos comics/animaciones del ayer (no se si alguien recuerda las secuencias animadas de La carga de la patrulla ligera, y la secuencia de apertura de Laputa) y con un ambiente muy steampunk. Una ciudad alejada el objetivo es ganar la guerra y el sueño de un niño es convertirse en quien dispara el cañón. Por cierto que nadie sabe ni quien es el enemigo o como saber que la guerra a terminado. Es muy rara y lo más remarcable es la animación, explícitamente de lineas gruesas y que da ese ambiente de antigüedad a todo. En resumen, las tres piezas son bien interesantes, y de muchas formas provocativas y misteriosas.

Steamboy (anime). Según me entere, se trata del anime para cine más costoso producido hasta el momento. Es la historia de un niño, James que vive en el Manchester de la era industrial victoriana --como no, es una historia de steampunk ;)--su padre murió y el le pidió que guardara una misteriosa bombona y que muchos desean. Finalmente James es atrapado y encuentra que su padre aún vive, y trabaja para crear un tremendo castillo de vapor, que sera probado en la exposición mundial de Londres y va a cambiar el mundo. Es una pelí entretenida y muy bien animada, con mucha acción. El diseño de las maquinarias, como es de esperar en todo lo de Katsuhiro, es tremendo. De cierta forma, el desarrollo y las aventuras son muy, muy similares a los de Laputa de Miyazaki, y pues mi voto se va por la pelí de Miyazaki que creo es más original y más profunda que la de Katsuhiro, de hecho, por concepto y desarrollo me esta es más simple que Akira, Memories o Roujin Z. Eso si el ambiente victoriano y de las factorías de vapor es tremendo, así como la particular flema inglesa xD. Me hubiera gustado que cuando están en el Crystal Palace, hubiera habido un paneo a los dinos de Owen ;).

Me gusta mucho el trabajo de Katsuhiro, incluso Steamboy a pesar de todo, es muy divertida y vale la pena verla ;). Una de las cosas más tristes, es que Katsuhiro abandonara el manga, aun así su trabajo en el campo de la animación sigue siendo fenomenal, y lo que dejo en el lado del manga, pues son obras maestras :).


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sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Cómo se traduce "flash fiction"?

El número de New Scientist correspondiente a la semana del 16 de septiembre tiene a Kim Stanley Robinson como editor invitado de una pequeña sección sobre ciencia ficción, algo así como una revista dentro de la revista, que incluye una editorial donde Robinson elogia a la CF británica, la cual (según él) "pasa por una edad de oro":
Muchas de las novelas de ciencia ficción británicas de los últimos años describen el futuro cercano, dando lugar a una especie de realismo anticipatorio que es la mejor descripción de la primera década del presente siglo. Otras se lanzan a las profundidas del espacio y el tiempo distantes, dando pie a una nueva forma de ópera espacial que no es solo una entretención sofisticada, sino también, y por lo general, una alegoría surrealista de las decisiones que tenemos que tomar como civilización y como especie.
Obviando el esfuerzo implícito en el ejercicio de anticipar la primera década del presente siglo cuando nos encontramos en el año 2009, más bien celebremos esa bella descripción de la space opera u ópera espacial como "alegoría surrealista", una de las mejores que he visto. Al respecto vale la pena leer un pequeño ensayo de Paul McAuley titulado "Junk Yard Universes", donde argumenta que la nueva ópera espacial viene desde los ochentas y es la respuesta inglesa a una misma invitación a renovar el género que en Estados Unidos dio como resultado el cyberpunk.

