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lunes, 13 de febrero de 2012

ORYX Y CRAKE (2003) Margaret Atwood

A mi me gusta que al leer ciencia ficción, la parte de la especulación científica sea bien solida. Hay una buena colección de historias que lo cumplen para la física, pero son muy pocas para la biología. Pero sobre todo, me gustan las novelas que están muy bien escritas. Oryx y Crake, de Margaret Atwood (biblio/bio), es una de esas novelas.

El mundo como lo conocemos ha desaparecido, únicamente sobrevive el hombre de la nieve, que es como una especie de guía de unos extraños humanoides, los hijos de crake. El hombre se ha quedado sin comida, así que parte a una ciudad abandonada, y recuerda como en su juventud el fue amigo de Crake (el creador de los hijos), como se enamoró [y obsesionó] de Oryx, y como vivía en una sociedad que colapso rápidamente.

La novela es brutal. Margaret consigue describir una sociedad fuertemente tecnológica y consumista, donde las grandes empresas farmacéuticas y de biotecnología mueven enormes cantidades de dinero, produciendo en forma industrial comida y órganos humanos. Es un mundo de abundancia, pero también lo es de pobreza, y quienes no consiguen vivir de alguna manera empleados por las grandes empresas, se hayan condenados a la miseria.

Es posible pensar que Margaret tiene la ventaja de contar una historia en nuestra propia sociedad, lo que le permite crear un cuadro tan realista del mundo. Pero ciertamente son pocos los escritores que alguna vez han conseguido mostrar nuestra sociedad de forma tan siniestra, y que a la vez sea tan realista, y que este tan cerca a nosotros, quizá demasiado, quizá es por eso que da tanto miedo.

Otro punto fuerte, es por supuesto, su escritura. No es difícil darse cuenta porque consiguió ganar el premio Príncipe de Asturias (el más importante de la lengua española). Margaret tiene un excelente estilo cargado de un humor negro muy sutil. La novela esta llena de detalles y presentaciones que son presentados de una forma realista, al parecer libres de juicios morales, pero todo es una muy bien concebida estrategia, de forma que el hilo moral se percibe, y que el realismo (o mejor, su supuesta neutralidad) suene como una especie de burla. Pero lo que me gusta, es que Margaret no se burla del lector, todo lo contrario, lo invita a que sea el quien da sentido a ese oscuro humor.

Quizá eso sea lo que da ese aire aterrador y perturbador a la novela, el que Margaret haga que sea uno el que le de ese aire a la novela.

Otra punto a favor de la novela, es su manejo de la tecnología y desarrollo de la biotecnología. En pocas historias de ciencia ficción hay un manejo de la biología tan bien planteado. Cierto Margaret no nos da detalles técnicos, pero el ambiente científico y los desarrollos mostrados son muy realistas, con experiencias y desarrollos claramente plausibles, y aunque otros sean ciertamente fantasiosos (específicamente los hijos de Crake), su presencia es justificada para el desarrollo de la historia, y en ningún momento se siente artificial.

Quizá, gracias a sus comentarios en donde muchas veces se refiere con desdén a la ciencia ficción, es que esta obra no fue muy apreciada dentro del fandom de la CF, y es una tristeza, porque la comunidad se puede estar perdiendo de una de las mejores piezas de la primera década del 2000, y para mi, entre las grandes del género.

Muy recomendada, una excelente novela.

Licencia Creative Commons
Basada en una obra en macrocaos.blogspot.com.

domingo, 22 de agosto de 2010

En palabras de otros - Zoran Živković

¿Acaso existe una señal más evidente del propio envejecimiento que cuando uno no se percata de que se le ha acercado en un banco del parque una mujer así?
—Zoran Živković, Cámara oculta
(trad. Gloria Blažanović)

viernes, 18 de junio de 2010

José Saramago (1922-2010)

Murió el escritor portugués José Saramago, famoso en primer lugar por haber ganado el Nobel en 1998, en segundo lugar por algunas opiniones más o menos afortunadas y en tercer lugar porque, a raíz de lo anterior, tal vez alguien lo leyó. Hace muchos años tuve un profesor bastante mediocre, de cuyo nombre me acuerdo a veces, que leía sólo a los ganadores del Nobel y que declaró que Saramago sería, con el paso del tiempo, "un coloso". No me atrevo a decir que es así (de pronto no todavía), pero sí pareciera que en algunos aspectos, no siempre literarios, su figura llegó a ser imprescindible.