Pero además del elogio Robinson tiene algunas palabras para el establishment literario inglés, especialmente el premio Booker, cuyos jueces ignoran las excelentes obras producidas dentro de la ciencia ficción y favorecen, en cambio, a la novela histórica, que no nos puede decir nada sobre el "sentido de la vida en el año 2009" como lo hace la literatura de nuestra época, con lo que se refiere, por supuesto, a la CF. Huelo algo de ingenuidad aquí, aunque tal vez sólo sea porque no me he bañado en dos días. Robinson es tan generoso en calificativos para con el género que es inevitable sospechar: "la forma literaria que mejor expresa nuestra época, que nos habla directamente", "nuestro mundo es una ficción científica" ("Our world is a science fiction", que en su versión en español parece tener connotaciones más inquietantes), "lo mejor de la literatura británica de esta época", "[las novelas históricas] no hablan del presente de la manera en que la ciencia ficción lo hace", y así. A manera de remate, en una movida tan extrañamente consecuente como irónica, en medio de su insistencia por el hoy invita a ocho escritores ingleses a escribir pequeñas ficciones o especulaciones sobre el mundo dentro de cien años, por ser
la zona más complicada de todas... la época... en que nuestra capacidad de crecimiento se va a ver enfrentada a enormes peligros, dando origen a un futuro inestable e impredecible.
La lista de colaboradores está compuesta por Ken MacLeod, Ian McDonald (en mi opinión, la mejor pieza), Geoff Ryman, Nicola Griffith, Stephen Baxter, Paul McAuley, Ian Watson y Justina Robson. En general, las piezas parecen más bien anotaciones de ideas (en el caso de Ryman así es) que cuentos, pues son esquemáticas y, leídas una tras otra, repetitivas. Tal vez eso nos diga algo de la ciencia ficción como forma literaria, distinto a lo que ya nos dijo Robinson: la exposición de información de fondo, con la cual se construye el mundo ficcional, necesita de extensiones más largas que la toleren o que den el espacio y el ritmo apropiados para hacerlo sin sacrificar la narración. Algo parecido ocurre con los cuentos breves escritos para la revista Nature por distintos autores durante los últimos años, aun cuando su extensión es mucho mayor que en este caso. Pero no se trata de que no sea posible escribir flash fiction* en ciencia ficción. Fredric Brown hizo algunas cosas memorables en los cincuentas, por poner un ejemplo. Pero sí, más bien, que aún queda mucho por hacer allí, lo que hasta me parece una buena noticia, por lo menos para todos aquellos que de vez en cuando consideran necesario lamentarse por que la CF está a punto de desaparecer.


* Dejo flash fiction aunque había pensado en traducirlo como minicuento. Después de leerlos me di cuenta de que son cosas diferentes.

sábado, 4 de julio de 2009

En palabras de otros - Thomas M. Disch (3)

[Hoy se conmemora un año de la muerte de Thomas Disch.]
La ciencia ficción ha estado sometida a un mandato tácito según el cual sus autores deben crear una especie de futuro consensual, un mapa que conjugue aquello considerado como deseos comunes con aquello que se teme colectivamente. La visión de la generación Asimov-Heinlein era la de un universo risueño a la Buck Rogers, con sus viajes espaciales y una expansión económica infinita; un paisaje imaginario que reflejara los ideales socioeconómicos de los Estados Unidos entre 1948 y 1962.

El siguiente futuro consensual, el de la Nueva Ola, rayó con graffitis las edificaciones que había heredado. En El sueño de hierro, Norman Spinrad reimaginaba la obra de Heinlein a través de los ojos de Adolf Hitler. El temor a la bomba y el recelo hacia el Sistema estaban a la orden del día. Pero en cuanto a la tarea esencial de crear la visión o el estilo de un periodo —establecer imágenes como el cohete, el robot, la Ciudad Gótica de rascacielos art deco— la Nueva Ola tendría calificaciones cercanas a cero. La revista New Worlds, editada por Michael Moorcock, promovía una especie de arte pop compuesto por montajes de Carnaby Street con la afirmación de iconos pop ya existentes, como las señales de las autopistas y los empaques de productos. Pero el arte pop celebraba imágenes que ya eran retro en su propia época; en los sesentas, el "futuro" sólo existía entre comillas, como una forma de camp y una fe abandonada. Ese "futuro" de anticuario quedó tipificado por la portada de la Science Fiction Encyclopedia de 1979, donde un transatlántico era arrastrado por la corriente en dirección a un derruido Empire State Building, bajo un melón gigante que, bien visto, podía ser la luna. Para el escritor de la Nueva Ola de los sesentas, el paisaje característico del futuro estaba compuesto por las ruinas de lo que había sido soñado en los treintas y los cuarentas.