Cada año en octubre, cuando se anuncia el nuevo ganador del Nobel de Literatura, algunos miembros de la comunidad de la CF con memorias cortas o una grandísima capacidad de asombro vuelven a preguntarse por qué ningún escritor del género ha ganado el premio y cuáles serían, de entre quienes al menos respiran así mucho ya no escriban, los mejores candidatos que tenemos para ofrecer. Una reacción igual de común con que suelen encontrarse es la que recuerda que algunos de quienes han ganado el premio han cometido de cuando en cuando fantasía o ciencia ficción, de lo que Saramago tal vez podría ser el mejor ejemplo.

El último cuento de su libro Casi un objeto (1978), titulado "Cosas", es una distopía con un inevitable aire huxley-orwelliano, aunque tiene algo de fábula que la distancia de esos clásicos y le da cierta atemporalidad. En 1982 publicó Memorial del convento, que es una bellísima fantasía histórica y mi novela favorita de entre las que he leído de él. De 1986 es La balsa de piedra, otra fantasía, y de 1989 Historia del cerco de Lisboa, que tiene elementos de ucronía. Ensayo sobre la ceguera, de 1995, es una catástrofe que, en palabras de un conocido de tiempo atrás, es una versión sofisticada de El día de los trífidos de Wyndham. Es su novela más conocida por ser la que estaba más a la mano cuando le correspondió el Nobel, aunque el año del premio publicara Todos los nombres, una fantasía burocrática a la Kafka. Después vendrían La caverna (2000), una fábula sobre el terror de los centros comerciales, que se adelantaría en seis años al Kingdon Come de Ballard (quien, sin embargo, seguiría siendo el autor más apropiado para el tema), y El hombre duplicado (2002) y Las intermitencias de la muerte (2005), a medio camino entre la fantasía y la CF. Podríamos incluir también el Evangelio según Jesucristo (1991) y la última, Caín (2009), como fantasías o ucronías bíblicas, o, si queremos, riffs metaficcionales.

Creo que era Robert Silverberg, al hablar de Harlan Ellison, quien decía que había ciertos autores cuyos textos tenían una voz narradora tan característica que resultaba inevitable hacer de cuenta que eran ellos mismos quienes nos hablaban siempre, porque su presencia detrás del relato era tan fuerte que saltaba a un primer lugar. Ocurre así con Saramago, y aunque hay veces en que su voz y sus reflexiones tienen algo regañón, sermoneador, como narraciones sus obras también son notables y sus historias pueden ser razón suficiente para seguir adelante. Otra de sus famas es su estilo de frases largas con poca puntuación. Saramago utilizaba sólo comas y puntos, más las primeras que los segundos, y en alguna ocasión pensé que así serían los libros de la biblioteca de Babel, escritos todos con los mismos veinticinco caracteres. Su estilo de narración podría definirse como uno donde el narrador omnisciente anula a todos los demás personajes posibles, un libro donde no hay más que la voz del narrador, o que es puro narrador.

Pero, en rigor, habría que decir que sus novelas son parábolas antes que nada. Todas ellas están llenas de reflexiones y son una dicha para las personas a las que les gusta leer los libros en busca de frases citables, tal vez porque piensan que la narración es más un medio que un fin en sí misma. Pertenece a la misma estirpe de Kafka y Calvino, quienes habían recurrido a formas como la alegoría y la exégesis, que no excluyen lo didáctico, con el fin de atrapar (o, al menos, intentar atrapar) esa niebla que se llamó vida moderna y que fue fijación insuperable del siglo XX.

domingo, 11 de octubre de 2009

La fotografía que huye: Una filmografía steampunk

En Tor.com octubre es el mes del steampunk. Me parece que eso debería decirnos algo. ¿Es el steampunk un disfraz que se ponen otros géneros o es un género que ha existido siempre, tal vez desde la creación del mundo o la caída de Federico Barbarroja de su caballo, y que no hemos notado por los muchos disfraces que le gusta vestir? Es un gran misterio. Tan grande que aunque me atreviera a sondearlo seguro me enloquecería en los primeros centímetros de superficie, así que es mejor dejarlo de ese hondo.

Sin embargo, a manera de única temeridad, quiero presentar la siguiente filmografía de algunos clásicos del steampunk que aún esperan su merecido reconocimiento. Las razones de que no lo hayan recibido se me escapan y soy muy flojo para seguirlas. Tal vez (no soy tan flojo en cambio como para rechazar una especulación) no había llegado su hora y necesitaban permanecer ocultos, de acuerdo con la naturaleza truculenta del género que representan, o tal vez las fuerzas del mal que rigen el mundo y que habían silenciado (y diezmado, digámoslo de una vez) al steampunk y a sus representantes movieron cuanto hilo para postergar tal hora, no sin violencia ni conspiración, invirtiendo cantidades industriales de energía que no habrían podido conseguirse de otra manera que no fuera siendo parte del círculo interno.



Le Voyage dans la lune (1903)
A principios de siglo Georges Méliès se atrevió a imaginar una historia alterna en la que el hombre (los franceses, por lo menos) llegaba a la Luna antes de 1969. Como anticipación, en lo único que acertó fue en los colores.

The General (1926) y Steamboat Bill, Jr. (1928)
En estas películas uno de los personajes principales es una máquina de vapor.

Lo que el viento se llevó (1939)
Ucronía que combina la Guerra Civil de los Estados Unidos con zombis: pocos lo notan, pero los actores ya están muertos.

Alicia en el País de las Maravillas (1951)
Reflexión temprana sobre la psicodelia en un bidimensional XIX victoriano.

Oliver! (1968)
¿Qué pasaría si los personajes de Dickens cantaran y bailaran?

La naranja mecánica (1971)
Su título la delata.

They Might Be Giants (1971)
Aunque es más bien slipstream, se trata de una historia donde el protagonista canaliza a Sherlock Holmes y su psiquiatra al doctor Watson, en Nueva York.

Los imperdonables (1992)
Western en un mundo alterno donde los pistoleros llegan a viejos.

La señora Brown (1997)
Mundo alterno donde la reina Victoria tiene la cara de Judi Dench.

Amélie (2001)
Su sutil exploración de los temas steampunk podría valerle la exclusión apresurada de la filmografía canónica, pero, sin ir más lejos, sólo hay que recordar que el camino de los protagonistas se cruza una y otra vez en una estación de tren, y que hay muchas fotos, invento de ese siglo demente. También hay un gnomo burlón, un soldado que vuelve de la muerte, un caballo y música de acordeón. Por no hablar de que ocurre en París, que es como Londres pero en francés.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Los cronocrímenes (2007) - Dir. Nacho Vigalondo

Una de las cosas a que nos tiene mal acostumbrados Hollywood es esa idea de que las historias de ciencia ficción y fantasía tienen que suponer que el mundo (si no el universo) entero, y con ello quiero decir Estados Unidos y uno que otro país usado con fines metafóricos, depende de las acciones de los personajes, por pequeños que sean. Incluso en una historia como Volver al futuro, donde finalmente se nos cuenta el destino de un adolescente medio nada en un pueblo perdido en las brumas del american dream, la continuidad (¿persistencia?) de la realidad, con todos sus tentáculos, depende de que Michael J. Fox no le mire por demasiado tiempo el escote a la versión joven de su mamá o de lo alto que pueda gritar Christopher Lloyd cada vez que se le quiere hablar del futuro. Por eso cuando uno ve una película como Los cronocrímenes (el primero de los cuales (de ahí el plural) se comete en el título), tiene una primera hora o algo así de retorcerse en la silla tratando de acostumbrarse a la idea de que no es más que la historia de un español más bien simple que descubre por accidente que sus vecinos tienen una máquina del tiempo.

El reflejo condicionado nos haría esperar viajes al pasado remoto, donde hay que caminar con cuidado para no pisar mariposas que pueden, por algún caso peculiar de zoofilia en la familia, resultar siendo los ancestros directos del mismísimo rey David, con lo que seguramente terminaríamos viendo llover donas, o al futuro lejano, donde tribus de niños salvajes luchan por el dominio de un mundo desértico en lo que antes era la ciudad de Los Ángeles, visión de las más traumáticas y violentas que habría que evitar a toda costa. O la historia del viajero bienintencionado que quiere matar a Hitler en su cuna, aliviar el dolor de Jesús con marihuana o preguntarle a Sócrates si en realidad era tan irritante como Platón lo pintó; por no hablar de salvar a Lincoln de morir asesinado por Jack el destripador, quien es en realidad Edgar Allan Poe con gafas oscuras.