La siguiente generación es la de los Cyberpunks, cuya obra aún se produce y por lo tanto está fuera de las posibilidades de una retrospectiva apropiada. Sin embargo, algo que se puede decir desde ahora es que han creado un futuro consensual definido, con una apariencia propia, una apariencia adoptada conscientemente de los escenarios de Hollywood, en especial los de Blade Runner, y de las gráficas computarizadas. Es una apariencia original que puede ser vista como una afirmación del graffiti que los autores de la Nueva Ola trazaron por toda la ciudad del futuro que habían heredado, como si dijeran: "Pues sí, el futuro es una porquería, buena parte está en pésimo estado, y lo que queda es sobre todo una ilusión electrónica, pero también es posible disfrutarlo mientras dure".
—Thomas M. Disch, "Big Ideas and Dead-End Thrills: The Further Embarrassments of Science Fiction"

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Quién es el mejor autor de CF?: Una paranoia

Al parecer la CF murió hace mucho, mucho tiempo y en esta misma galaxia. Cualquier discusión sobre el género, sus obras clásicas o sus autores más importantes vuelve a caer en Asimov, Clarke, Heinlein, Bradbury y, con algo de suerte, Dick, Lem o Le Guin. Aunque de todos ellos dos todavía viven, la idea es más bien clara: la CF llegó hasta la década de los setenta, con gran esfuerzo y muchas uñas.

¿Qué hace que esos primeros cuatro autores sigan siendo considerados los mejores? Si es por el aspecto literario, que es el primero que se descarta, incluso Bradbury, considerado el más poético de ellos (tal vez el único), ha tenido discípulos que lo superan. Así que no, no nos fijemos en eso. ¿Por imaginación e inventiva? ¿Por la escala de las ideas y los escenarios? ¿Por complejidad y nivel de detalle? ¿Por alcance filosófico o discusión social? Para cada una de esas se me ocurren varios nombres mejores. Habría que decir, de hecho, que para la última pregunta la mejor respuesta son los otros tres autores mencionados. ¿Por relevancia para el género? Podría parecer que es así, pero me confunde el asunto de la relevancia cuando quienes responden son jóvenes de veinte o hasta menos años que los leen y declaran sin conflictos que son los mejores.

En ese caso, argumentaríamos, el problema es la edad del público lector: de veinte o menos, lo más seguro es que hayan leído poco, de cualquier cosa, y sean bastante influenciables, al punto de sentirse más bien obligados a decir, a recitar, que los autores más importantes son tal y tal y tal, como una forma de lograr la aceptación dentro del círculo de iniciados. Pero, ¿en otros grupos, en otras edades? Entre personas mayores, me consta, la razón es que son los autores que leyeron y quisieron cuando jóvenes y suele ser la nostalgia la que responde por ellos. ¿Qué pasa entonces con el resto? No sé. Puede que también entren a participar cuestiones editoriales. Por ejemplo, ¿cuántas ediciones de Fundación o Fahrenheit 451 pueden encontrarse, sólo en español, en comparación con obras de los últimos veinte o diez años? Sin embargo, Heinlein, en comparación con el ABC (Asimov, Bradbury y Clarke), no es un autor muy divulgado, en el sentido de que no se encuentra con la misma facilidad en editoriales no especializadas.

Ahora sí entiendo al cyberpunk. Entiendo a Omniaveritas, Denim y los otros cuando se declaraban en contra de la sacralización de las mismas vacas. Incluso entiendo que todavía haya hoy fanáticos asombrados del cyberpunk y muyahidín de William Gibson defendiendo el futuro de su profeta como el único… interesante. Pero, ¿y si en efecto la CF murió en los setenta y los últimos treinta, cuarenta años son sólo una agonía larga y penosa que algún inconsciente colectivo borrará más tarde de una sola manotada? ¿Si hay una gran memoria que escoge silenciosamente todo y ya ha escogido aquello que quedará registrado como la definición de CF y para ella lo demás es silencio? ¿Si, en unos años, el término ciencia ficción va a ser sinónimo de pasado o nostalgia y el futuro añorado por Los Supersónicos y caricaturizado por Futurama será el mejor reflejo del género, en el más puro estilo de "El continuo Gernsback"?