Pero no. La historia se desarrolla en un nivel más bien doméstico, donde el único destino apostado es el del protagonista y los desplazamientos no pasan de unas cuantas horas. Es difícil, y por eso tanta tomadura de pelo, hablar de Los cronocrímenes sin dañarla; ni siquiera se puede decir cuál es el cuento de Robert Heinlein al que hace homenaje sin que eso suponga contar el final. Se trata de un thriller (o tecnothriller, por qué no) que funciona como un pequeño rompecabezas que se arma solo y que finalmente espera del espectador apenas un poco de especulación y hora y media de paciencia: Héctor está sentado en el jardín de su casa, mirando con los binoculares hacia el bosque, cuando descubre a una muchacha que se desnuda. Intrigado (sí, claro) se interna entre los árboles y, apenas la encuentra, es atacado por un personaje misterioso que lo persigue hasta un edificio en lo alto de la colina, donde hay unas instalaciones científicas. A partir de allí es un solo suspenso distribuido entre dos (o de pronto tres) misterios.

El título y la transformación del personaje nos pueden invitar a reflexionar sobre el aspecto ético de conocer de antemano las propias acciones y sus consecuencias, y, por tanto, de las decisiones que tomamos en función de ellas. De ser así, no se trataría entonces de ciencia ficción clásica de gran escala, donde se extrapolan los efectos de la tecnología en toda la sociedad (o al menos una sociedad), sino una especulación más modesta sobre nuestras propias reacciones a situaciones que resultan ser más que extraordinarias y sobre nuestra capacidad de dañar y de dañarnos. Pero no me atrevo a decir que así sea como lo ve todo el mundo ni que esa sea la intención más clara del director.

La verdad, no me siento muy partidario de filosofar sobre esta película. Me pregunto si es realmente ciencia ficción o si nos sentimos obligados a pensar que lo es porque hay una máquina para viajar por el tiempo. Lo cual, por lo menos para mí, es como decir que no sé si vale la pena buscarle patas reflexivas o dejarla como una historia que voy a olvidar la otra semana, o mañana. Aparte del inevitable remake hollywoodense, que por su propia naturaleza queda por fuera del caso, no la imagino dejando una enorme estela de influencia. Ni siquiera una muy pequeña. Entre otras cosas porque los elementos que se le elogian, como un guión inteligente (por la forma en que se atan los cabos más que por su estructura —una línea rigurosa— o sus diálogos) y un bajo presupuesto, son ya lugares comunes que se quieren hacer pasar por sinónimos de calidad sin que lo sean necesariamente.

En este momento prefiero verla como un motivo para ponerme a pensar sobre la manera en que “leemos” ciencia ficción. A fin de cuentas, ¿qué es un género: un inventario de motivos o el uso que hacemos de ese inventario? Samuel Delany insiste en que la CF no es un género sino un lenguaje, y lo que ocurre con Los cronocrímenes puede ser una prueba de ello (aunque prácticamente lo mismo puede decirse de cualquier género (valdría la pena ponerse a imaginar lo contrario: que todo lenguaje fuera un género literario)). Es en el cambio que ha sufrido la lectura y en la confirmación de su carácter de lenguaje donde se encuentra la raíz de aquello que ahora conocemos como slipstream o que se ha interpretado como la muerte (una de tantas) de la ciencia ficción. Ahora podemos ver CF donde no la hay, o donde antes no habríamos admitido que la había, y tal vez no sea más que celo lo que nos obliga, en el fondo, ma non troppo, a meter nuestras narices en todos los sitios donde salta un viajero del tiempo o alguien se enamora de su iPod o una nave espacial quebranta la atmósfera.

Calificación: Tres tijeras.

sábado, 16 de mayo de 2009

J. G. BALLARD (1975) – Rascacielos

Siguiendo con el homenaje a James Ballard, leí hace poco Rascacielos, otra de esas novelas de James que juegan con el limite de la ciencia ficción y el mainstream, y donde encontramos esa aguada vista de nuestra sociedad que solo el puede tener.

La historia gira en torno a tres personajes dentro de un enorme edificio de apartamentos. Richard Wilder es un productor de TV, Robert Laing, un reconocido profesor universitario, y Anthony Royal un prestigioso arquitecto, que fue el diseñador del edificio. Estos tres personajes van viendo de forma diferente el desarrollo de la vida dentro del edificio, que cuando las cosas comienzan a fallar se transforma en una sociedad decadente y en guerra.

Una de las cosas que me a impresionado de James, es su capacidad para crear entornos que son a la vez muy reales e irreales. James hace que el lector se sienta perturbado, al colocar situaciones que hacen que uno se sienta enfermo al pensar que en efecto cosas así bien pueden suceder. James conoce muy ben a los seres humanos, y sabe cuales son nuestros secretos más profundos.

Pero aparte de eso, esta esa poderosa visión de la alienación. Mientras en Crash o Compañía de sueños... James presentaba la alienación de un hombre, y sus cercanos, aquí explora la de un enorme grupo de personas dentro de un edificio que de repente se transforma por completo. Su visión de lo que es el mundo externo y lo que es el mundo del edificio se disloca por completo.

James trato de mostrar algo similar, pero sin tanto éxito en su novela corta Furia feroz. Las victimas son las mismas que las de Crash o Compañía... la clase media, o la clases altas. De cierta manera, James es como un "para-Cyberpunk", pues sus personajes son tipos que se transforman prácticamente criminales, pero a diferencia del "punk", esta es gente de mucho dinero y muy buenas posibilidades económicas (y esto a la vez lo transforma en un anti-post-cyberpunk, un movimiento reaccionario que enaltece el statu quo de la clase media alta).

Como siempre, en las novelas de James, habrá quien se pregunte si esto es CF. En este caso, a diferencia de Crash, no hay tecnología de por medio. Sin embargo, James explora con todo detalle la transformación de la gente al vivir en los grandes edificios, y esa transformación social, y la especulación que la rodea es suficiente para mi, como para que sea CF, es más es esa CF que ya esta "aquí con nosotros".

De las tres novelas que he leído de el, esta es la que más me ha gustado, aunque sin duda, no es tan chocante--literalmente xD--como Crash, o tan onírica como Compañía de sueños...

Por ahora, no tengo más reseñas de James, tengo un par de novelas, pero las comenzaría a leer ahora, y pues tengo otro pocotón ya empezadas, así que pasaran unos meses antes de que regrese a este excelente novelista.

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viernes, 24 de abril de 2009

J. G. BALLARD (1973) - Crash

Esta reseña inicia una serie de posts en homenaje a James Ballard, sobre algunas de las novelas de este autor que leí recientemente. No es una revisión exhaustiva de su obra, solo un ápice de las cositas que he podido leer de el. :).

A inicios de los 70s, en plena ebullición del New wave, J. G. Ballard se quejaba de que la CF se había transformado más en una especie de "historia del futuro", y escribió Crash, una novela que es, simplemente, diferente a todas las demás.

James Ballard (el protagonista de la novela) estrella su auto contra otro, matando al conductor del otro vehículo. En su recuperación, conoce a un extraño personaje, Vaughan que esta obsesionado con los accidentes, en los que ve como una metáfora sexual. James, pronto comienza a compartir con Vaughan esa misma obsesión.

Esta novela tiene algo genial: la unión del sexo con el objeto tecnológico, en este caso, los autos. Las relaciones sexuales y los accidentes sexuales pronto se transforman en una misma cosa, lo que degenera en una obsesión mórbida por la sangre y la muerte de estos accidentes. Esto a su vez, forma el punto álgido de la novela: es terriblemente repetitiva, y cuando comienzan las escenas de los accidentes y sexo, pues es otra vez lo mismo. En eso, pues quizá Ballard (el autor) tenga razón, es una novela "pornográfica", y como el tal, las escenas de sexo, pues es lo mismo una y otra vez.

Aunque con un pequeño detalle, la novela regresa una y otra vez al mismo punto, en un ciclo cada vez más demencial, y tanto James como Vaughan, es claro están cada vez más y más locos, y a cada paso se hunden más en su delirio.

Ballard (el autor) apunto directamente: la CF (o más bien tecnología ficción?) puede mostrarnos como el individuo cambia en contacto con la tecnología (en este caso, en algo tan intimo como la sexualidad), y al mismo tiempo, nos muestra sin reservas la sed de sangre que reposa en cada uno de nosotros. No es difícil pensar en un equivalente actual con internet (que es el equivalente a los autos para mi xD).

Una gran novela, eso si, es posible que se sientan aturdidos por la explicites de sus imágenes, o se aburran con la repetición (aunque es corta, a mi me parece que se pudo haber hecho un poquito más resumida y menos repetitiva). Definitivamente algo diferente!