Por otra parte, hay que preguntarse también dónde se producen tales discusiones, quiénes preguntan por cuáles son los mejores autores de ciencia ficción y con qué interés, y si es que no se trata sólo del juego poco disimulado de acertarle al nombre que tiene en la cabeza la persona que pregunta. Al fin y al cabo, ¿por qué otra razón escribiría yo esto?

jueves, 13 de noviembre de 2008

Más del futuro de la CF...

Aprovechando un ratito, no puedo dejar de recomendar estas piezas que salieron en una “edición especial de CF” en la revista New Scientist. Incluyen muy buenos comentarios de algunos de los escritores vivos más importantes del género! (Gibson, LeGuin, K.S. Robinson...)



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domingo, 26 de octubre de 2008

Tintedshades: Una hipótesis steampunk

El steampunk de hoy, el que se multiplica con nuestra falta de interés, es una nostalgia al cuadrado por un pasado no tan remoto. Ya de por sí nostálgico hace más de veinte años, al elegir escenarios, personajes, tramas de siglos anteriores, hoy es nostálgico porque quiere revivir una sensación que originalmente le fue contemporánea y que se ha ido diluyendo.

En el principio, poco antes y poco después de recibir su nombre, el steampunk era una rama de la literatura fantástica que tenía más bien poco que ver con vapor y con el punk, más bien con anacronismo, conspiraciones, historias secretas que podían ser historias alternas, multitud de tramas entremezcladas con multitud de personajes y estilos, por lo general tomados directa y descaradamente de otras fuentes literarias, y con un ritmo apenas apropiado para articular todo eso sin perder al lector. Pero de un momento a otro apareció vestido de armadura, rodeado de corazas y erizado de chimeneas, sufriendo, al igual que su primo hermano mayor, el cyberpunk, de una interpretación demasiado literal de su nombre.

Cuando el steampunk todavía no chasqueaba y silbaba ese trabajo le correspondía al cyberpunk, aunque en su versión más simplificada: el límite entre humano y máquina se cruzaba pero no se desdibujaba, los dos se fusionaban pero siempre había algo que se encargaba de recordar que la fusión no era natural o, por lo menos, que era imposible ignorarla: la personalidad convertida en software se enloquecía, los ojos, las uñas, los brazos prostéticos fallaban o dolían o entristecían a su dueño por lo que significaban o no llegaban a significar. Si bien nada de eso fue invento del cyberpunk, pues antecedentes había, remontándose, por ejemplo, a 1952 con Limbo de Bernard Wolfe o a la década de los setenta con Crash (1973) de J.G. Ballard y la obra de John Varley, pasando por Nova (1968) de Delany, en los ochenta le correspondió darle un nuevo giro a ese compendio de temas, problematizándolos de otra manera y de paso popularizándolos. Por razones relacionadas con el estado de las cosas y el espíritu de los tiempos, encontraron en ese momento y público la atención necesaria.

Pero fue esa misma atención la que hizo que el cyberpunk pasara de especulación o propuesta a finalidad. Con el tiempo, parte del mundo comenzó a parecerse más y más a lo que se había imaginado, no porque los autores fueran profetas o adivinos sino porque la identificación con el género permitía seguir un mismo camino. Poco después tuvimos dos cyberpunks: el que quería seguir fiel a sus raíces y al imaginario propuesto en Bladerunner (y que es, por lo general, el que podemos ver en el cine) y el que había crecido a la par con la bola que había echado a rodar y que había ido adoptando nuevas ideas y reflexiones de la ciencia y la tecnología, conservando del original el humor, la actitud, más que sus imágenes o motivos. Afortunada o desafortunadamente no tenía nombre, así que simplemente se decidió que era otra cosa o, si acaso, una manifestación renovada de la original. Pero en ella, o con ella o a partir de ella, el límite violento entre lo humano y la máquina comenzó a desdibujarse: la biología quiso reemplazar a la cibernética, la interacción con el artefacto se hizo más íntima, la inteligencia artificial más cercana. Las inquietudes, obviamente, pasaron a ser otras, tal vez nuevas versiones, pero, en cuestión de impacto y trauma, diferentes.