Pd. Por si no quedo claro, para mi Crash es CF, ciertamente no convencional, pero no por ello menos CF :)



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miércoles, 5 de noviembre de 2008

HOUSE OF LEAVES (2000) - Mark Z. Danielewski

Esta es una novela que tiene de todo, tanto para querer como para odiar. La estructura, aunque no precisamente original, hace la lectura muy agradable y la idea de contar una historia de terror como si se tratara de un documento que merece investigaciones y comentarios académicos no carece totalmente de humor ni de apuntes agudos; a medida que se narra la historia de la casa y su exploración, esa misma historia se deconstruye y analiza. La creación del laberinto es lo más fascinante, y la intercalación de textos de otra clase, ya sean los comentarios, las notas al pie o las glosas de Johnny Truant, crean la expectativa suficiente para que uno se sienta ansioso por llegar de nuevo al siguiente fragmento que habla de la casa.

Notas

(1) Zampanó, un viejo solo y ciego, ha escrito, o más bien dictado, un libro titulado The Navidson Record, su aporte a una bibliografía extensa sobre un documental con el mismo título filmado por un antiguo reportero gráfico que, harto de la guerra, quiere hacer una película sobre la vida de su familia (él, su esposa, dos hijos pequeños, un perro y un gato, y más tarde un hermano y un amigo), para lo cual llena su casa nueva de cámaras y termina filmando lo que pasa en sus vidas cuando en una pared de la sala que debería dar al exterior aparece un corredor oscuro que se interna de manera imposible hasta convertirse en un laberinto aparentemente infinito que, además, cambia de forma y dimensiones. El documental ha causado toda clase de conmoción, sobre todo por las posibilidades que da para discutir los límites entre realidad y ficción y entre la representación y la cosa representada.

(2) Johnny Truant, aprendiz de tatuador, glosa y edita el libro de Zampanó a medida que lo lee. A través de notas al pie nos narra su búsqueda de información que le permita entender lo que lee, sus entrevistas con las personas que le leían al viejo y que recibían sus dictados, su amor por una stripper que tiene un tatuaje de Tambor, el conejo de Bambi, sus recorridos por bares y drogas con su mejor amigo y, a medida que se obsesiona con el libro, su agorafobia y el inicio de su paranoia cuando comienza a presentir a una criatura, o algo, que lo acecha desde las sombras, siempre agazapada y a punto de saltar sobre él.

(3) La novela, una mezcla de géneros e incluso medios, que pasan por el terror, la historia de amor, la novela de viajes, el diario, el ensayo, la crítica, etc. en el primer caso, y por la literatura, la poesía, el cine, la fotografía, el diseño gráfico, etc. bis en el segundo, es un ejemplo de esos libros que confunden buenas intenciones con ambición y terminan aplastados bajo el peso de demasiada información. Por desgracia, hablar de demasiada información hoy ya no es una condena sino algo condenable, una oportunidad que se aprovecha para ver pajas en otros ojos: quién no quisiera enfrentarse a una novela como ésta, donde hay mucho de donde cortar. Algo llevado al extremo en este caso en que hasta los errores tipográficos se han vuelto objeto de interpretación, diríamos que con el patrocinio del propio autor, quien no tiene reparo en declarar que en su novela “no hay errores”. Nos gustan todos nuestros signitos plenos de significados.

(4) Precisamente porque hay mucho que cortar es que la novela de Danielewski no llega a funcionar. Sobran muchos experimentos, muchas ocurrencias caprichosas, mucha información de fondo que, aunque contribuye al desarrollo de los personajes, por excesiva termina siendo superflua. En algunos momentos el autor es consciente de ello (como cuando Zampanó, que no sabe nada de fotografía y tiene que hablar sobre el tema, se limita a llenar páginas y páginas con nombres de fotógrafos famosos, incluso repitiendo algunos y sin detenerse a pensar en qué tan pertinente es nombrarlos), pero en otros, como los poemas de juventud, tanto de Zampanó como de Johnny, a pesar de incluir algunas piezas hermosas, parece más bien obnubilado.

(5) Es como leer una muy buena historia de terror sobrenatural acompañada de demasiada, demasiada información adicional, muchas veces bien escrita e incluso interesante, pero no siempre pertinente. Uno de esos libros que, se dice, le gustan a la crítica porque "la mantiene ocupada".

viernes, 8 de agosto de 2008

MICHAEL CHABON (2007) – El sindicato de policía Yiddish

Creo que El sindicato de policía Yiddish de Michael Chabon esta sera una de las pocas veces que podre hablar, porque la he leído, de una novela nominada a uno de los premios grandes de la CF & F.

Meyer Landsman ha sido un policía muy exitoso, pero que desde que se divorcio de su mujer, un par de años atrás, vive en un hotel de medio pelo dedicado al alcohol. En una noche de borrachera, le informan que uno de los inquilinos del hotel ha sido asesinado. La acción y el desarrollo es el de una novela negra, y esta sería otra más de esa lista, de no ser porque el asesinato ocurrió en Sitka, el distrito judío de Alaska que fue cedido de forma temporal cuando fracaso la creación de un estado judío en tierra santa...

El ambiente creado por Chabon para su distrito judío, es excelente, uno en efecto llega a creer que en realidad hay un distrito judío en Alaska, con sus propios mafiosos, sus problemas fronterizos con las reservaciones indias, y sus inmigrantes rusos y filipinos, y sus pequeños detalles de la historia alternativa desde la segunda guerra, que suelta aquí y allí. Ese es el punto que hace fuerte a la novela. Aunque como autor mainstream, Chabon no logra sacarle todo el jugo que podría.

Otro punto bueno de la novela son los personajes, muy bien elaborados, y cada uno con sus detalles particulares, diálogos y actitudes realistas. Su desarrollo es bien adecuado, aunque al final, en la solución de todo uno de los personajes hace algo que pues no me parece que hubiera quedado insinuado a lo largo de la novela.

En cuanto a la narrativa, pues es la actual narrativa gringa, fría y plana, de frases cortas, que hace que uno pueda leer y leer paginas sin cansarse, pero que a la vez uno siente muy mecánica (así es, la misma escuela de Stephen King, o Neal Stephenson en Criptonomicón, el punto bueno, es que Chabon es bien económico). El punto de vista esta obsesivamente pegado a Ladsman, lo que contribuye a esa sensación de automata.

Aunque la novela es buena, la historia es como tan natural que uno siente que le falta integrar más la especulación del setting. Es una historia alternativa que salvo algunos detalles a terminado en una sociedad prácticamente idéntica a la nuestra, por lo que se pierde mucho de la gracia de la elaboración, y a veces uno puede pensar que si cambia Sitka por Nueva York, tendría exactamente la misma historia. En ese aspecto, aunque Sitka rivaliza con el puente de William Gibson en Luz virtual, en su elaboración y estructura, la especulación de Gibson, es ordenes de magnitud superior (aunque eventualmente, pueda considerar a los polis Yiddish como una mejor novela).

La novela ya gano el Nebula y el Locus, y por lo que he visto es la gran favorita para el Hugo. Como no he leído otro nominado no se si sea la mejor del año, lo que si espero es que Chabon continúe en la ficción especulativa, y ojala más cerca de la CF & F.

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viernes, 15 de febrero de 2008

KURT VONNEGUT – Sus tres novelas nominadas al Hugo

A principios del 2007 murió Kurt Vonnegut, en blogs, entrevistas y cosas así encontré que era uno de los autores más queridos de la CF en el publico en general (incluso encontré un obituario en una pagina de estadísticas de béisbol!), así que en mi homenaje personal a el decidí leerme sus cosas de CF, leí sus tres novelas nominas al Hugo..

Las sirenas de Titán (1959). El multimillonario Niles Rumfoord en un viaje al espacio se volvió parte del 'infundibulo cronosiclatico' y ahora aparece por un tiempo en su casa. Rumfoord puede ver el pasado, presente y futuro (de hecho, en realidad es una entidad ominipresente). Un día invita a un multi-millonario, Malachi Constant a su casa para darle una predicción: Malachi y la esposa de Rumfoord, Beatrice, van a tener un hijo, y van a vivir en Titán, la luna de saturno. Ni Malachi, ni Beatrice creen la predicción, pues se odian desde el momento en que se vieron. Entonces un día Malachi pierde toda sus riquezas... Entre tanto, usando soldados controlados mediante implantes, una misteriosa colonia de marte, poblada por humanos raptados en naves espaciales, se prepara para atacar a la tierra, y a Unk uno de los soldados de marte, le esperan un montón de misteriosas aventuras.