Allí es donde vuelve a entrar el steampunk. Una vez convertido en una rama de la ciencia ficción (al menos en apariencia) pasó a ser el espacio para representar de nuevo, y de forma convincente, el choque en el límite imposible entre humano y máquina. La máquina de vapor es la máquina por excelencia, que aspira a ser entendida e interpretada como tal y no como una versión incipiente de un organismo en camino a la evolución, y por ello es imposible (con)fundirla con lo humano: siempre habrá una superficie, un brillo, un sonido que nos recuerde su presencia, a lo cual también contribuye su tamaño irreductible. A través del steampunk podemos mantener la tecnología a raya, o crear una ilusión de que es así. En ese sentido, aunque parezca una celebración de la fusión, el steampunk de hoy sería más ludita que tecnófilo.

martes, 24 de junio de 2008

En palabras de otros - William Gibson

El futuro ya está aquí... sólo que no está uniformemente distribuido.
William Gibson, citado en The Economist, 4 de diciembre de 2003 [según Wikipedia, pero se me hace que la cita es más vieja.]

jueves, 21 de febrero de 2008

Noticias de Akira!

Según IO9, se planean dos películas en live-action de Akira, el fantástico manga de Katsuhiro Otomo y que el mismo llevo al anime en una película. Como no, Otomo sera el productor ejecutivo. La primera pelí saldría para el 2009... Según tengo entendido, en su época hubo interés (allá en Japón) de hacer el live-action, pero la consideraron muy costosa, ahora sería la oportunidad con presupuestos hollywoodescos.

Bueno, si la pelí es basada en el manga, hay mucho de donde sacar para que no sea simplemente la reinterpretación del anime... Esperaremos a ver que pasa :D, y que lo único hollyowodesco sea el presupuesto, y no el guión!
Por cierto, el blog de curiosidad No puedo creer que lo hayan inventado mostró una replica de la moto de Kaneda (que se pronuncia como se lee xD, no Ka-NEI-da) que circula en las calles de Tokyo (más pics aquí!).

Yo ya hace rato hable de el anime de Akira, esta en mi muy, muy vieja página de anime, asi que andan advertidos :P...

Me imagino ya a la gente diciendo que es una copía de The matrix (como seguro dirán con Neuromante xP)

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lunes, 7 de enero de 2008

WILLIAM GIBSON – Luz virtual / Mundo espejo

Con su primera novela, Neuromante, William Gibson lo consiguió todo, tanto que aunque su trabajo posterior es muy interesante, no a conseguido ni siquiera una fracción del éxito de Neuromante. Aquí reseño las dos novelas de el que leí recientemente, separadas por 10 y 20 años de Neuromante.

Luz virtual (1993). Es la primera presentación de la trilogía del puente, y se desarrolla en San Francisco, y donde una parte importante es el puente del Golden gate, que se a transformado en una especie de refugio de chabolas. En este mundo, la mayor parte de los asuntos policiales es controlado por supercorporaciones, uno de los protagonistas es Rydell un policía corporativo que tras recibir un mensaje falso es expulsado de la fuerza, su ex-jefe le consigue un trabajo como conductor de un detective en San Francisco. La otra historia es la de Chevette, una mensajera de San Francisco que roba casi sin querer una gafas de realidad virtual (de ahí el nombre de la novela), ella vive en el puente donde cuida de Skinner, un abuelo que la ayudo en el pasado. Por algún extraño motivo, que implica polís corruptos, y un asesino loco, el nuevo jefe de Rydell esta tras esas gafas, lo que llevara a Rydell a encontrarse con Chevette y vivir miles de aventuras. Una tercera historia, que sirve más para reforzar el backgroud del puente viene dado por Yamazaki, un estudiante japones de sociología interesado en el punte y que esta entrevistando a Skinner.