La historia de la novela es bastante simple, la trama es bien lineal, y aunque prácticamente la historia es descubierta desde el inicio, el trasfondo de esta es sorprendente. En todo momento es palpable que todo estaba predestinado, que no había elección posible--entre otras cosas, porque todo se elabora para que el destino se cumpla a cabalidad.

Cuna de gato (1963). Jonás es un periodista desea escribir un libro sobre un extraño científico, Felix Hoenikker, importante miembro del equipo que desarrollo la bomba atómica. Así entra en contacto con los hijos de Felix. Mucho después, Jonás ha abandonado la idea del libro sobre Hoenikker y viaja a la pequeña isla caribeña de San Lorenzo, donde se encuentra con los hijos de Hoenikker, conoce a Mona la hija adoptiva del dictador local, 'papa' Monzano. Monzano muere y Jonás es elegido como su sucesor. Todo eso enmarcado dentro de una misteriosa religión ideada por un tal Bokonon.

Bueno, aunque no parezca si es SF ;). A diferencia de Las sirenas... la historia aquí se va descubriendo poco a poco a medida que va sucediendo. Y al igual que Las sirenas... la historia es simple y directa, con alguno que otro desvió para detallar la historia de Bokonon, San Lorenzo o de algún personaje.

Matadero cinco (1969), también nominada al Nebula. La trama principal es como en 1945 Billy Pilgrim fue llevado al frente de la segunda guerra mundial, es capturado por los alemanes y conducido a Dresde, donde sera testigo del bombardeo que los aliados hicieron sobre la ciudad. Entre tanto, pasamos por los más diversos momentos de la vida de Billy, pues el tiene la increíble capacidad de saltar en el tiempo a diversos momentos de su vida. Así de forma fragmentaria nos enteramos de detalles de su boda, sus hijos, y como fue raptado por los extraterrestres de Tralfamadore.

Para mi es la mejor de las tres. Es una novela por completo anti-guerra, con un personaje que es ingenuo y simplemente ve pasar el mundo ante sí, la narrativa es muy sencilla, muy acorde con lo que es Billy. Pero la construcción del libro es muy inteligente y encerrada en su simplicidad el mensaje contra la guerra esta presente en todo momento.

En las tres novelas hay una critica a el estado y los gobiernos, pero los temas fuertes--me parece a mi ;)--son la religión, el Las sirenas... y Cuna de gato, y la guerra en Matadero cinco, todas con una burla directa y muy inteligente, así como son una eficaz forma de preguntarnos, que tan libres somos de decidir? Vonnegut es muy escéptico a que podamos decidir nuestro destino, pero en cambio, si podemos escoger nuestra felicidad.
Muy adecuado homenaje a Vonnegut publicado en LOL cats.

La carga de humor negro, y la multitud de extrañas e imposibles aventuras, los personajes completamente fuera de sí, proporcionan un total ambiente de irrealidad, de imposibilidad, en las dos primeras novelas, que contrasta con el realismo descarnado de la tercera. Lo más interesante es ver como Vonnegut usando las mismas estrategias consigue dos resultados completamente diferentes. El estilo de Vonnegut, con su enorme humor negro y su gran contenido contenido critico,así como su fascinación por contar las historias en series de pequeñas viñetas es algo completamente fuera de los estándares de la ciencia ficción (al menos, de la que he leído).

Supongo que se pueden escribir una multitud de cosas sobre estas novelas de Vonnegut, yo quiero destacar el gran manejo del humor negro, que me hizo recordar a Roger Zelazny, en ambos es bien sensible esa facilidad para generar diálogos y descripciones punzantes, agudas y muy inteligentes. Se diferencian notablemente en que en Zelazny el humor negro es un complemento de la historia y los personajes, mientras que en el caso de Vonnegut, es la historia la que es un complemento al humor negro, Vonnegut esta más inclinado a la comedia ácida y critica, en una mezcla explosiva de candidez y virulencia, y lo hace muy bien!

Pd: los escritores (y lectores?) de techno-thrillers, deberían echarle una mirada a Cuna de gato: tiene todo lo que le falta a los TT: es simple, directo, divertido, inteligente y corto. Y sospecho que Hollywood quiso realizar un Matadero cinco 'políticamente correcto', el resultado fue la insípida, ramplona y over-rated Forrest Gump :S.

Pd2: nuestro blog también tiene su homenaje a Vonnegut ;)


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