La historia es simple, y más orientada hacia la acción y la aventura, con personajes bien trabajados y una gran ambientación urbana, el puente de Gibson es aún más maravilloso y vivido que cualquiera de la mejores descripciones del sprawl y rivalizando con las de Japón en Neuromante y sus continuaciones. El puente, su sociología, su descripción y su ambiente son motivo suficiente para leer esta novela. Como en otras novelas de Gibson los personajes son marginales sociales que se hallan inmersos de repente y sin quererlo en una trama que va más allá de lo que ellos pueden ver o entender, pero en esta ocasión ellos pueden combatir y enfrentar ese destino. En el mundo del puente, la realidad virtual es mucho menos abstracta, aunque igualmente misteriosa, que la de Neuromante, y los ciberimplantes, prótesis y medicina callejera han sido dejados de lado, para ver tecnologías un poco más 'mundanas'.

Y al final 'ganan' los buenos xD.

Mundo espejo (2003). La traducción del titulo es un poco infortunada, puesto que hay un equivalente directo en español de Pattern recongnitions, y la metáfora del mundo espejo es limitada a comparar a Londres con NY. Para esta novela Gibson regresa a una única linea narrativa, la de Cayce Pollard, y además sitúa la acción en el presente, más por la onda del techno-thriller que de la ciencia ficción más estándar de sus trabajos anteriores. Cayce es una obsesionada por una serie de misteriosos videos colgado en i-net y conocidos como metraje. Su jefe, el multimillonario Bigend le pide que busque para el, al creador de esos videos. Gracias a unos 'amigos' virtuales del foro en el que ella participa sobre metraje encuentra que algunos fans japoneses han encontrado una marca de agua en los videos, ella viaja a Japón para conseguir esa marca y allá descubre unos misteriosos individuos que la están siguiendo. Todo eso matizado con el pensamiento continua de Cayce por su padre, que desapareció el 11 de septiembre.

En esta novela Gibson cambio por completo de objetivo, ya no se trata de marginales sociales, ahora los personajes (como los de los techno-thrillers) son profesionales muy especializados, en las altas esferas de la sociedad, pero dejándolos con dudas e incógnitas de la clase de lío en el que se hayan metidos. Aunque no se trate de algo novedoso, Gibson se interna de una forma excelente en las ensoñaciones de Cayce que habla con su padre en sueños, y el recuerdo del viejo Pollard esta siempre ahí rondando. La historia en general es muy similar a una de las lineas de Conde cero, una chama profesional de alto perfil, persigue una obra de arte misteriosa por medio mundo, a pedido de un multimillonario--y hay otro par de similitudes adicionales por ahí ;)--. Algo que se añora enormemente es una elaboración más de los paisajes urbanos y sociedades a la que Gibson me tenía acostumbrado, el moverse hacía el technotriller destruyo una de sus facetas más fascinantes, así los paisajes urbanos de Mundo espejo parecen más sacadas de artículos turísticos, que de la vivencia de los personajes (así Gibson visite Japón todos los años). Lo que hace fuerte a Luz virtual, es una decepción en Mundo espejo.

Pero la visión de Gibson de la tecnología sigue ahí y es sorprendente, haber escrito una historia sobre el boom de videos anónimos en i-net predijo (así fuera solo por un año) a youtube y como los vidz más anónimos de ese tipo de portales pueden transformarse en fenómenos mundiales (como Yasuri Yamile o Edgar cayo al río).

Pero aunque llena de ideas interesantes, y es en general el mejor techno-thriller que ha pasado por mis manos (incluyendo libros, cuentos, pelis, series de TV...), es la más débil de las novelas de Gibson que he leído, con un final predecible y la necesidad de dar una explicación intensa para dar coherencia a todo lo que ha pasado.

Por cierto, hay chisme de que se esta elaborando una pelí basada en el libro, ya veremos ;).

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